22º Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B
Los fariseos y los letrados preguntaron a Jesús:
- ¿ Por qué comen tus discípulos con manos
impuras y no siguen la tradición de los mayores?
Él les contestó: -
Hipócritas, bien profetizó Isaías
de vosotros: “Este pueblo me honra con los labios,
pero su corazón está lejos de mí…” (Mc 5, 7-8)
Para encubrir nuestra poca fe, a veces nos
refugiamos en rutinas que a nada comprometen.
El Papa Francisco
nos invita a abandonar
el cómodo criterio del
“siempre se ha hecho así”.
Perdimos tradiciones heredadas de nuestros
antepasados. Y a cambio, nos inventamos otras
prácticas que no nacen de la fe.
Jesús denuncia la hipocresía de los letrados y fariseos.
Limpiaban vasos y jarras pero no se preocupaban
de mantener limpio el corazón.
Vivimos en la sociedad del “Todo vale”. Nadie reconoce
sus pecados. Ni siquiera se sabe lo que es pecado.
Jesús denuncia los
malos actos y actitudes:
“Robos, homicidios,
adulterios, codicias
injusticias, envidia,
orgullo, frivolidad…”.
¿Somos conscientes de
la gravedad de estos
actos y actitudes?
“Dejáis a un lado el mandato de Dios”
Hoy se ridiculizan los mandatos divinos.
Pero su violación genera desastres en la naturaleza,
dolor para los hombres y disgustos para nosotros.
Os aferráis a la tradición de los hombres
En nuestra sociedad
cuidamos las celebraciones
profanas y religiosas,
romerías, adornos…
Cuidamos el signo,
pero descuidamos
el significado.
Señor Jesús,
a menudo sacralizamos
nuestra voluntad
y nuestros gustos.
Enséñanos a descubrir
que tus mandamientos
nos hacen libres,
y danos fuerza
para cumplirlos
con generosa libertad.
Amén.
Texto:
José Román Flecha Andrés
PALABRA DEL SEÑOR –Salamanca
Presentación: Antonia Castro Panero
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