Hacia el Domingo de la Trinidad
HACIA EL DOMINGO DE LA TRINIDAD
Para Orar Cada Día
el Evangelio del Domingo Próximo
Del Lunes 9 al Domingo 15 de junio de 2014
Hacia el Domingo de la Trinidad
Orar en el Corazón del Mundo: Por lo desempleados
 Una manera de contemplar la Trinidad
Orar en la Casa: Expresar el amor de Dios
Centro de Espiritualidad Apostólica San Pablo
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Traducción y Adaptación de Vers le Dimanche
editado por Christ Source de Vie, Toulouse
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Evangelio de Jesucristo según san Juan
Capítulo 3, versículos 16-18
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya
está condenado, porque no ha creído en el nombre del
Hijo único de Dios”.
“Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único
para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga
Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al
mundo, sino para que el mundo se salve por él.
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LUN 9
MAR 10
Un corazón excesivo
En unas cuantas líneas, este evangelio nos hace entrar en
el misterio de la Trinidad que, lejos de ser una realidad
abstracta o dogmática, es antes que nada la huella del
amor al centro mismo de la vida de Dios y de la nuestra.
En primer lugar, está este exceso: “Dios amó tanto al
mundo”. No está escrito que Dios amó al mundo
(expresión catequética de mediocridad extrema) sino que
Dios amó tanto al mundo. Y ese “tanto” lo cambia todo.
Padre, ¿hacia qué exceso me conduces a mí?
Un ser único entregado
El amor vuelve único ante los ojos de aquel que ama todo aquello
y sobre todo a toda persona a la que se ama. Eres tú, soy yo, tú
eres todo para mí. En Dios, este lazo único que se teje entre un
Padre y su Hijo no se encierra sobre sí mismo. Muy por el
contrario, se abre entregándose a todos, dando acceso a todos a
este lazo único. Lejos de cualquier deseo de posesión, o voluntad
de retener para sí al ser más valioso de toda la eternidad, el Padre
nos da a su Hijo único. Lo da como si todos fuéramos, a imagen de
su Hijo, únicos ante sus ojos. ¿Hay algo más único que aquel que
podría ser entregado a todos? Hijo, eres entregado a mí. Haz de
nosotros personas verdaderamente únicas.
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MIÉ 11
Una vida sin fin
5
JUE 12
Es un asunto de confianza. Si creemos en un Padre que
ama tanto, en un Hijo único que es entregado, entonces
entramos en su familia viviendo del mismo espíritu que
los anima. Un Espíritu Santo cuya santidad procura una
vida eterna que ya nada puede detener, ni siquiera la
muerte. El apóstol Bernabé, a quien festejamos hoy, entró
en esta vida sin fin. También se me promete a mí por el
camino de la confianza. Espíritu, vuelve a dar soplo a mi
fe para que la muerte no me separe de ti.
6
Un Padre activo
Las imágenes son duras de ver. Viejo de barbas y cabello largo, o
incluso simple triángulo que domina los cielos (¡qué visión de la
Trinidad!) o, más sencillamente todavía, una mano que sale de las
nubes. Las representaciones del “Padre nuestro, que estás en el
cielo” tienen dificultad para poner en imágenes lo que nadie nunca
ha visto. En el Evangelio, el Padre es, antes que nada, aquel que
envía. Su amor no lo hace inactivo. Muy por el contrario, parece que
en sus acciones se expresa su amor, como en el hecho de enviarnos
y compartirnos lo mejor que tiene. Padre, no permanezcas
encerrado en los cielos, sino que continúa siendo activo en nuestro
mundo. Envíame para actuar a imagen tuya.
7
VIE 13
SÁB 14
Un Hijo salvador
En la serie de imágenes que son duras de ver, las de un
Señor que condena, envía al infierno y pronuncia una
sentencia implacable sin duda se llevarían la palma de
oro. ¿Cómo fue que el miedo le ganó al amor en nuestra
relación con el Señor? Sin embargo, el Evangelio es de
una nitidez… bíblica: Jesús no es enviado para juzgar al
mundo sino para salvarlo. ¿Acaso no es además lo que
significa su nombre: Dios salva? Hijo, voy hacia ti sin
ningún temor y en plena confianza. En tu amor,
¡sálvame!
Un Espíritu liberador
Escapar al Juicio es lo que se promete a quienes
entregan su confianza a un Padre que trata de salvar al
mundo a través de todas sus acciones, y a un Hijo cuya
misión consiste precisamente en ser aquel a través de
quien llega la salvación. Una confianza como esta, esta
otra palabra para la fe, hace vivir del Espíritu que nos
hace libres. Libres de reconocer lo que impide el amor
pero, sobre todo, libres de elegir amar por encima de
todo. Espíritu, ven. Libérame.
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8
DOM 15
Como llevados por un movimiento
Al ir este domingo a nuestra parroquia, démonos cuenta de que
entramos ya en el dinamismo de la Trinidad. Pues ¿qué nos impulsa
a ir a misa si no la huella de un gran amor, de un don inimaginable y
de un gozo duradero que no conoce fin? La misa es la acción de Dios
entre nosotros: la muerte y la resurrección de su Hijo nos salvan al
darnos la posibilidad de cambiar nuestras acciones, nuestras
palabras y pensamientos. El Espíritu es quien realiza en nosotros esta
liberación para que nos volvamos cada vez más aquello que
recibimos: el cuerpo de Cristo. De regreso a la casa, dejémonos
llevar como por un vals de tres tiempos: un, dos, tres… un, dos,
tres… El ritmo de nuestra vida es trinitario. Es a imagen de Dios.
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Orar en el Corazón del Mundo
con el Papa Francisco
Oremos: para que los desempleados
obtengan el apoyo y el trabajo que
necesitan para vivir con dignidad.
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Una manera de
contemplar la
Trinidad
ORAR EN LA CASA
San Ignacio habla con frecuencia de la Trinidad en su
diario espiritual. Cuando reflexiona sobre la pobreza que
deben vivir los sacerdotes en su misión, recibe esta
inteligencia: “como el Hijo primero envió en pobreza a
predicar a sus apóstoles, y después el Espíritu Santo,
dando su espíritu y lenguas los confirmó, y así el Padre y el
Hijo, enviando el Espíritu Santo, todas tres personas
confirmaron la tal misión”
Domingo de la Trinidad, podríamos llamarlo “domingo del
amor de Dios”. Ciertamente este misterio nos rebasa pero
lo que está a nuestro alcance es amar. Esta semana
volvamos a visitar “a quienes amamos y a quienes no
amamos lo suficiente”. ¿Sabemos hablarles de amor?
Tenemos que confesar que no todos los días es este el
caso.
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ORAR EN LA CASA
Entonces, para entrenarnos hasta el domingo e incluso
un poco más, podemos elegir una hermosa canción, una
que nos guste particularmente y que, por supuesto, nos
ejercitará en el amor. La tarareamos a lo largo de toda la
semana y, por qué no, la cantamos con otros. El
repertorio es abundante. Entonces, buena ocasión para
elegir cómo expresar nuestro amor en este momento.
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“Dios amó tanto al
mundo”
San Juan 3, 16
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Qué extraordinaria afirmación. Dios no amó un poco al
mundo, ni de dientes para afuera, ni bajo ciertas
condiciones. No. Dios amó tanto al mundo. Y ese “tanto”
nos habla de la intensidad de su amor. Nosotros
también, ponemos nuestro corazón y todas nuestras
fuerzas cuando decimos a alguien que nos abandona “te
amo tanto…” o “te amé tanto”. Pero la intensidad del
amor de Dios es todavía más fuerte.
Este domingo, estamos invitados a descubrir que Dios
ama tanto al mundo – entonces a nosotros y nuestras
obras – que nos envía a su Hijo para que creamos en él y
seamos salvados. ¡Nada más que eso! Por casualidad, en
este domingo de la Trinidad, ¿no estaríamos convocados
a entrar en esta intensa circulación de amor, hasta
dejarnos impregnar por ella?
Dios amó tanto al mundo… Contemplemos este
acontecimiento increíble y conservemos en el corazón
por mucho tiempo el deslumbramiento de esta
afirmación.
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