Lectio Divina
A la escucha y meditación de la
Palabra de Dios desde
la
Tradición y Magisterio
V Domingo Ordinario
Parroquia
Santa María Magdalena
Yacuanquer
A la escucha y meditación de la
Palabra de Dios desde
la
Tradición y Magisterio
La Palabra debe ser esperada y
escuchada
Con buena disposición interior
Oración al Espíritu Santo
Con Corazón limpio y humildad
ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
(San Agustín)
Espíritu Santo, inspíranos, para
que pensemos santamente.
Espíritu Santo, incítanos,
para que obremos santamente.
Espíritu Santo, atráenos,
para que amemos las cosas santas.
Espíritu Santo, fortalécenos, para que
defendamos las cosas santas.
Espíritu Santo, ayúdanos, para que no
perdamos nunca las cosas santas.
A la escucha y meditación de
la Palabra de Dios desde la
Tradición y Magisterio
Leer bien y sin prisa
Hay que leer dos o tres veces
Aprende a conocer el Corazón
de Dios en sus Palabras
Leer bien, es escuchar bien
Lectura del Santo Evangelio según Mateo 5, 13-16
«"Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal
se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no
sirve para nada más que para ser tirada
afuera y pisoteada por los hombres.
"Vosotros sois la luz del mundo. No puede
ocultarse una ciudad situada en la cima de un
monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y
la ponen debajo del celemín, sino sobre el
candelero, para que alumbre a todos los que
están en la casa.
A la escucha y meditación
de la Palabra de Dios desde
la Tradición y Magisterio
Brille así vuestra luz delante de los hombres,
para que vean vuestras buenas obras y
glorifiquen a vuestro Padre que está en los
cielos.»
Composición general del
Evangelio de San Mateo

1,1- 4,16:
Presentación de Jesús.

4,17-16,20:
Misión de Jesús.

16,21-28,20:
Pasión, muerte y
resurrección de Jesús.
Lectura del Santo Evangelio según Mateo 5, 13-16
«"Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal
se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no
sirve para nada más que para ser tirada
afuera y pisoteada por los hombres.
"Vosotros sois la luz del mundo. No puede
ocultarse una ciudad situada en la cima de un
monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y
la ponen debajo del celemín, sino sobre el
candelero, para que alumbre a todos los que
están en la casa.
A la escucha y meditación
de la Palabra de Dios desde
la Tradición y Magisterio
Brille así vuestra luz delante de los hombres,
para que vean vuestras buenas obras y
glorifiquen a vuestro Padre que está en los
cielos.»
Después de la presentación del
estilo de vida de Jesús en las
bienaventuranzas, el Maestro
nos presenta dos ejemplos para
decirnos como debemos ser
discípulos del Reino en el
mundo.
Los dos ejemplos son tomados
de la vida diaria y los presenta
porque son muy importantes
para la época y para todos los
tiempos: Nosotros debemos ser
sal y luz del mundo!.
Por qué Jesús escogió estos
dos elementos de la vida diaria?,
Primero, porque en su época
eran elementos indispensables
para el diario vivir.
Segundo, porque su valor era
muy alto y los hacía por tal
motivo
necesarios
e
indispensables, pero se debían
esforzar mucho las personas de
su época para conseguirlos.
Comencemos con la sal, en la
Galilea del primer siglo era un
elemento básico de la canasta
familiar, costoso y fácilmente se
podía dañar, por eso, se la
protegía para que se mantenga
en su estado salobre necesario.
Jesús presenta este elemento
como básico para representar la
misión del anunciante del Reino
de Dios.
Jesús sabía que la sal tiene un gran
sentido social porque ella al ponerse
en contacto con los alimentos los
impregna de su sabor, de esa
manera debe ser la actividad del
creyente, debemos ponernos en
contacto con lo demás para
impregnar en ellos los valores del
Reino que hemos aprendido cada
domingo.
Y si no lo hacemos corremos el
riesgo de perder nuestro propio
sentido y quedaríamos como la sal
cuando no sirve.
Además, la sal es un excelente
conservante, nuestra misión no solo es
impregnar en los demás el sabor de
Cristo,
también
debemos
hacer
esfuerzos permanentes para mantener
por siempre en los demás dicha
presencia de Jesús.
A la escucha y meditación
de la Palabra de Dios desde
la Tradición y Magisterio
Para finalizar con las características de
la “sal del mundo”, san Pablo en los
Colosenses 4,6, le da un valor de
sabiduría pues habla que nuestro modo
de hablar debe ser con sentido, con
sabor de Dios, es decir con suficiente
sabiduría para que muchos crean y
amen a Cristo.
El segundo elemento es la luz. Tener
en nuestro tiempo una lámpara y luz
es
muy
normal
y
hasta
económicamente
y
socialmente
aparentemente llega a todas las
personas, pero en la época de Jesús
la situación exigía dinero y cuidar de
encender la lámpara de aceite lo
estrictamente necesario.
A la escucha y meditación
de la Palabra de Dios desde
la Tradición y Magisterio
El Maestro conoce el valor de la luz,
especialmente en esas aéreas de
muchas tiniebla, por eso, nos pide
que seamos luz para ser puestos en
lo más alto para que irradiemos la luz
a los demás.
El final del texto nos precisa que
la luz que debemos irradiar viene
de nuestras buenas obras que
son el reflejo de la gloria de Dios
en medio de nosotros.
A la escucha y meditación
de la Palabra de Dios desde
la Tradición y Magisterio
Que este domingo sea la
oportunidad para identificar las
acciones que demuestran que
somos capaces de dar el buen
sabor de Dios y las buenas obras
que son luz para glorificar a Dios
en medio de los demás.
DESCUBRIR LOS “AFECTOS” QUE
LA PALABRA VA GENERANDO EN
MI CORAZÓN:
Alegría, compromiso,
interrogantes, nuevas posibilidades
Lo dicho, lo narrado por la Palabra tiene,
ahora, que ser leído con el corazón
Meditemos la Palabra con el Papa
«"Vosotros sois la luz del mundo....". Para
todos aquellos que al principio escucharon a
Jesús, al igual que para nosotros, el símbolo
de la luz evoca el deseo de verdad y la sed de
llegar a la plenitud del conocimiento que están
impresos en lo más íntimo de cada ser
humano.
Cuando la luz va menguando o desaparece
completamente, ya no se consigue distinguir la
realidad que nos rodea. En el corazón de la
noche podemos sentir temor e inseguridad,
esperando sólo con impaciencia la llegada de
la luz de la aurora. Queridos jóvenes, ¡a
vosotros os corresponde ser los centinelas de
la mañana (Is 21, 11-12) que anuncian la
llegada del sol que es Cristo resucitado!
La luz de la cual Jesús nos habla en el
Evangelio es la de la fe, don gratuito de
Dios, que viene a iluminar el corazón y a
dar claridad a la inteligencia: "Pues el
mismo Dios que dijo: ‘De las tinieblas brille
la luz’, ha hecho brillar la luz en nuestros
corazones, para irradiar el conocimiento de
la gloria de Dios que está en la faz de
Cristo" (2 Co 4, 6).
Por eso adquieren un relieve especial las
palabras de Jesús cuando explica su
identidad y su misión: "Yo soy la luz del
mundo; el que me siga no caminará en la
oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida"
(Jn 8, 12)».
Juan Pablo II. Mensaje XVII J. M. J. 25 de julio de 2001.
Da gracias, intercede por los hermanos,
por las situaciones que el texto te haya
traído a la memoria.
Da curso libre a tus capacidades
creativas de sensibilidad en la oración.
Lo dicho, lo narrado por la Palabra tiene,
ahora, que ser hablado con el corazón
A la escucha y meditación
de la Palabra de Dios desde
la Tradición y Magisterio
Dios Padre y Madre universal, que
en Jesús nos has invitado a
compartir la Buena Nueva que Él
nos trajo; haz que los cristianos
hagamos valer socialmente los
valores de amor y servicio del
Evangelio, para que a nuestros
hermanos les sea más fácil
reconocer la presencia que ya tú
tienes en todos ellos y así seamos
efectivamente “sal y luz de la tierra”.
Nosotros te lo pedimos con la
mirada puesta en Jesús, hijo tuyo y
hermano nuestro Amén.
Ponte en medio de la comunidad y deja
que rebose de tu interior la paz y la
bendición que has recibido.
Actúa con ellos para volver a
reencarnar en la historia a
Jesucristo, la Palabra hecha carne.
Lo dicho, lo narrado por la Palabra tiene,
ahora, que ser practicado en la vida
Mi compromiso en esta semana será:
1. En esta semana estaré en contacto, (a ejemplo de la
sal), con todos mis amigos (as) y familiares para
llevarles desde mi modo de ser la presencia de
Jesús.
2. Seré luz de Cristo, en mis acciones de justicia, de
amor al prójimo y en especial en el deseo de
transmitir a los demás la verdadera alegría en el
Señor Jesús.
3.
(Desde el Evangelio de San Mateo 5,13-16)
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