Las obras y actitudes de Jesús
nos hacen conocer que Dios es vida.
Que nuestras obras y actitudes
hagan saber a las personas
que creer en Jesús es no tener miedo
y que es necesario seguir caminando,
con alegría y esperanza,
hacia la promesa de libertad,
plenitud y vida.
Gustavo Gutiérrez
Texto: Juan 6, 24-35 // 18 Tiempo Ordinario –BComentarios y presentación: Asun Gutiérrez Cabriada.
Música: Chopin. Serenata cello y piano.
Hasta el domingo 16 del Tiempo Ordinario –B-, íbamos haciendo la lectura
continuada de Marcos. La interrumpimos, para leer el capítulo sexto de Juan
prácticamente entero, hasta el domingo 21.
La razón es que en los tres ciclos A, B y C, se leen los tres evangelios sinópticos,
pero no se lee el evangelio según Juan. Se recurre a él en algunas ocasiones,
cuando parece que expresa mejor que los otros algún aspecto importante.
Éste es el caso.
El evangelio de Marcos llegaba a la multiplicación de los panes y los peces.
Este episodio está en Juan más desarrollado, ofrece todo un tratado teológico,
que se ha llamado “el discurso del pan de vida”
y que iremos leyendo en los próximos domingos.
Los cinco domingos en que se leerá este capítulo del cuarto evangelio
tienen una estructura que conviene tener en cuenta:
el milagro de los panes (domingo 17),
el diálogo sobre el maná del desierto (domingo 18),
qué significa "creer" en Jesús (domingo 19),
qué significa "comer" a Jesús (domingo 20)
y finalmente las reacciones de sus oyentes y de sus discípulos (domingo 21).
24Cuando
se dieron cuenta de que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, subieron a las
barcas y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús. 25Lo encontraron al otro lado y le
dijeron:
–Maestro, ¿cuándo has llegado aquí?
26Jesús les contestó:
–Os aseguro que no me buscáis por los signos que habéis visto, sino porque comisteis
pan hasta saciaros. 27Esforzaos, no por conseguir el alimento transitorio, sino el
permanente, el que da la vida eterna. Este alimento os lo dará el Hijo del hombre,
porque Dios, el Padre, lo ha acreditado con su sello.
La gente sigue buscando a Jesús.
Surge una primera reflexión y un compromiso para [email protected]:
¿qué hago yo para encontrarme con Jesús?
¿le busco? ¿por qué le busco? ¿dónde le busco?
Para encontrarle hay que ir “a otro lado”.
Cuando Jesús advierte que lo buscan por interés, les dice que hay un alimento
superior, que les conviene más, el que da “vida eterna”.
No se refiere a la “otra vida”. Es una invitación a un cambio de vida,
a una forma de vivir distinta de la existencia anterior.
28Entonces
ellos le preguntaron:
–¿Qué debemos hacer para actuar como Dios quiere?
29Jesús respondió:
–Lo que Dios espera de vosotros es que creáis en aquél que él ha
enviado.
Jesús dice que no se trata de confiar sólo en las propias fuerzas
y en las propias obras, que lo fundamental y lo se espera de [email protected] es:
creer en él.
Ser cristian@ es creer en Jesús, abandonar falsas seguridades, dejarse
transformar por Él.
La fe en Jesús no tiene nada que ver con catecismos, fórmulas, credos, ritos,
leyes morales... La fe es la adhesión personal a Jesús, a su mensaje, a su proyecto,
a su forma y estilo de vida.
La fe en Jesús es no estancarse; es avanzar, renovarse, crecer, construir,
compartir, vivir [email protected] al futuro.
“La fe es un movimiento que se adueña de la vida del ser humano
y la convierte en una marcha permanente” (Blank).
¿La fe en Jesús da sentido a todo lo que hago, a todo lo que me sucede en la vida
o sólo me “sirve” en momentos de apuro o dificultad?
30Ellos
replicaron:
–¿Qué señal puedes ofrecernos para que, al verla, te creamos?
¿Cuál es tu obra?
La señal que Jesús ofrece es que lo fundamental es una vida en la que predomine,
antes que ninguna otra cosa, la bondad, el cariño, el respeto, la solidaridad,
la compasión. Porque así la vida se llena de alegría y sentido y se intenta resolver
no sólo la injusticia del hambre material, sino muchos de los problemas que hacen
desgraciadas a las personas.
¿Qué señal ofrezco para que, al verla, las personas crean, tengan vida y se sientan
más felices? ¿Cuál es mi obra?
31Nuestros
antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio
a comer pan del cielo.
32Jesús les respondió:
–Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el pan del cielo. Es mi Padre quien os da el
verdadero pan del cielo. 33El pan de Dios viene del cielo y da la vida al mundo.
Como está hablando con personas judías hay alusiones al Antiguo Testamento.
El evangelista establece un contraste entre el ayer y el hoy.
Lo que sucedió en el desierto queda superado con Jesús.
La palabra de Jesús es siempre novedad, coherencia y valentía.
Provocativamente afirma que fue Dios y no Moisés quien les dio el pan verdadero,
corrigiendo preceptos y doctrinas de la Ley y los Profetas.
34Entonces
le dijeron:
–Señor, danos siempre de ese pan.
35Jesús les contestó:
–Yo soy el pan de vida.
El que viene a mí no volverá a tener hambre;
el que cree en mí nunca tendrá sed.
Con frecuencia no vemos ni entendemos ni sospechamos que tenemos delante
lo que realmente necesitamos y buscamos.
Las palabras y las acciones de Jesús son esperanza y luz para todas las personas
que se sientan hambrientas y sedientas en los desiertos de la vida.
Nos dice, para llenarnos de alegría y de confianza,
que Él es la Fuerza y la Fuente en nuestro camino.
Es verdaderamente justo darte gracias,
es hermoso cantar para ti, manantial de todo bien.
Tú eres el que das vida y futuro a todo lo que existe.
El pan que comemos es don del cosmos entero,
es el pan de nuestra peregrinación,
pan incompleto que tú llenarás de esperanza.
Jesús nos ha enseñado a dar el pan al hambriento
y a encender hambre de otra cosa
en aquél que está harto de pan.
Nos ha enseñado a transformar el “mío” en “nuestro”,
a no acumular tesoros ilusorios, que la carcoma devora,
tesoros siempre robados al hambre de los otros.
Día a día, dulce y tenazmente,
llama a la puerta de nuestras ansias de vivir,
líbranos de las hambres falsas, haznos personas esenciales
como tus criaturas más pequeñas y felices,
como las flores, los pájaros, el pan.
Danos, Señor, el pan, la vida y la alegría,
porque para el pan, la alegría y la vida tú nos has creado.
Y entonces, con todas las criaturas que te buscan,
que te aman y esperan sobre esta tierra,
te rogaremos con las palabras y con la fe
que Jesús nos ha enseñado. Abbá, Padre.
Ermes Ronchi
Descargar

18 Tiempo Ordinario -B-