MITO DEL CARRO ALADO
PLATÓN
TEORÍA DE LA REENCARNACIÓN
“Siendo el alma inmortal, y habiendo nacido muchas veces
y habiendo visto tanto lo que aquí como lo del hades(…), no
hay nada
Que no tenga aprendido: con lo que no es de extrañar que
también sobre la virtud y sobre las demás cosas sea capaz
ella de recordar lo que desde luego ya antes sabía.
Pues siendo, en efecto, la naturaleza entera homogénea, y
habiéndolo aprendido todo el alma, nada impide que quien
recuerda una sola cosa (y a esto llaman aprendizaje los
hombres), descubra él mismo todas las demás
Su es hombre valeroso y no se cansa de investigar. Porque
el investigar y el aprender por consiguiente, no son en
absoluto otra cosa que reminiscencia.”
(Platón; “Menón”)
“Bastará, pues con llamar a la primera
parte, conocimiento; a la segunda,
pensamiento; a la tercera, creencia; e
imaginación a la cuarta. Y a estas dos
últimas juntas, inteligencia. La opinión se
refiere a la generación, y la inteligencia a
la esencia; y lo que es la esencia con
relación a la generación; lo es la
inteligencia con relación a la opinión, lo es
el conocimiento con respecto a la creencia
y el pensamiento con respecto a la
imaginación”
(Platón; “La República”
“Toda alma que habiendo entrado en el séquito de la divinidad, haya
vislumbrado alguna de las Verdades quedará libre de sufrimiento
Hasta la próxima revolución, y si pudiera hacer lo mismo siempre
quedará libre de daño. Pero cuando no las haya visto por haber sido
incapaz de segur el cortejo, … queda entorpecida por el peso de una
carga de olvido y maldad, haya perdido las alas a consecuencia de
este entorpecimiento y haya caído a tierra, la ley entonces prescribe
lo siguiente: dicha alma no será plantada en ninguna naturaleza
animal en la primera generación, sino que aquella que haya visto más
será plantada en el feto de un varón amante de la sabiduría; el alma
que sigue en segundo lugar, en el de una rey obediente a las leyes; la
del tercer lugar, en el de un político; la de cuarto, en el de un hombre
amante de la fatiga corporal; la de quinto orden, habrá de tener una
vida consagrada a la de algún rito. La del sexto lugar, le irá bien la
vida de un poeta u arte de la imitación; al séptimo lugar la de un
artesano o labrador; al octavo lugar, la de un sofista y a la del noveno
lugar, la de un tirano.
(Platón; “Fedro”)
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