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El Reino de los Cielos es como un mercader
que va en busca de perlas preciosas;
encontrando una perla de gran valor
va, vende todo lo que tiene
y la compra
“…He encontrado
a mi dulce Jesús
en brazos de la Mamá Reina
y mamaba a su pecho…
He visto que en su pecho
tenía una pequeña perla, tan
resplandeciente
que inundaba de luz
la Santísima Humanidad
de Nuestro Señor.
Le he preguntado a Jesús
qué cosa era esa perla,
que mientras parece tan pequeña
resplandece con tanta luz.
“Hija mía...
la pureza de tu sufrir
es la causa de tanta luz.
La pureza en el obrar
es tan grande, que quien obra
por el único fin
de
agradarme a Mí sólo,
no hace más que
mandar luz
en todo su obrar.
La pureza ha de ser como el rocío sobre las flores al salir el sol,
el cual, reflejando en ellas sus rayos, hace que esas minúsculas
gotitas sean como tantas perlas preciosas.
Así todas tus obras, pensamientos y palabras, latidos y afectos,
deseos e inclinaciones, si son adornados por el rocío celestial
de la pureza, formarán un dulce encanto, no sólo a los ojos humanos, sino a
todo el Paraíso.”
“Jesús, Amor mío, quiero
poner
todo mi ser
en tu ‘Fiat’
para poder hallarme
en todas las cosas creadas,
y convertirlas en perlas con mi
‘te amo’
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La perla del Reino