Pasionistas
El Señor escucha
nuestros ruegos
A ti clamo, Señor.
Roca mía, no seas sordo a mi voz.
Que tu silencio no me deje
como los que bajan a la fosa.
Escucha mi voz suplicante
cuando te pido auxilio,
cuando alzo las manos
hacia tu santuario.
No me arrebates con los malvados,
ni con los malhechores,
que hablan de paz con el prójimo,
pero tienen la maldad en su corazón.
¡Trátalos conforme a sus obras,
según la maldad de sus acciones!
¡Dales conforme a la obra
de sus manos,
págales el salario que merecen!
No conocen las acciones del Señor,
ignoran las obras de sus manos.
¡Que él los arrase
y que no vuelvan a alzarse!
¡Bendito sea el Señor,
que escuchó mi voz suplicante!
El Señor es mi fuerza y mi escudo,
en él confía mi corazón.
Me socorrió, mi carne florece
y le doy gracias de todo corazón.
El Señor es la fuerza de su pueblo,
la fortaleza que salva a su ungido.
¡Salva a tu pueblo!
¡Bendice tu heredad!
¡Sé tú su pastor y guíalos siempre!
TÚ ME SONDEAS Y ME CONOCES,
TÚ ME HABLAS A MÍ, SEÑOR.
TÚ ME SONDEAS Y ME CONOCES,
TÚ ME HABLAS A MÍ, SEÑOR.
¿A dónde iré yo sin tu Espíritu?
¿Dónde huir de tu rostro, Yahvé?
Tú me proteges y me defiendes,
y mi alma está viva por Ti.
Tú me creaste para alabarte.
Te doy gracias por siempre, Señor.
(Grupo Kairoi - “JESÚS ES EL SEÑOR” - Ed. Paulinas)
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Salmo 28 (27)