6Porque
el Señor me dijo así: Ve, pon
centinela que haga saber lo que vea.
La atalaya es un tipo de fortificación utilizada en
muchas partes del mundo. Su objetivo principal
es proporcionar un lugar alto y seguro desde el
cual poder hacer observaciones militares.
24Y
David estaba sentado entre las dos
puertas; y el atalaya había ido al terrado
sobre la puerta en el muro, y alzando sus
ojos, miró, y vio a uno que corría solo.
25El atalaya dio luego voces, y lo hizo
saber al rey. Y el rey dijo: Si viene solo,
buenas nuevas trae. En tanto que él
venía acercándose,
17Y
el atalaya que estaba en la torre
de Jezreel vio la tropa de Jehú que
venía, y dijo: Veo una tropa. Y Joram
dijo: Ordena a un jinete que vaya a
reconocerlos, y les diga: ¿Hay paz?
H6822 ‫ צָפָ ה‬tsafá; inclinarse hacia adelante,
atisbar a la distancia; observar, atalaya,
atalayar, centinela, mirar, vigilar, guardar la
vigilia.
17Hijo
de hombre, yo te he puesto por
atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú
la palabra de mi boca, y los amonestarás
de mi parte. 18Cuando yo dijere al impío:
De cierto morirás; y tú no le amonestares
ni le hablares, para que el impío sea
apercibido de su mal camino a fin de que
viva, el impío morirá por su maldad, pero
su sangre demandaré de tu mano.
19Pero
si tú amonestares al impío, y él no
se convirtiere de su impiedad y de su mal
camino, él morirá por su maldad, pero tú
habrás librado tu alma. 20Si el justo se
apartare de su justicia e hiciere maldad, y
pusiere yo tropiezo delante de él, él
morirá, porque tú no le amonestaste; en
su pecado morirá, y sus justicias que
había hecho no vendrán en memoria;
pero su sangre demandaré de tu mano
21Pero
si al justo amonestares para que
no peque, y no pecare, de cierto vivirá,
porque fue amonestado; y tú habrás
librado tu alma.
2Hijo
de hombre, habla a los hijos de tu
pueblo, y diles: Cuando trajere yo espada
sobre la tierra, y el pueblo de la tierra
tomare un hombre de su territorio y lo
pusiere por atalaya, 3y él viere venir la
espada sobre la tierra, y tocare trompeta y
avisare al pueblo, 4cualquiera que oyere
el sonido de la trompeta y no se
apercibiere, y viniendo la espada lo
hiriere, su sangre será sobre su cabeza.
5El
sonido de la trompeta oyó, y no se
apercibió; su sangre será sobre él; mas el
que se apercibiere librará su vida. 6Pero si
el atalaya viere venir la espada y no
tocare la trompeta, y el pueblo no se
apercibiere, y viniendo la espada, hiriere
de él a alguno, éste fue tomado por causa
de su pecado, pero demandaré su sangre
de mano del atalaya.
1Hermanos,
si alguno fuere sorprendido
en alguna falta, vosotros que sois
espirituales, restauradle con espíritu de
mansedumbre, considerándote a ti
mismo, no sea que tú también seas
tentado. 2Sobrellevad los unos las cargas
de los otros, y cumplid así la ley de
Cristo. 3Porque el que se cree ser algo,
no siendo nada, a sí mismo se engaña.
19Hermanos,
si alguno de entre vosotros
se ha extraviado de la verdad, y alguno le
hace volver, 20sepa que el que haga
volver al pecador del error de su camino,
salvará de muerte un alma, y cubrirá
multitud de pecados.
7¡Cuán
hermosos son sobre los montes los
pies del que trae alegres nuevas, del que
anuncia la paz, del que trae nuevas del
bien, del que publica salvación, del que
dice a Sion: ¡Tu Dios reina! 8¡Voz de tus
atalayas! Alzarán la voz, juntamente darán
voces de júbilo; porque ojo a ojo verán que
Jehová vuelve a traer a Sion. 9Cantad
alabanzas, alegraos juntamente, soledades
de Jerusalén; porque Jehová ha consolado
a su pueblo, a Jerusalén ha redimido.
17Puse
también sobre vosotros atalayas,
que dijesen: Escuchad al sonido de la
trompeta.
Y
dijeron
ellos:
No
escucharemos. 18Por tanto, oíd, naciones,
y entended, oh congregación, lo que
sucederá. 19Oye, tierra: He aquí yo traigo
mal sobre este pueblo, el fruto de sus
pensamientos; porque no escucharon mis
palabras, y aborrecieron mi ley.
2Faltó
el misericordioso de la tierra, y
ninguno hay recto entre los hombres;
todos acechan por sangre; cada cual arma
red a su hermano. 3Para completar la
maldad con sus manos, el príncipe
demanda, y el juez juzga por recompensa;
y el grande habla el antojo de su alma, y
lo confirman. 4El mejor de ellos es como el
espino; el más recto, como zarzal; el día
de tu castigo viene, el que anunciaron tus
atalayas; ahora será su confusión.
10Sus
atalayas son ciegos, todos ellos
ignorantes; todos ellos perros mudos, no
pueden ladrar; soñolientos, echados,
aman el dormir. 11Y esos perros comilones
son insaciables; y los pastores mismos no
saben entender; todos ellos siguen sus
propios caminos, cada uno busca su
propio provecho, cada uno por su lado.
7Someteos,
pues, a Dios; resistid al
diablo, y huirá de vosotros. 8Acercaos a
Dios, y él se acercará a vosotros.
Pecadores, limpiad las manos; y vosotros
los de doble ánimo, purificad vuestros
corazones. 9Afligíos, y lamentad, y llorad.
Vuestra risa se convierta en lloro, y
vuestro gozo en tristeza. 10Humillaos
delante del Señor, y él os exaltará.
8Y
ante todo, tened entre vosotros
ferviente amor; porque el amor cubrirá
multitud de pecados. 9Hospedaos los
unos a los otros sin murmuraciones.
10Cada uno según el don que ha recibido,
minístrelo a los otros, como buenos
administradores de la multiforme gracia
de Dios.
6Porque
el Señor me dijo así: Ve, pon
centinela que haga saber lo que vea.
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