John McDowell
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Lo defendido: las experiencias son estados o sucesos
en los cuales las capacidades de la espontaneidad ya
ha entrado en juego en la receptividad.
Las experiencias cuentan con contenido porque se
hallan en acción dentro de ellas capacidades
conceptuales, es decir, del entendimiento.
Estas capacidades deben poder ser usadas durante el
pensamiento activo y potencialmente autocrítico.
Cuando esa capacidad entran en juego dentro de la
experiencia, el sujeto de tal experiencia está pasivo:
la realidad independiente es la que actúa sobre él.
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La postura:
recurrir a la receptividad para asegurarse de
que existe la fricción; pero, diferencia del
Mito de lo Dado, asumir que las capacidades
de la espontaneidad se hallan en acción
continuamente, incluso en los fundamentos
últimos de los juicios empíricos.
Tesis:
lo que compartimos con los animales brutos
es la sensibilidad perceptiva hacia las
características del ambiente.
Dos tipos de sensibilidad: una de ellas
empapada de espontaneidad, y la otra
independiente de ella.
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La pregunta:
¿Cómo podrían estar estructuradas por parte
de la espontaneidad (de la libertad que nos permite hacernos
cargo de nuestro pensamiento activo) las operaciones de
algo que es meramente natural?
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La facultad de la espontaneidad es el
entendimiento, nuestra capacidad de reconocer y
hacer que llegue a producirse el tipo de
inteligibilidad propio de los significados.
(Tal tipo de inteligibilidad de ubicar las cosas en un espacio
lógico es sui generis con respecto al reino de la ley)

La sensibilidad es parte de nuestra naturaleza,
parte de lo que compartimos con los animales.
El mundo que experimentamos no está
excluido de la esfera de lo conceptual.
Lo que experimentamos no es algo externo al
ámbito en que se da el tipo e inteligibilidad
propio de los significados.
Las capacidades conceptuales se hallan en acción dentro de nuestra
comprensión del mundo que existe aparte de los seres humanos.
¿Cuál es el estatus de la espontaneidad?
Naturalismo descarnado:
domesticar las capacidades conceptuales
mediante el recurso a integrarlas dentro de la
naturaleza concebida como el reino de la ley.
Reducir la estructura del espacio de las razones
a lo natural
A pesar de que el espacio lógico en que mora
la idea de espontaneidad no pueda asimilarse
al espacio lógico en que moran las ideas de lo
natural, con todo, las capacidades
conceptuales se encuentran ya activas
cuando opera nuestra sensibilidad
El rechazo de McDowell a ubicar lo natural
exclusivamente en reino de la ley
Davidson : los conceptos de las “actitudes
proposionales” únicamente tienen sentido si
un “ideal constitutivo de racionalidad” los rige.
Aquello para lo que estos conceptos valen es
para el tipo de inteligibilidad propio de los
significados, el que hallamos en algo al
ubicarlo dentro del espacio de las razones.
Diferencia con Davidson
“tesis ontológica”: las mismas cosas a las que se
aplican los conceptos sui generis (los conceptos cuya
aplicabilidad marca la presencia de la espontaneidad) ya se
encuentran a disposición de una investigación
acerca del reino de la ley.
La discriminación esencial entre los dos tipos de
inteligibilidad separa dos lotes de capacidades
conceptuales, pero no su ámbito de aplicación.
Davidson:
todo suceso, incluso lo que caen bajo lo
conceptos que sirven para la inteligibilidad
del “espacio de las razones”, puede en
principio hacerse inteligible en términos de la
acción del ley natural.
Un concepto de espontaneidad que es sui
generis puede de todas formas entrar a
caracterizar los estados y sucesos de la
sensibilidad como tal –como instancias de
nuestra naturaleza que son.
Nuestra capacidad de responder a las razones
no es algo sobrenatural:
son nuestras vidas las que se encuentran
modeladas por la espontaneidad
Ejercer la espontaneidad es algo que pertenece
a nuestra manera de vivir.
Ejercer la espontaneidad pertenece a nuestra
forma de determinarnos como animales.
Ello elimina toda necesidad de vernos
divididos:
por un lado, con un pie en el reino animal y,
por otro, con cierto compromiso separado
hacia un mundo de relaciones racionales
externo a lo natural.
Si uno concibe su situación práctica en los términos que le
han sido proporcionados por una perspectiva ética
específica, ello le dotará de ciertas razones aparentes para
actuar.
Aristóteles: el único punto de vista desde el
cual abordar la cuestión de si esas razones
son auténticas es en el que uno se encuentra
precisamente porque posee ya una
perspectiva ética específica.
El autoexamen de una perspectiva ética
puede tomar nota de hechos independientes
conciernen a la configuración del reino de la
ley, cuando son relevantes.
Pero ello no significa afirmar que podamos
reconstruir a partir de materiales naturalistas
la idea de las demandas éticas auténticas que
se nos imponen.
La idea de alcanzar cierta corrección en
nuestro pensamiento ético posee cierta
autonomía, no nos obliga a imaginar que
apunta hacia algún lugar exterior al
pensamiento ético mismo.
Superar a Kant y suscribir la imagen hegeliana:
lo conceptual no está limitado desde el exterior.
ello es precisamente lo que resulta menos
amenazante para el sentido común, para la
convicción de que el mundo es independiente
con respecto a nuestro pensamiento.
Dado que el carácter ético incluye
disposiciones del intelecto práctico, parte de
lo que ocurre cuando ese carácter se forma es
que el intelecto práctico adquiere una forma
determinada.
La sabiduría práctica se constituye en una
segunda naturaleza para los que la poseen
Según Aristóteles, las demandas racionales de
la ética son algo autónomo; no tenemos por
qué sentirnos obligados a convalidarlas desde
fuera de una manera de pensar que ya sea
ética ella misma.
Esta autonomía no aleja esas demandas con
respecto a lo humano.
Las demandas quedan, por su misma esencia,
al alcance de los seres humanos.
No podemos estimar que sea la naturaleza
humana la que las aprecia, pues la naturaleza
desencantada no abarca el espacio de las
razones.
Pero a los seres humanos se les inicia
inteligiblemente en el espacio de las razones
a través de la educación ética. Los hábitos de
pensamiento y acción resultantes son la
segunda naturaleza.
Tenemos que volver a captar la idea
aristotélica:
un ser humano maduro normal es un
animal racional, sin por ello perder la idea
kantiana de que la racionalidad actúa
libremente en su propia esfera.
La idea kantiana se refleja en la oposición
entre la organización del espacio de las
razones y la estructura del reino de la ley.
El naturalismo moderno se olvida de la
segunda naturaleza.
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