EL NIÑO Y LA ABEJA
Un día, un niño jugaba con sus
amigos en plena naturaleza virgen,
el día era transparente, el cielo azul
intenso, los campos verdes llenos de
flores, los pájaros cantaban, las
mariposas revoloteaban libres, todo
era perfecto, mientras jugaba con
sus amigos, sintió de pronto un
intenso dolor en el pie derecho y
todo su cuerpo se contrajo.
Entonces todo lo que sentía y
veía se transformó en sensación
de dolor…
Al principio no me di cuenta de
lo que había pasado. Luego oí
un zumbido procedente de mi
pie. Una enorme abeja había
quedado atrapada entre los
dedos, pero yo no lograba
separarlos para liberarla.
Cuanto más me picaba la abeja,
más apretaba yo los dedos.
La abeja, sintiéndose
atrapada, seguía
picándome, y mi dolor
era cada vez mayor.
Finalmente uno de mis
amigos se acercó y me
separó los dedos del
pie para liberar a la
abeja. Entonces me
liberé, y sólo
entonces cesó el
dolor…
Ojalá pudiéramos comprender
con esta claridad que el apego
mental es la causa de nuestros
problemas. Cuando nos
aferramos al yo, sólo
conseguimos que aumente el
dolor físico, mental y espiritual.
Aturdidos, nos aferramos a él
cada vez con más fuerza,
iniciando el ciclo del
sufrimiento que se cronifica sin
reflexionar que nos pasa.
Ese yo cambia, es una ilusión
creada por nuestra mente que
no sabe estar quieta, serena,
que nos obliga a consumir
emociones constantemente…
El dolor puede asaltarnos en
cualquier momento, incluso
cuando estamos contentos y
satisfechos por eso tendemos a
aferrarnos fuertemente a lo
que tenemos, por miedo a
perderlo.
Nada podemos perder
que sea ilusorio,
momentáneo, creado en
estado de tensión, de
emoción, de deseo
continuo. Debajo de
estos movimientos
inconexos, esta nuestra
radiante naturaleza
esencial que es bondad,
belleza y paz.
Agradecimientos: Tolku Thundop. «El
Poder curativo de la mente»
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