ACERCA DE LA
TERMINACIÓN
DE LA VIDA
Hoy quiero
compartirles un par
de pensamientos
acerca de
“LA TERMINACIÓN
DE LA VIDA”.
1ª Corintios 15:21, en la
que una de las frases
dice:
“… así la muerte
pasó a todos los
hombres…”.
“… está establecido para
los hombres que mueran
una sola vez…” En vista
de esta gran verdad, yo
quiero plantearles la
siguiente …
Necesitamos
estar preparados
para morir.
¿Cómo podemos
estar preparados
para morir?
Nadie puede
hablar acerca de
este tema con
base en la propia
experiencia
Quiero compartir
dos pensamientos,
confiando en que
nos ayuden a
disipar algunas de
nuestras dudas.
A. ¿Y Qué es la
Muerte?
Se ha dicho que “la muerte
es el gran interruptor”…
También se ha dicho que
“la muerte es el gran
igualador” …
Génesis 5. “ murió…”, “y
murió…”, “y ,murió…”
Las circunstancias de la vida
pueden ser diferentes pero
el hecho es que en el
momento de la muerte
todos somos iguales.
El diccionario define muerte
como cesación permanente
e irreversible de las
funciones vitales del cuerpo.
Pablo llamó a la muerte
“… el postrer enemigo…”,
Un enemigo que “… será
destruido.”
La muerte no sólo
es real,
innegable;
también es
horrible y
abominable.
B. ¿Por qué es horrible
y abominable la
muerte?
Es horrible y abominable
porque acaba con la
belleza de la vida.
¿Han visto el cadáver de un
pajarito?
¿Han visto el cadáver de un
ser humano?
Los ‘arreglos’ que hacen a
un cadáver en una
funeraria son excelentes,
pero … la belleza de esa
vida se ha ido.
Quizás sea por eso que
algunos de nosotros
preferimos no ver los
cadáveres en su ataúd.
Deseamos recordarlos como
fueron en vida.
Pero … la muerte también
es horrible y abominable
porque a pesar de que se
repite en forma
interminable, nosotros
seguimos considerándola
como algo inaceptable,
algo antinatural.
¿Será que no nos
acostumbramos a la
muerte?
Quizás no deberíamos ver
la muerte de un humano
como algo antinatural
porque el morir es tan
natural como el nacer.
Se puede decir mucho
más acerca del tema
pero …. Dediquemos el
resto de nuestro tiempo
a considerar el segundo
de los dos pensamientos
anunciados,
Yo creo que todos los
hombres, en especial los
cristianos, debemos estar
preparados para ‘bien
morir’, si podemos hacer
tres o cuatro cosas muy
importantes. ¿Cuáles serían
esas cosas?
A. Aceptando el marco
bíblico establecido para
la terminación de nuestra
vida.
La Biblia plantea la
pregunta, “… ¿qué es
vuestra vida?” Y responde
diciendo, “Ciertamente es
neblina que se aparece por
un poco de tiempo, y luego
se desvanece.” Santiago
4:14.
Moisés reflexiona y declara,
“Los días de nuestra edad
son setenta años; y si en los
más robustos son ochenta
años, con todo, su fortaleza
es molestia y trabajo”
Por más que lo neguemos o
ignoremos, lo cierto es que
algunos de nosotros ya
estamos viviendo tiempo
extra.
B. Asegurándonos de
recibir a Cristo en nuestro
corazón como nuestro
Salvador personal.
La Biblia dice que Dios
nos amó “… aun
estando nosotros
muertos en pecados…”
Efesios 2:5.
En Juan 1:12 leemos que
“… a todos los que le
recibieron, a los que
creen en su nombre, les
dio potestad de ser
hechos hijos de Dios.”
Y en 1ª de Juan 5:12 el
apóstol nos asegura que
“El que tiene al Hijo, tiene
la vida. El que no tiene al
Hijo de Dios, no tiene la
vida.” ¿Tienes ya al Hijo de
Dios en tu corazón?
C. Aprendiendo a vivir en
forma que agrade al
Señor, para que no
tengamos nada que
lamentar al ver que se
acerca el final de nuestros
días aquí en la tierra.
Jacob dijo a sus hijos, “Yo
voy a ser reunido con mi
pueblo, sepultadme con mis
padres en la cueva que está
en el campo de Efrén el
heteo…”.
Jacob nos da un ejemplo de
alguien que reconoció la
voluntad de Dios para su
vida, y que murió en paz,
porque procuró obedecer al
Señor lo mejor que le fue
posible.
Moisés continuó su reflexión
en el Salmo 90 citado y
pidió al Señor, “Enséñanos
de tal modo a contar
nuestros días, que
traigamos al corazón
sabiduría.”
La sabiduría de Dios nos
enseñará a definir
correctamente nuestras
prioridades, poniendo en
primer lugar la obediencia
a Dios en todo.
Si alguien conoce la
voluntad de Dios para su
vida y la está cumpliendo,
no veo como no pueda
morir satisfecho de haber
empleado su tiempo y sus
recursos como Dios se lo
había indicado.
Por otra parte, si alguien conoce la
voluntad de Dios para su vida, y la
está desdeñando, no solamente
morirá triste e insatisfecho por no
haber cumplido con esa voluntad
revelada, sino que la paz, la
tranquilidad, la felicidad y la
satisfacción se escaparán de su
propia vida aquí en la tierra.
D. Aceptando en nuestra mente
y en nuestro corazón que
nuestra vida está en las manos
de Dios, y que nadie nos la
puede quitar si Dios no lo ha
decidido así. Él es quien da la
vida, y sólo Él es quien decide
cuándo ésta debe terminar. Y Él
nunca se equivoca.
E. Confirmando en
nuestra mente y en
nuestro corazón que la
muerte es tan sólo el paso
previo necesario para
entrar en posesión de
nuestra mansión en el
cielo.
Pablo escribió a los Corintios
y les dijo “… sabiendo que
entre tanto estamos en el
cuerpo (σώματι), estamos
ausentes del Señor.”
“Ars Moriendi”,
“El arte del buen
morir”.
Las últimas palabras de
Jesús en la cruz nos proveen
de otro modelo para “bien
morir”.
Él primero perdona a sus
perseguidores.
Luego toma medidas para
el cuidado de su madre.
Reconoce su condición
como la de uno que
agoniza, aceptando que su
vida física ha llegado a su
final.
Y como última instancia,
encomienda su espíritu a su
Padre celestial.
Frente a uno que agoniza,
uno quiere asegurarse,
hasta donde sea posible, de
la condición espiritual del
moribundo.
¿Estoy en este momento
frente a un moribundo?
Sin embargo, tomando en
cuenta todo lo que hemos
dicho, necesitamos
reconocer que nuestra vida
es incierta en cuanto a su
duración, que podría
terminar sin aviso previo, y
que necesitamos estar
preparados para morir.
Si ya has recibido a Cristo
en tu corazón como tu
Salvador personal, ya tienes
lo más importante. Si aun
no lo has recibido, ¿no crees
que sería una buena
decisión el recibirlo justo en
este momento?
Reconoce que eres pecador
Reconoce que si las cosas
no cambian, tu pecado te
va a llevar a una eternidad
sin Cristo
Reconoce que sólo Cristo
puede salvarte, porque Él
ya pagó el precio de tu
pecado en la cruz.
Sólo tienes que recibirlo
conciente y
voluntariamente en este
momento.
Dile al Señor que quieres
que venga y sea tu
Salvador personal. Díselo en
una breve oración.
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