DOMINGO 4º de CUARESMA - Ciclo B
Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único,
para que no perezca ninguno de los que creen en él,
Jn. 3, 14-16
sino que tengan vida eterna.
La oscuridad es el reino de los que tratan
de ocultarse de la justicia.
Ladrones, asesinos, adictos al alcohol…
han convertido la noche en su tiempo favorito.
Para evitar los delitos basta con frecuencia
con iluminar los lugares más peligrosos. Por
eso las farolas son las primeras víctimas de
los malhechores.
El profeta Isaías pronuncia un ¡ay¡ contra
los que ejecutan sus obras en las tinieblas
y se ufanan de su impunidad diciendo:
“ ¿Quién nos ve, quién nos conoce?.
Estas observaciones se ven confirmadas
por una frase que el evangelio de hoy coloca
en boca de Jesús:
“ Todo el que obra perversamente detesta la luz”
En el prólogo del evangelio de Juan se decía que
“la Palabra era la luz verdadera”. Venía al mundo
a iluminar los caminos de la humanidad. Pero,
“vino a su casa y los suyos no la recibieron”.
En el diálogo con Nicodemo, Jesús contrapone
dos grupos de personas:
Quien no se acerca a la luz para no ser acusado
por sus obras y “ el que realiza la verdad se acerca a la luz
para que se vea que sus obras están hechas según Dios”.
Jesús es la luz del mundo.
Acercarse a él o alejarse de él es el indicio más claro
de la rectitud humana.
Quien le vuelve la espalda, se resigna
a vivir en las tinieblas.
El evangelio de hoy gira en torno a esta frase:
“Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su
Hijo único, para que no perezca ninguno de los
que creen en él, sino que tengan vida eterna”.
Buen momento es este tiempo cuaresmal para
meditar en los tres protagonistas de este
anuncio: Dios, su hijo y el mundo.
DIOS
Nunca se había dicho que los dioses paganos
amaran a los seres humanos. Ahora se anuncia
que el Dios de Jesucristo se caracteriza por su
amor al mundo que Él ha creado.
SU HIJO
Jesús es el mayor de los profetas. Es el Maestro
y el Señor. Pero es, sobre todo, el Hijo de Dios
y el reflejo de su misma bondad.
EL MUNDO
Los seres humanos han sido destinados
no al juicio condenatorio, sino a la salvación.
Creer en el Hijo y aceptar su luz: he ahí el camino de la salvación.
El Hijo fue enviado “para que el mundo se salve por Él”.
Señor Jesús, Hijo del Padre y Luz del mundo,
tú nos has liberado de las tinieblas.
Que nuestra fe nos lleve a encontrar en ti la vida
y la salvación. Amén.
Autor: José Román Flecha
Texto: PALABRA DEL SEÑOR
Edit. Secretariado Trinitario. Salamanca 2007
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