1.- Mejore su capacidad de
comunicación. No se trata
solamente de hablar y escuchar
información. Sino que hay que
añadir otro elemento más, la
comprensión.
Incapacidad o falta de deseo de las personas de comunicarse.
2.- Asegúrese de
mantener abiertas las
puertas de la
comunicación.
Si se quiere que la comunicación
mejore, promueva en todos los
miembros de su familia, de la
iglesia o de la junta la actitud
de mantener las puertas de la
comunicación abiertas. ¿Cómo
puede hacerse eso?
Algunas personas por su actitud cierran la posibilidad a
que otras se les acerquen para entablar un diálogo
3.- Esté dispuesta a
escuchar.
La mayoría de las profesiones se
esfuerzan por incluir en el
currículo, clases, programas o
estrategias para desarrollar el
arte de hablar, pero para
escuchar no.
Muchas veces es más benéfico escuchar que hablar.
4.- Sea cuidadosa al hacer
observaciones a las
personas.
Aunque sus comentarios y
observaciones sean
correctos, recuerde que no
todas las personas están
preparadas para escuchar.
Algunas no toleran que una
persona más joven o con
menos experiencia les haga
observaciones.
No es necesario siempre decir todo lo que pensamos
5.- Mantenga información
precisa con su esposo y
con la iglesia.
La Información adecuada
contribuirá
considerablemente en la
disminución de los conflictos
en la iglesia.
La desinformación no corresponde a una profesional
6.- Trate de comprender
legítimamente las
inquietudes de los demás.
Mientras no intente comprender
a los demás, no ha ganado el
derecho a ser comprendida.
Suponer que comprende
cuando realmente no lo ha
hecho, solo demuestra su
ignorancia y falta de sinceridad.
Póngase en lugar de la otra persona.
7.- Manifieste una actitud
amable y cordial
Hay personas a las que todo
mundo les da la vuelta. Nadie
quiere encontrarse con ellos o
con ellas. Son fríos, secos,
oscos, rudas o indiferentes.
Ser fríos e indiferentes es una falta de ética
8.- Valore a las personas.
valorar a las personas, aún y cuando sus
ideas sean diferentes o equivocadas a
nuestro juicio.
Cada persona tiene un valor muy especial para Dios
9.- No tome como personal los
comentarios de otros (as). Las
personas expresan sus sentimientos e
inconformidades, pero eso no quiere
decir que tengan algo en contra de
nosotros. Hay que actuar
profesionalmente y tener la capacidad de
escuchar inconformidades sin que lo
tomemos como un asunto personal.
A veces se le deja de ministrar a la persona que hizo un comentario
10.- No responda con
agresividad. Perder el
control y la ecuanimidad con las
hermanas, en una reunión con la
iglesia o ante las demás
compañeras esposas de pastores
puede ser dañino para usted y
para el ministerio de su esposo.
Actuar profesionalmente significa mantener el control
11.- Cuando sea atacado por
un dragón, cuídese de no
convertirse en uno de ellos.
Siempre hay iglesias en las que
algunos hermanos o hermanas
asumen una actitud muy frontal
y agresiva en contra del pastor o
de su esposa. En ocasiones sin
razón. Pareciera que tienen la
misión de destruir con el fuego
de su boca como los dragones.
Cuidado de no hacer nosotros lo mismo
12.- No ignore el conflicto
atiéndalo en sus etapas
iniciales.
Esperar que el conflicto entre
compañeras o con los hermanos se
esfume o resuelva por sí mismo es
una ilusión. Los problemas que se
dejan, crecen como las bolas de
hielo, que conforme van avanzando,
el potencial de destrucción es mayor.
Es mejor atenderlos en sus etapas iniciales porque el grado de complejidad no
es tan grande.
13.- Promueva la unidad de
la iglesia.
Frente a cualquier situación es
importante estar consciente que
está en potencia una fractura entre
compañeras o dentro de la iglesia.
Cuando esto sucede, las
consecuencias son muy graves. Por
eso, siempre debe ser nuestra
preocupación cuidar mantener el
orden pero sobre todo la unidad.
Es posible que las relaciones ya no sean las mismas, pero tendrá la
satisfacción de haber actuado cristianamente
14.- No arrebate el lugar
de su esposo. Recuerde
que el pastor es él; no intente
aparecer como mejor y mayor,
porque aunque se espera que sea
una ayuda idónea, no lo será
haciendo lo que no le
corresponde.
Hay que tener sentido de ubicación
15.- Asegúrese de que
conoce cuál es la misión
de la iglesia.
Muchos de nosotros (pastores y esposas
así como miembros de iglesia)
podemos estar haciendo cosas que
consideramos correctas y para bien
de la iglesia, pero posiblemente no
tengan nada que ver con la misión y
estén ocasionando problemas con
otros.
Confrontemos nuestro accionar con la misión de la Iglesia
“Glorificar a Dios y bajo la influencia del Espíritu Santo
guiar a cada creyente a una experiencia de relación
personal y transformadora con Cristo, que lo capacite
como discípulo para compartir el evangelio eterno
con toda persona”
16.- No reprima las
inconformidades.
Deje que las personas expresen libremente
sus inconformidades; por su puesto
siempre con respeto y en la forma
debida. Si las personas no sienten
confianza para expresarlo directamente
lo harán a través de otros y empezarán a
hacer más grande su inconformidad. A la
postre, eso será peor.
La reprensión crea más inconformidades
17.- Como esposa de un
Pastor usted debe estar
preparada para
participar activamente
en el ministerio de la
Reconciliación.
La preparación la puede lograr mediante la oración, mediante la
lectura apropiada y mediante la práctica de los buenos principios.
18.- Los problemas siempre
se resuelven mejor y más
rápido al nivel más bajo.
Tratar el problema al nivel en el que se presentó se resolverá mejor y no
requerirá de tanto tiempo y procesos complicados
19.- No lleve un asunto a
otro nivel o persona sin
antes haber hablado e
intentado resolverlo con
la parte involucrada.
Que nadie le presione para llevar un asunto a otro nivel o persona sin antes
haberse asegurado de que: 1) ha hecho lo correspondiente en el intento de
resolverlo, 2) Que usted tiene toda la información al respecto y se ha
entrevistado con cada parte. No hacerlo de esta manera puede agravar y
complicar el asunto.
20.- Busque la intervención de
una tercera persona cuando
el caso lo requiera. Hay algunos
casos en los que para solucionarlos es
necesaria la intervención de una
tercera persona. Ésta, tiene que ser
una persona aceptada por las partes
involucradas, digna de su confianza,
con autoridad sobre ellos, de calidad
moral e imparcial y cuya intensión será
buscar la solución con ellos al
conflicto.
Solo cuando ya se ha hecho lo necesario para resolver una diferencia
21.- Remita el asunto
cuando sea necesario.
Lamentablemente hay casos
en los que es necesario, quizá
por su naturaleza, que el
asunto sea remitido a otros
niveles: legales, civiles o
eclesiásticos.
A un profesional, ya sea médico, Psicólogo, Licenciado, etc.
ACTÚE CON PRUDENCIA
Con razón se ha dicho que no hay
pleito entre dos cuando uno no
quiere. Se necesita la voluntad de
dos para entablar un pleito. Una
de las grandes propuestas a este
cuestionamiento es la
PRUDENCIA. La Prudencia, a
veces tan ausente en nuestras
relaciones, es vital para que un
conflicto no se entrone entre dos
personas o aún en la iglesia
misma. Con prudencia y
humildad, muchos de los
problemas que hoy tenemos se
pueden evitar o minimizar.
EVITE LA POSICIÓN DE BLANCO O
NEGRO.
Aunque hay excepciones, es bueno reconocer
que muchos de los conflictos empiezan en
nuestra mente. Estos se pueden acrecentar
tomando una postura de blanco y negro.
¿Qué significa eso? = querer encajonar a las
cosas, personas y comentarios solo en dos
extremos. Ejemplo: si alguien dijo algo,
clasificarlo como bueno o malo sin un punto
intermedio posible. Establecer que una
relación es mala por un comentario o
experiencia negativa sería incorrecto,
cuando por lo general ha sido buena. Las
cosas rara vez son blancas o negras,
generalmente son grises.
EVITE LA GENERALIZACIÓN.
La generalización confiere un
carácter de permanencia y
duración a una situación que
posiblemente sea transitoria.
Si alguien actuó mal en su
contra o en contra de otra
persona, no considere que
siempre lo haga. Es posible
que eso haya sido un hecho
aislado y no una costumbre.
No solo esto tiene que ver
con nosotros, sino con todos
los que forman un grupo.
EVITE LA TENSIÓN EXCESIVA.
Los problemas y conflictos están
al asecho y pueden surgir en
cualquier momento, pero
cuando una persona está
tensa, molesta o estresada, es
posible que más fácilmente
aparezcan reacciones no
gobernadas por la ética. Por
el contrario, si estamos
relajados y tranquilos,
estaremos en condiciones
óptimas para poderlos evitar.
SEA RESPETUOSA DE LAS
DEMÁS PERSONAS. El respeto
debe prevalecer en todas nuestras
relaciones. Constantemente somos
tentados a actuar de manera
impulsiva e irrespetuosa, sin
embargo, debemos ser ejemplo de
un trato respetuoso para los demás.
Haciéndolo así, se establecerá una
medida y costumbre para ser
imitada por el resto de las personas
de un grupo determinado.
NO ACTÚE CON PREJUICIO.
Reprímase para actuar con prejuicio.
No saque conclusiones por
adelantado. Si lo hace, corre el
riesgo de ser avergonzada ante los
demás. Usted necesita toda la
información posible acerca de
cualquier asunto para sacar
conclusiones. Es posible que
otros la quieran orillar a concluir
de una manera precipitada, no lo
haga.
• ESCUCHE CON ATENCIÓN LAS
QUEJAS.
• Si usted cierra sus oídos a las quejas de
los demás, lo que hará es provocar una
reacción mayor con la que va a tener
que lidiar posteriormente. Escuche las
inconformidades y quejas que otros
puedan tener. Recuerde que es solo
una inconformidad que puede ser
arreglada. Ahora, al escuchar, hágalo
con el firme y sincero deseo de
conocer bien cuál es el motivo y tratar
de suplir cualquier necesidad. Tome en
cuenta que la lógica de la otra persona,
puede ser diferente a la suya y no por
eso signifique que está mal.
• FOMENTE UN AMBIENTE DE
COMPAÑERISMO CRISTIANO.
Nadie mejor que la esposa del
pastor tiene la posibilidad de
tomar la iniciativa de ser un
conductora de un ambiente
agradable dentro de la iglesia;
sin embargo, también nadie
mejor que ella puede hacer
todo lo contrario. El ambiente
de compañerismo cristiano hará
mucho más a favor del trabajo
de su esposo de lo que pueda
imaginar.
• LIMPIE EL FILTRO MENTAL. Muy a
menudo nos concentramos en los
detalles negativos de una
situación. Se van quedando en la
coladera (valga la expresión) de
nuestra mente, todas aquellas
actitudes, conductas y expresiones
negativas de los demás hacia
nosotros que pueden obstruir el
libre paso de una sana relación.
Por lo tanto, hay que limpiar el
filtro mental y sacar de nuestra
mente, todo aquello que no nos
beneficia
• RECONOZCA LAS COSAS
POSITVAS DE LOS DEMÁS. Todas
las personas tienen cosas
positivas. Sus compañeras, las
esposas de otros pastores son un
ejemplo; por algo están en el
ministerio. No de la impresión de
que usted es la mejor o la que
tiene más virtudes, dones y
cualidades (así pensaban los que
en la parábola el Señor les dijo:
“No os conozco”). Trate de
reconocer en forma imparcial las
virtudes y cosas positivas que las
demás tienen.
NO TENGA SOLO UNAS POCAS
CONSENTIDAS. Si los miembros del grupo
al que usted pertenece perciben que
usted tiene un trato de privilegio para
algunas, se resentirán y se lo
manifestarán, quizá no de manera directa,
pero sí indirecta (la dejarán sola). Trate a
todas las personas o miembros de la
misma manera: Con cariño, con atención,
con interés, con alegría, con
reconocimiento. El trato preferencial y
parcial ha sido causa de muchos conflictos
en la iglesia.
• FORTALEZCA SU
AUTOCONOCIMIENTO. Esto le
ayudará a propiciar la mayor
claridad de pensamiento en los
problemas reales a fin de
eliminar o reducir lo que solo es
imaginario; es decir, aquellos
problemas que quizá no
llegarán. La mayor parte de los
temores que padecemos y que
en muchas ocasiones nos orillan
a actuar con falta de ética es por
problemas que generalmente
nunca suceden.
• EVITE SITUACIONES DE
RIESGO. Muchas
situaciones que nos
provocan a actuar
imprudentemente con
falta de ética son
problemas que pueden
ser evitados si tan solo
caminamos por los
senderos seguros.
• CONTROLE SU AGRESIVIDAD Y LA
DE LOS DEMÁS. Una persona
molesta, enojada o con ira
reprimida podrá perder el control
en cualquier momento de
agresión. Si usted está con este
sentimiento es mejor que espere
para atender a una persona que
quizá lo está más que usted. Para
poder neutralizar la ira y
agresividad de la otra persona es
necesario que usted se encuentre
con un espíritu controlado y
sereno. La Biblia no se equivoca
cuando dice que: “La blanda
respuesta quita la ira, más la
palabra áspera hace subir el furor”
(Pr. 15: 1).
• IDENTIFIQUE LOS
DESENCADENANTES. Los
desencadenantes de
conflictos andan rondando
por todos lados. Esté
alerta para identificar todas
aquellas situaciones
potenciales de conflictos y
dígase: “Cuidado, eso es un
desencadenante y no voy a
caer en sus redes. No
permitiré dejarme llevar”.
• EVITE LAS COSAS QUE
EN EL PASADO LA
LLEVARON A
CONFLICTOS. Examine
todos sus planes,
programas, acciones y
conductas; y descubra
las que en el pasado
fueron causa de conflicto
para no volverlas a
repetir. Si de antemano
lo sabe, busque otro
camino.
• NO SE SOMETA A PRESIÓN
DE TIEMPO. Si a usted le
causa un estrés excesivo
estar sometida a una
presión de tiempo, y si está
en su posibilidad, entonces
no acepte esa situación así.
Tampoco lo haga con los
demás, posiblemente pasen
por una situación similar
que les causará molestia y
conflicto con usted o con
los demás colaboradores
que están a su alrededor.
• NO PERMITA LA CRÍTICA
INJUSTA. Algunas personas
de acuerdo a sus
posibilidades, se esfuerzan
de manera especial por
hacer su trabajo. Pero a
pesar de eso, algunos
parece que no aprecian tal
esfuerzo y critican
injustamente a los demás.
Trate de no permitir una
situación así, mucho menos
que usted lo haga.
• NO PERMITA EL MAL HÁBITO
DEL RUMOR. Hay muchas
personas, familias e iglesias
que han sido dañadas por el
mal hábito del rumor. Es una
costumbre muy común pero
nada correcta. No permita que
se den este tipo de
situaciones, o aléjese de una
plática tal. Además de dedicar
tiempo a algo que no lo vale,
pondrá en entredicho la
honorabilidad de una persona
y la suya.
• NO ACEPTE EXCESO DE
TRABAJO. Aunque es parecido
a la presión de tiempo, aquí
nos referimos más bien a la
cantidad de trabajo que a
veces aceptamos simplemente
porque no tenemos la
capacidad de decir: “No”. Hay
personas que tienen muy
marcada esa dificultad y por lo
tanto, se llenan de trabajo que
termina por ahogarlas o que
exploten en un exceso de
tensión con acciones anti
éticas.
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