Llamando a sus discípulos, les dijo:
-Os aseguro que esa pobre viuda
ha echado en el cepillo más que nadie. Mc 12, 41-44
En una sociedad patriarcal, la viuda se ve privada de
los bienes más imprescindibles para vivir.
En muchas culturas las viudas
han sido la imagen viviente de la pobreza.
Pero también han sido la imagen de la generosidad.
La generosidad de la viuda de Sarepta le mereció
las bendiciones del Señor.
En su humilde casa “ ni la orza de harina se vació,
ni la alcuza de aceite se agotó”.
El evangelio de este domingo contrapone la altanería
de los letrados a la generosidad de una viuda pobre.
Aquellos “devoran los bienes de las viudas
con pretexto de largos rezos”.
Ésta deposita en los cepillos del templo
dos insignificantes monedas.
El relato tiene una intención
“mesiánica”.
Jesús es un profeta como Elías
y más que un profeta.
Observa los actos de las
gentes, pero, sobre todo,
descubre sus actitudes.
Jesús conoce la más honda
verdad de cada uno.
Conoce y juzga.
Nosotros valoramos a los demás por lo que tienen,
no por lo que son.
Disculpamos el mal cuando ha sido perpetrado
por los poderosos.
Y a los humildes los condenamos por nada.
Pero Jesús es justo y compasivo.
Él que es la verdad, vive en la verdad
y no se deja seducir por la mentira.
Para él vale más la interioridad del corazón
que los ademanes ampulosos de los farsantes.
“Ha echado todo
lo que tenía para vivir”.
El relato habla de Jesús,
pero habla también
de cada uno de nosotros.
Sabe valorar los gestos
más insignificantes
de las personas.
Aprecia lo que valen
la generosidad de la dádiva
y de la ofrenda.
“ Ha echado todo lo que tenía para vivir”.
Nos avergüenza ver que Jesús
está cerca de los pobres.
Hoy, más que entonces, los créditos se conceden
a los que tienen, no a los que necesitan.
“ Ha echado todo
lo que tenía para vivir”
Para Jesús la generosidad no consiste
en dar algo de lo que se tiene sino en darlo todo:
en dineros y en tiempo, en amor y en vida.
Señor Jesús,
que conoces todos nuestros gestos
y nuestras intenciones más ocultas,
renuévanos por dentro, para que
seamos agradables a tus ojos.
Amén.
José Román Flecha Andrés
PALABRA DEL SEÑOR –Salamanca
Presentación:
Antonia Castro Panero
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