Año de la Fe:
Del 11 octubre 2012
al 24 noviembre 2013
Redescubrir la
alegría de creer
Catequesis del Papa Francisco
Audiencia General miércoles 26 de junio de 2013
La Iglesia como templo
Hoy me gustaría hacer una
breve referencia a una
imagen que nos ayuda a
ilustrar el misterio de la
Iglesia: la del templo.
En Jerusalén, el gran templo
de Salomón era el lugar del
encuentro con Dios en la
oración; en el interior del
Templo estaba el Arca de la
Alianza, signo de la presencia
de Dios entre la gente.
El templo recuerda esta
historia: también nosotros,
cuando vamos al templo,
debemos recordar esta
historia, la historia de cada
uno de nosotros, el modo en
que Jesús me encontró, cómo
Jesús anduvo conmigo, cómo
Jesús me ama y me bendice.
La Iglesia es la "casa de Dios",
el lugar de su presencia,
donde podemos encontrar al
Señor.
La Iglesia es el templo en el
que habita el Espíritu Santo
que la anima, la guía y la
sostiene.
Si nos preguntamos: ¿dónde
podemos encontrar a Dios?
La respuesta es: en el pueblo
de Dios, en medio de
nosotros, que somos la
Iglesia. Aquí encontraremos a
Jesús, al Espíritu Santo y al
Padre.
El antiguo Templo fue
construido por manos de
hombres: se quería “dar una
casa" a Dios, para tener un
signo visible de su presencia
en medio del pueblo.
Con la encarnación del Hijo
de Dios es el mismo Dios
quien "construye su casa"
para venir a habitar en
medio de nosotros.
Cristo es el Templo viviente
del Padre.
Somos las piedras vivas de
Dios, profundamente unidos
a Cristo, quien es la roca de
apoyo, y también un apoyo
entre nosotros.
El templo somos nosotros,
somos la Iglesia viva, el
templo vivo, y cuando
estamos juntos, entre
nosotros está también el
Espíritu Santo, que nos
ayuda a crecer como Iglesia.
La Iglesia no es una mezcla de
cosas e intereses, sino que es el
templo del Espíritu Santo, el
templo por medio del cual Dios
obra, el templo en el que cada
uno de nosotros, con el don del
bautismo, es una piedra viva.
¡Todos somos necesarios para
construir este templo!
Nadie es secundario. Ninguno es
el más importante en la Iglesia,
todos somos iguales ante los
ojos de Dios.
Si faltara el ladrillo de nuestra
vida cristiana, le falta algo a la
belleza de la Iglesia. Algunas
personas dicen: ‘No tengo
nada que ver con la Iglesia’,
por lo que cae el ladrillo de
una vida en este hermoso
templo. Nadie puede irse,
todos tenemos que ofrecerle a
la Iglesia nuestra vida, nuestro
corazón, nuestro amor,
nuestro pensamiento y
nuestro trabajo: todo junto.
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