11
de Mayo de
2003
Mayo le presta sus flores,
su risa la Primavera
sus azahares la Ribera,
y Valencia sus amores.
Que no hay bajo el limpio techo
del cielo azul valenciano,
ni un pescador, ni un huertano,
que no la lleve en el pecho.
Por eso cuando Ella pasa
luciendo el manto de raso,
van todos en un abrazo
a decirle lo que vale.
Y va con los ojos fijos
y la cabeza inclinada,
como si fuera agobiada
del cariño de sus hijos;
de ese cariño tan hondo,
tan sano y tan bien sentido,
que le hablan como si fuera
la Virgen una huertana.
Y unos dicen: “¡Bonica!”,
y otros: “¡Lucero de oriente!”,
y entre el fervor de la gente,
pasa la Madre bendita,
con tan natural manera,
que la sencillez que usa
parece barca que cruza
las aguas de la Albufera.
Y cruza la “Bolsería”,
el “Tros alt” y “Caballeros”,
y todos, ricos y obreros,
aumentan la gritería.
Y caen rosas en manojos,
y las oraciones crecen,
y los labios se estremecen,
y tiembla el llanto en los ojos.
Y, para dar sensación,
de que el pueblo da su alma…
cuando renace la calma…,
después de la procesión,
la ancha calle desierta,
con tanta flor destrozada…
queda ese día regada
con la sangre de la huerta.
Y… ahora, díganme en conciencia
¡si no se alza el corazón,
cuando sale en procesión
la PATRONA DE VALENCIA!
Descargar

Diapositiva 1