Que dijo el mendigo?
Había una vez un marido que estaba triste,
desmotivado...
Su mujer había dejado de amarlo.
Una mañana de Domingo se para de la cama y se vistió
Sin tener nada que hacer, salió de casa y caminó sin
rumbo por la calle.
Hasta ese día, nunca se había dado lo triste
Que era vivir sin amor.
Después de mucho caminar durante horas, se sentó a la
sombra de un árbol en un banco de la plaza,
Con la cabeza agachada.
A su lado, se sentó un hombre que, por su aspecto,
Le pareció un mendigo.
Casi se paró para seguir su camino,
Pero la sonrisa del hombre lo detuvo.
Al poco tiempo, se entabló un diálogo y una animada
conversación que se alargó por horas.
Finalmente, el marido se levantó del banco,
Dejando algo de dinero en la mano del mendigo.
Su actitud estaba ya diferente.
Ahora, con paso enérgico, regresó a la casa,
Se tomó un baño, hizo la barba y se vistió con todo
cuidado.
Salió sin dar razones a su esposa, que ya no lo amaba,
esta se quedó curiosa con su
nueva atitud.
El marido regresó por la noche, bien tarde.
Al día siguiente, saludó gentilmente su
Mujer y se fue a trabajar.
En el regreso, se vistió unos shorts, se puso unos tenis y
luego hizo una larga caminata nocturna.
Durmió con excelente disposición.
Al día siguiente fue igual, hasta mejor.
Su mujer, que no lo amaba, y sus hijos se
sorprendieron. Parecia haber perdido la tristeza.
Ganara una força y una elegancia que la familia
nunca antes había visto.
Continuó a ser atento con su esposa pero nunca más le
pidió disculpas o explicaciones, ni tampoco le exigió que
hiciera el amor con él.
Se parasaron las semanas.
La actitud del marido continuaba firme y la disposición
optimista llenaba el hogar.
La esposa se sentía cada vez más intrigada con el cambio
del marido y empezó a tener de nuevo simpatia por sus
nuevas actitudes, sabias y moderadas.
Aunque ella persistía en no amarlo, él mejoraba su
desempeño como persona y como padre.
Ahora sus amigos lo buscaban.
Era evidente que se había transformado en un hombre
sabio.
Cuanto a mi, soy una persona profundamente curiosa,
quizá por ser escritor y fui a la misma plaza donde
estuviera el marido, con la finalidad de conseguir al
mendigo.
Pude reconocerlo de inmediato.
Sin vacilar, me senté a su lado.
Me presenté y le pregunté que le había dicho al marido.
Sonriendo me contesto el mendigo:
“Ah, ya me acuerdo... No le di mayor consejo.
Apenas le dije, que con mi experiencia de mendigo
que aprendí que nunca se debe pedir
dinero y por las mismas razones,
jamás se debe suplicar amor”.
“Esas son dos cosas que siempre
nos niegan cuando las pedimos”.
Y sonriendo, agregó:
“El dinero, la gente gana;
el amor se conquista”.
No me pedió nada.
Aún así agradecido le di una buena cuantía
de dinero.
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