La ley de la cosecha
Así que no debemos cansarnos de hacer bien;
porque si no nos desanimamos, a su debido tiempo
cosecharemos.
Gálatas 6:7-10
No os engañéis; Dios no puede ser burlado, pues todo
lo que el hombre siembre, eso también segará, 8
porque el que siembra para su carne, de la carne
segará corrupción; pero el que siembra para el
Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. 9 No nos
cansemos, pues, de hacer bien, porque a su tiempo
segaremos, si no desmayamos. 10 Así que, según
tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y
especialmente a los de la familia de la fe.
El reino de Dios y la Ley de la
cosecha
Dios ha dicho que podemos entender su reino y su obra por medio de los principios
de la ley de la cosecha, que es: segaremos lo que sembramos.
La ley de la cosecha es una ley de la naturaleza que Dios ha creado: Mientras la
tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el
invierno, el día y la noche. (Génesis 8:22)
La ley de la cosecha es una ley que también se aplica a la obra de Dios: Porque
como la tierra produce su renuevo, y como el huerto hace brotar su semilla, así Jehová, el
Señor, hará brotar justicia y alabanza delante de todas las naciones. (Is. 61:11) El reino
de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo... (Mateo
13ff) Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. (1ª Cor. 3:6)
La ley de la cosecha es una ley que se aplica a la vida de los seres humanos: Todo
lo que el hombre siembre, eso también segará, porque el que siembra para su carne, de
la carne segará corrupción; pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará
vida eterna. (Gálatas 6:7-8)
¿Y cuáles son las semillas que
podemos sembrar?
Semillas de una vida entregada y comprometida
De cierto, de cierto os digo que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo, pero
si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que odia su vida en este mundo,
para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo esté, allí también estará mi
servidor. Si alguno me sirve, mi Padre lo honrará. (Juan 12: 24-26)
Una semilla de trigo se compone de dos elementos: cáscara y semilla. Cuando es sembrada,
para que germine y produzca fruto, tiene que perder su cáscara, y luego la semilla tiene que
morir. La comparación simbólica es: la cáscara es como nuestra carne o nuestro viejo hombre,
y la semilla es como nuestro espíritu. De no morir la carne, el espíritu no puede de ninguna
manera producir fruto. Pablo: “Cada día muero.” (1ª Cor. 15:31)
Sembrar semillas de fe entregando tu vida al Señor y a su servicio. Lo que Dios quiere
debe subir al primer lugar en tu vida. Un test: ante cualquier pregunta, duda, problema, etc.,
¿con quién consultas primero? El número uno y el más influyente debería ser Dios.
Sembrando una vida de fidelidad al Señor y los principios de Su Reino: Segaremos frutos
de santificación. Pero ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis
por vuestro fruto la santificación y, como fin, la vida eterna. (Romanos 6:22)
¿Te sientes frustrado o desanimado con esta tarea? ¿No ves el fruto que te gustaría ver? Es
demasiado temprano para darte por vencido.
Así que no debemos cansarnos de hacer el bien; porque si no nos desanimamos, a su debido
tiempo cosecharemos.
Semillas de la inversión sabia de todas Tus
posesiones
Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que
siembra generosamente, generosamente también segará. 7 Cada uno dé como propuso
en su corazón: no con tristeza ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre. 8 Y
poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo
siempre en todas las cosas todo lo necesario, abundéis para toda buena obra. (2ª
Corintios 9:6)
Sembrar semillas en el reino generosamente invirtiendo de todo lo que posees: tu dinero,
tu tiempo, tus talentos, y todas las cosas “en tu posesión.”
Recuerda este principio: es una cosa si siembras de lo que te sobra; es otra cosa si
siembras de manera sacrificial: David dijo, “yo no ofreceré nada al Señor que no me cueste
nada.” (2º Sam. 24:24) Dios se ofreció un sacrificio para ti. ¿Qué sacrificio le ofreces tú?
La pobre viuda que dio dos monedas: dio menos cantidad que los demás, pero en
porcentaje, dio más que todos los demás, porque no tenía más.
¿Te sientes frustrado o desanimado con esta tarea? ¿No ves el fruto que te gustaría ver?
Es demasiado temprano para darte por vencido.
Así que no debemos cansarnos de hacer el bien; porque si no nos desanimamos, a su debido
tiempo cosecharemos.
Semillas de amor, aceptación, y testimonio en
las vidas de las demás personas
¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad
vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. (Juan 4:35)
El Señor Jesús les enseñó a sus discípulos que su misión más grande en la vida era la de invertir
en las vidas de las demás personas que no le conocían, compartiendo el evangelio con ellos: la
Gran Comisión.
La historia de Dios se trata de la redención de personas de todas las naciones, pueblos, y
lenguas. ¿De qué se trata TU historia? Después de esto miré, y vi una gran multitud, la cual nadie
podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas. Estaban delante del trono y en la
presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas y con palmas en sus manos. (Apoc. 7:9) Id por
todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. (Marcos 16:15)
Sembrando semillas del evangelio en las vidas de las personas que no conocen a Cristo:
segaremos a personas que seguirán a Cristo (la semilla sembrada en sus corazones dará fruto
de vida nueva o conversión en la vida de algunas personas)
¿Te sientes frustrado o desanimado con esta tarea? ¿No ves el fruto que te gustaría ver?
Es demasiado temprano para darte por vencido.
Así que no debemos cansarnos de hacer el bien; porque si no nos desanimamos, a su debido
tiempo cosecharemos.
¡Ánimo!
La ley de la cosecha
Así que no debemos cansarnos de hacer bien;
porque si no nos desanimamos, a su debido tiempo cosecharemos.
¡Es demasiado temprano para darte por vencido!
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