Palabra de Vida
Junio 2012
«Trabajen no por el alimento perecedero,
sino por el que permanece hasta la Vida eterna,
el que les dará el Hijo del hombre»
(Jn 6,27).
Después de haber dado de comer a la muchedumbre con la
multiplicación de los panes frente al lago de Tiberíades, Jesús se
había retirado de incógnito a la otra orilla, en la región de
Cafarnaún, para escapar de la gente que quería proclamarlo rey.
Sin embargo, muchos igualmente se pusieron a
buscarlo y lo alcanzaron. Pero él no aceptó ese
entusiasmo demasiado interesado.
Ellos habían comido el pan milagroso, pero se quedaron en las
meras ventajas materiales sin percibir el significado profundo
de ese pan que manifiesta en Jesús al enviado del Padre, el
que da la verdadera vida al mundo.
Vieron en él solamente a un taumaturgo, un Mesías terrenal,
capaz de darles alimento material en abundancia y a buen
precio. En ese contexto, Jesús les dice:
«Trabajen no por el alimento perecedero,
sino por el que permanece hasta la Vida eterna,
el que les dará el Hijo del hombre»
El “alimento no perecedero” es la persona misma de Jesús y
también su enseñanza, porque la enseñanza de Jesús se
identifica con su persona.
Al leer después, más
adelante, otras palabras
de Jesús se advierte que
ese “pan que no perece” es
también el cuerpo
eucarístico de Jesús.
Por lo tanto, puede decirse que el “pan que no perece” es la
persona de Jesús que se nos entrega en su Palabra y en la
Eucaristía.
«Trabajen no por el alimento perecedero,
sino por el que permanece hasta la Vida eterna,
el que les dará el Hijo del hombre»
La imagen del pan aparece a menudo en la Biblia, como también la
del agua. Pan y agua representan los alimentos primarios,
indispensables para la vida del hombre.
Al aplicar a sí mismo la imagen del pan, Jesús quiere
decirnos que su persona y su enseñanza son indispensables
para la vida espiritual del hombre, tal como lo es el pan
para la vida del cuerpo.
El pan material es ciertamente necesario. Jesús mismo realiza
el milagro de la multiplicación para la muchedumbre. Pero ese
pan solo no alcanza.
El hombre lleva en sí –acaso sin darse cuenta del todo– un
hambre de verdad, de justicia, de bondad, de amor, de pureza,
de luz, de paz, de alegría, de infinito y eterno, que nada en el
mundo está en condiciones de satisfacer.
Jesús se propone como el único capaz de
saciar el hambre interior del hombre.
«Trabajen no por el alimento perecedero,
sino por el que permanece hasta la Vida eterna,
el que les dará el Hijo del hombre»
Pero al presentarse como el “pan de vida”, no se limita a
afirmar la necesidad de nutrirse de Él, de creer en sus
palabras para tener la vida eterna; sino que quiere impulsarnos
a hacer la experiencia de Él.
En efecto, con sus palabras: “trabajen por el alimento que no
perece” pronuncia una apremiante invitación. Dice que es
necesario esforzarse, llevar a cabo todo lo necesario para
obtener este alimento. Jesús no se impone, quiere ser
descubierto, experimentado.
Ciertamente el hombre no puede con sus propias fuerzas
alcanzar a Jesús. Lo puede por un don de Dios. Sin
embargo, Jesús invita continuamente al hombre a
prepararse para recibir el don de sí que Él quiere hacerle.
Y es precisamente al esforzarse por poner en práctica su
Palabra que el hombre alcanza la fe plena en él, llega a
gustar su Palabra como gustaría un pan fresco y sabroso.
«Trabajen no por el alimento perecedero,
sino por el que permanece hasta la Vida eterna,
el que les dará el Hijo del hombre»
La Palabra de este mes no tiene por objeto un punto
particular de la enseñanza de Jesús (por ejemplo, perdonar
las ofensas o desapegarse de las riquezas...), sino que nos
vuelve a conducir a la raíz misma de la vida cristiana, a
nuestra relación personal con Jesús.
Yo pienso que quien ha comenzado a vivir con compromiso su Palabra
y sobre todo el mandamiento del amor al prójimo –síntesis de todas
las palabras de Dios y de todos los mandamientos– advierte, en
parte, que Jesús es el “pan” de su vida, capaz de colmar los deseos
de su corazón, la fuente de su alegría y de su luz.
Al ponerla en práctica llega a gustar la Palabra, al menos un
poco, como verdadera respuesta a los problemas del hombre y
del mundo. Y dado que Jesús –pan de vida– realiza la entrega
suprema de sí en la Eucaristía, quien lo sigue va espontáneamente
a recibirla con amor y ella ocupa un lugar importante en su vida.
Es preciso, entonces, que
quienes hayamos hecho
esta estupenda
experiencia no nos
guardemos el
descubrimiento sino que,
con la misma urgencia con
la que Jesús nos impulsa
a ganar el “pan de la
vida”, lo comuniquemos a
otros para que
encuentren en Jesús lo
que sus corazones desde
siempre buscan.
Es un enorme acto de amor que podemos hacer por nuestros
prójimos, a fin de que también ellos lleguen a conocer la
verdadera vida ya en esta tierra y ganen la vida que no
muere. ¿Y qué más podemos querer?
«Trabajen no por el alimento
perecedero,
sino por el que permanece hasta la Vida
eterna,
el que les dará el Hijo del hombre»
(Jn 6,27).
“Parola di Vita”, publicación mensual del Movimiento de los Focolares.
Texto de: Chiara Lubich, escrita en 1985
Gráfica Anna Lollo en colaboración con don Placido D’Omina (Sicilia, Italia)
Este comentario de la Palabra de vida es traducico a 96 lenguas e idiomas,
y lo reciben marios millones de personas en todo el mundo por gráfica, radio, tv y vía internet.
Para mayor información: www.focolare.org
Este archivo audiovisual, en diversas lenguas, es publicado en www.santuariosancalogero.org
Traducción: Ciudad Nueva www.ciudadnueva.org.ar
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