Università degli Studi di Milano
Sezione di Iberistica
Incontro con
Giordano Dall’Armellina
Romances di Spagna e ballate d’Europa
Percorsi di voci e poesia
Abenámar
“¡Abenámar, Abenámar,
moro de la morería,
el día que tú naciste
grandes señales había!
Estaba la mar en calma,
la luna estaba crecida;
moro que en tal signo nace
no debe decir mentira”.
Allí respondiera el moro,
bien oiréis lo que decía:
“Yo te lo diré, señor,
aunque me cueste la vida.
Porque soy hijo de un moro
y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho,
mi madre me lo decía:
que mentira no dijese,
que era una gran villanía;
por tanto, pregunta, rey,
que la verdad te diría”.
“Yo te agradezco, Abenámar,
aquesa tu cortesía.
¿Qué castillos son aquellos?
Altos son y relucían”.
“El Alhambra era, señor.
Y la otra la mezquita,
los otros los Alixares
labrados a maravilla.
El moro que los labraba
cien doblas ganaba al día.
Y el día que no los labra
otras tantas se perdía.
…Abenámar
El otro es Generalife,
huerta que par no tenía,
el otro Torres Bermejas,
castillo de gran valía”.
Allí habló el rey don Juan,
bien oiréis lo que decía:
“Si tú quisieses, Granada,
contigo me casaría:
daréte en arras y dote
a Córdoba y Sevilla”.
“Casada soy, rey Don Juan,
casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene,
muy grande bien me quería”.
El día de los torneos
El día de los torneos,
pasé por la morería
y vi una mora lavando
al pie de una fuente fría.
“Apártate mora bella,
apártate mora linda,
que va a beber mi caballo
de ese agua cristalina”.
“No soy mora, caballero,
que soy cristiana cautiva:
me cautivaron los moros
siendo chiquitita y niña”.
“¿Te quieres venir conmigo?”
“De buena gana me iría,
mas los pañuelos que lavo,
¿dónde me los dejaría?”
“Los de seda y los de holanda,
aquí en mi caballo irían
y los que nada valieren
la corriente llevaría”.
Al pasar por la frontera
la morita se reía
y el caballero le dice:
“¿De qué te ríes, morita?”
“No me río del caballo,
ni tampoco del que guía,
me río al ver estos campos
que son de la patria mía”.
Al llegar a aquellos montes,
ella a llorar se ponía.
“¿Por qué lloras, mora bella?
¿Por qué lloras, mora linda?”
…El día de los torneos
“Lloro porque en estos montes
mi padre cazar solía”.
“¿Cómo se llama tu padre?”
“¿Mi padre? Juan de la Oliva”.
“¡Dios mío! ¿Qué es lo que oigo?
Virgen Sagrada María,
pensaba que era una mora
y llevo una hermana mía”.
“Abra usted, madre, las puertas,
ventanas y celosías,
que aquí le traigo la hija
que lloraba noche y día”.
Una tarde de verano (sefardita)
Una tarde de verano
pasi por una moreria
y vi una mora lavando,
al pie de una fuente fria.
Yo le dishe: “Mora linda”,
yo le dishe “mora bella,
desha bever mis kavayos
esas aguas kristalinas”.
“No soy mora el kavayero
ke soy de Espanya nasida,
ke me kautivaron moros
día de Paskua florida”.
“Si keres venir konmigo
a Espanya te yevaria”.
“¿Y la ropa el kavayero
donde yo la desharia?”
“Lo ke es de seda y grana
en mis cavayos se iria
e lo ke non sirve a nada
por el rio tornaria”.
Al yegar a akeyos montes
la ninya suspira y yora.
“¿Porke yoras ninya bella,
porke yoras ninya linda?”
“Yoro porke en estos kampos
mi padre a kazar venia
kon mi ermanito Aleksandro
i toda su kompania”.
“Abris puertas y ventanas,
balkones y galerias,
ke por traer una esposa
vos traigo a una ermana mia”.
Tres hermanicas
Tres hermanicas eran,
blancas de rosa y ramas de flor,
tres hermanicas eran
tres hermanicas son.
Las dos eran casadas
blancas de rosa y ramas de flor,
las dos eran casadas,
la chica en perdición.
Su padre con vergüenza,
blancas de rosa y ramas de flor,
su padre con vergüenza
a Rodas la envió.
Ventanas hizo altas
blancas de rosa y ramas de flor,
ventanas hizo altas,
porque non suba varón.
Varón es que lo supo
blancas de rosa y ramas de flor,
varón es que lo supo
a la mar ya se echó.
Tres hermanicas eran,
blancas de rosa y ramas de flor,
tres hermanicas eran
tres hermanicas son.
Madrugaba el Conde Olinos
Madrugaba el Conde Olinos
mañanita de San Juan,
a dar agua a su caballo,
a las orillas del mar.
Mientras el caballo bebe,
canta un hermoso cantar,
las aves que iban volando
se paraban a escuchar.
“Bebe, mi caballo, bebe,
Dios te me libre de mal,
de los vientos de la tierra,
y de las furias del mar”.
La reina lo estaba oyendo
desde su palacio real.
“Mira, hija, como canta
la sirena de la mar”.
“No es la sirenita, madre,
que esa tiene otro cantar,
es la voz del Conde Olinos,
que me canta a mi un cantar”.
“Si es la voz del Conde Olinos,
yo le mandaré matar,
que para casar contigo
le falta la sangre real”.
“No le mande matar, madre,
no le mande usted matar,
que si mata al Conde Olinos
a mí la muerte me da”.
Guardias mandaba la reina
al Conde Olinos buscar,
que le maten a lanzadas
y echen su cuerpo a la mar.
…Madrugaba el Conde Olinos
La infantina con gran pena
no dejaba de llorar;
el murió a la medianoche,
y ella a los gallos cantar.
A ella como hija de reyes
la entierran en el altar,
y a él como hijo de condes
cuatro pasos más atrás.
De ella nació un rosal blanco,
de el nació un espino alvar;
crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar.
La reina, llena de envidia,
ambos los mandó cortar,
el galán que los cortaba
no dejaba de llorar.
De ella naciera una garza,
de él un fuerte gavilán,
juntos vuelan por el cielo,
juntos se van a posar.
Sigismondo
C’era una fija de bellezze ornata;
da dieci servitori era servita.
De lo più bello s’era ’nnamorata;
del cuor de Sigismunti era ’nvaghita.
“Sacra corona, quistu è gran vergogna,
la fija tua parlà’ con Sigismunti”.
“Statevi zitti e ’n lo fate assapere:
su la galera andatelo a metténe.
Statevi zitti e ’n lo fate assapere:
su la galera andatelo a metténe,
dopo tre jorni annatelo a trovane;
se nun è mortu fatelo morine”.
“Che séte vinuti a fa’, fratelli mia?
Séte venuti pe’ damme la vita,
o puramente pe’ damme la morte?»
«Sémo vinuti pe’ datte la morte.
Sacra corona ce l’ha comannatu”.
Sopra ’na bianca pietra fu scannatu,
ir cor dar biancu péttu jé cavarru’,
e avanti a ’Frasia bella lo portarru’.
“O ’Frasia bella, accetta ’sta pietanza,
ir cor de Sigismunti, tua speranza”.
E Frasia bella su un bianco léttu se mettea,
tre tazze de veleno se bevea.
Dopo che er padre l’andette a trovane,
“Vattene via, patre mia crudele!
Ci aveo un amante e l’ha’ fatto murine,
ci aveo un amante e l’ha’ fatto murine”.
“Sta’ zitta, fija mia; non ti inquietane:
’n antro piú bellu lu famo vinine”.
“Quello che vinirà nun è lo mio.
È mortu lo mio amor, morirò anch’io.
O patre caro, la tua fija more.
Fallo scrivere in quell’arco d’amore!
Fallo scrivere su quell’arco eterno:
«Chi more per amor non va all’Inferno!»”
La doncella guerrera
En Sevilla a un sevillano
siete hijas le dio Dios,
todas siete fueron hembras
y ninguno fue varón.
A la más chiquita de ellas
le llevó la inclinación
de ir a servir a la guerra
vestidita de varón.
Al montar en el caballo,
la espada se le cayó,
por decir “maldita sea”,
dijo “Maldita sea yo”.
El rey que lo estaba oyendo,
de amores se cautivó:
“Madre, los ojos de Marcos
son de hembra, no de varón”.
“Convídala tú, hijo mío,
a los ríos a nadar;
que si ella fuese hembra,
no se querrá desnudar”.
Toditos los caballeros
se empiezan a desnudar,
y el caballero don Marcos
se ha retirado a llorar.
“¿Por qué llora usted, don Marcos?”
“¿Por qué debo de llorar?
Por un falso testimonio
que me quieren levantar”.
“No llores, alma querida,
no llores mi corazón,
que eso que tú tanto sientes,
eso lo deseo yo”.
La muerte ocultada
Don Bosco se fue de caza,
a cazar como solía.
Los perros lleva cansados,
la caza no aparecía.
Se volvió donde su madre
con más pena que alegría,
y en el medio del camino
mal de muerte le venía.
“Lo que le digo mi madre,
respóndame, madre mía,
no se lo diga a mi esposa
hasta pasar año y día”.
“Usted”, le dijo, “mi suegra,
respóndame, suegra mía,
¿a dónde está mi Don Bosco
que él a verme no venía?”
“Tu don Bosco no está aquí,
fue a una santa romería,
y me dijo que no vuelve
hasta pasar año y día”.
Pues hoy se cumple el año,
mañana se cumple el día.
“De los vestidos que tengo
¿cuál yo mejor me pondría?”
“Ponte tu vestido negro
que muy bien que te estaría”.
“Ay, mal haya la mi suegra,
consejo que me daría.
Estar mi Don Bosco vivo
y yo de luto vestida”.
“Pues ponte el que tú quisieras
que a mí igual que me daría.”
…La muerte ocultada
Vestida iba de seda,
calzada de plata fina.
Cuando iban a la iglesia
la gente mucho la mira.
La viuda de Don Bosco,
¡oh qué linda de viudina!
“A usted le digo, mi suegra,
respóndame, suegra mía,
mucho me mira la gente
y mirarme no solía”.
“Es que como eres tan guapa
seguro les gustarías”.
Cuando entraron a la iglesia
una mala seña había.
“A usted le digo, mi suegra,
respóndame, suegra mía,
¿de quién son aquellas velas
que arden en nuestra capilla?”
“Las velas son de Don Bosco
que en la caza se moría”.
“Pues quien le dio a él la muerte,
que me quite a mí la vida”.
Y al otro día temprano
entierran la viudina.
Le roi Renaud
Le roi Renaud de guerre revint
portant ses tripes dans ses mains.
Sa mère était sur le créneau,
qui vit venir son fils Renaud.
“Renaud, Renaud, réjouis-toi!
Ta femme est accouchée d’un roi!”
“Ni de la femme, ni du fils,
je ne saurais me réjouir.
Allez, ma mère, allez devant,
faites-moi faire un beau lit blanc;
guère de temps n’y resterai:
a la minuit trépasserai.
Mais faites-le faire ici-bas,
que l’accouchée n’entende pas!”
Et quand ce vint sur la minuit
le roi Renaud rendit l’esprit.
“Ah! Dites-moi, mère m’amie,
qu’est-ce que j’entends cogner ici?”
“Ma fille, ce sont les charpentiers
qui raccommodent le plancher”.
“Ah! Dites-moi, mère m’amie,
qu’est ce que j’entends sonner ici?”
“Ma fille, c’est la procession
qui sort pour les rogations”.
“Ah! Dites-moi, mère m’amie,
que chantent les prêtres ici?”
“Ma fille, c’est la procession
qui fait le tour de la maison”.
Or, quand se fut pour relever,
a la messe elle voulut aller;
et quand ce fut passé huit-jours,
elle voulut faire ses atours.
“Ah! Dites-moi, mère m’amie,
quel habit prendrai-je aujourd’hui?”
“Prenez le vert, prenez le gris,
prenez le noir pur mieux choisir”.
…Le roi Renaud
“Ah! Dites-moi, mère m’amie,
ce que ce noir là signifie?”
“Femme qui relève d’enfant,
le noir lui est bien plus séant”.
Mais quand elle fut parmi les champs,
trois pastoureaux allaient disant:
“Voilà la femme de ce seigneur
que l’on enterra l’autre jour!”
“Ah! Dites-moi, mère m’amie,
que disent ces pastoureaux-ci?
“Ils disent d’avancer le pas,
ou que la messe n’aura pas”.
Quand elle fut dans l’église entré,
le cierge on lui présenté;
aperçut, en s’agenouillant,
la terre fraîche sous son banc.
“Ah! Dites-moi, mère m’amie,
pourquoi la terre est fraîche ici?”
“Ma fille, ne puis plus le celer:
Renaud est mort et enterré”.
“Renaud! Renaud, mon réconfort!
Te voilà donc au rang des morts!
Divin Renaud, mon réconfort,
te voilà donc au rang des morts!
Puisque le roi Renaud est mort,
voici les clefs de mon trésor,
prenez mes bagues et mes joyaux,
nourrissez bien le fils Renaud!
Terre ouvre-toi! Terre, fends-toi!
Que j’aille avec Renaud mon roi!”
Terre s’ouvrit, terre fendit,
et fut la belle engloutie.
Re Gilardin
Re Gilardin, lü ‘l va a la guera,
lü el va la guera a tirar di spada.
(bis)
O quand l’è stai mità la strada
re Gilardin l’è restai ferito.
Re Gilardin ritorna indietro
dalla sua mamma vò ‘ndà a morire.
O tun tun pica a la porta:
“O mamma mia che mi son morto”.
“O pica pian, caro ‘l mio figlio,
che la to dona ‘l g’à ‘n picul fante”.
“O madona, la mia madona,
cosa vol dire ch’i cantan tanto?”
“O nuretta, la mia nuretta,
i g’fan ‘legria ai soldati”.
“O madonna, la mia madona,
disem che moda ho da vestirmi?”
Vestiti di rosso, vestiti di nero,
che le brunette stanno più bene.
“O quand l’è stai ‘nt l üs de la chiesa
d’un cirighello si l’à incontrato.
“Bundì, bongiur, an vui vedovella”.
“O no no no, che non son vedovella,
‘g ő ‘l fante in cüna e ‘l marito in guera”.
“O sì sì sì, che voi sei vedovella,
vostro marì l’è tri dì che ‘l fa terra”.
“O tera, o tera, apriti ‘n quatro
volio vedere il mio cuor reale”.
“La tua boca la sa di rose
‘nvece la mia la sa di terra”.
La esposa infiel
Estaba una señorita
sentadita en su balcón,
que que con el oritín,
que que con el oritón,
esperando que pasara
el segundo batallón.
Pasó por allí un soldado
de muy mala condición.
“Suba, suba, caballero,
dormirá una noche o dos.
Mi marido está de caza
en los montes de León,
y para que no regrese,
le echaré una maldición:
que se caiga del caballo
y muera sin confesión”.
Estando en estas palabras,
el maridito llegó:
“Ábreme la puerta, luna,
ábreme la puerta, sol,
que te traigo un conejito
de los montes de León”.
Bajaba por la escalera,
cambiadita de color.
Al entrar en el portal,
el marido preguntó:
“¿De quién es aquella capa
que en mi percha veo yo?”
“Tuya, tuya, maridito,
que te la he comprado yo”.
“¿De quién es aquel sombrero
que en mi percha veo yo?”
…La esposa infiel
“Tuyo, tuyo, maridito,
que te lo he comprado yo”.
Se fueron para la cama,
y una cabeza encontró.
“¿De quién es esa cabeza
que en mi cama veo yo?”
“Del niño de la vecina
que en mis brazos se durmió”.
“¡Caramba con el chiquillo,
tiene barba como yo!”
Le cogió por la cabeza,
le tiró por el balcón.
Il marito giustiziere
“Chi è, chi è che bussa
le porte al mio portò?”
“So’n cavalier di Francia
con tutto il battagliò”.
Si alza in camicella
presto je va ad aprì,
con una mano apre
con l’altra riverì.
“Dimmi, dimmi, Rosina
Dov’è lo tuo marì?”
“Lo mio marito è in Francia
non pozza arìvenì.
La nave che lo porta
lo pozza fa annegà,
la terra che lo regge
lo pozza sprofondà.
Il pane che si mangia
lo pozza intossicà,
il vino che si beve
lo pozza avvelenà.”
“Zitta, zitta, Rosina,
t’avesse da sentì.”
Rosina dié uno sguardo,
riconobbe il suo marì.
Je se buttò a li piedi
je lo chiese il perdo’.
“Io non perdono a donne,
so’ tutte tradito’.”
Prese la spada in mano
e la testa je tajò.
La testa fece un salto
e la sala rimbombò.
…Il marito giustiziere
Lì sopra a quella testa
ci nascerà un bel fior.
È il fior della Rosina
che è morta per amor.
È il fior della Rosina
che è morta per amor.
El prisionero
Que por mayo era, por mayo,
cuando hace más calor;
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor.
Cuando los enamorados
van a servir al amor.
Pero yo, triste y cuitado,
me veo en esta prisión,
que ni sé cuando es de día,
ni cuando las noches son
si no es por una avecilla
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero;
dele Dios mal galardón.
Gerineldo (versión de Segovia)
“Gerineldo, Gerineldo,
mi camarero pulido,
¡cuántas horas de la noche
dormiría yo contigo!
A las diez se acuesta el rey,
a las doce está dormido;
entre la una y las dos
puedes pasar al castillo.”
Entre la una y las dos
han dado un grande silbido.
“Gerineldo soy, señora,
que viene a lo prometido.”
Le ha agarrado de la mano,
en su cuarto le ha metido,
entre caricia y caricia
estos se quedan dormidos.
El rey que se lo presume
en su cuarto se ha metido
con zapatitos de seda
que nada ha sido sentido.
El rey que se lo imagina
en su cuarto se ha metido,
vio a su hija y Gerineldo
como mujer y marido.
“Meteré la espada en medio
pa’ que sirva de testigo.”
La frialdad de la espada
la princesa la ha sentido.
“Despiértate, Gerineldo,
despierta desaterido,
que la espada de mi padre
entre los dos ha dormido.”
…Gerineldo
“¿Dónde vienes, Gerineldo,
tan triste y descolorido,
que ese color de las cosas
todo ha desaparecido?
¿Dónde vienes, Gerineldo,
que vienes despavorido?”
“Vengo por estos jardines
cortando rosas y lirios.”
“No me mientas, Gerineldo,
con la princesa has dormido;
antes de los nueve meses
tendrás que ser su marido.”
Sildana
Sildana se va paseando
por su corredor arriba,
mejor canta, mejor baila,
mejor romance echaría.
Su padre la está mirando
por mirador que tenía.
“Oh, qué bien te está, Sildana,
la ropa de cada día;
más que a tu madre y la reina
el oro y la peregrina.
¡Quién te tuviera, Sildana,
una hora por ser mía!”
“Aquí me tenéis, mi padre,
una hora y toda la vida”.
Sildana bajó pa’ bajo
marchita y descolorida.
“¿Qué tienes, hija, Sildana?
¿Qué tienes, hija querida?”
“Que mi padre, el ingrato,
quiere quitar la honra mía”.
“Trae acá tu ropa, toma
para allá la mía,
que voy a dar con tu padre
allá, a la cama florida”.
“Entra pa’ dentro, Sildana,
entra pa’ dentro, hija mía,
que si te encuentro doncella
has de ser la más querida,
y si te encuentro ocupada
aquí te quito la vida”.
“¿Cómo me encuentras doncella,
si fui tres veces parida?
Tuve a tu hijo don Carlos,
tuve a tu hijo don García,
tuve a tu hija Sildana,
tanto tuya como mía”.
¿Dónde vas, Alfonso XII?
“¿Dónde vas, Alfonso XII,
dónde vas triste de ti?”
“Voy en busca de Mercedes,
que ayer tarde no la vi”.
“¿Dónde vas, Alfonso XII,
dónde vas triste de ti?”
“Voy a buscar a Mercedes,
que ayer tarde no la vi”.
“Si Mercedes está muerta,
muerta está que yo la vi,
cuatro duques la llevaban,
por las calles de Madrid.
Su carita era de rosa,
sus manitas de marfil,
y el velo que cubría,
era un rico carmesí.
Los zapatos que llevaba
eran de rico charol,
regalados por Alfonso,
el día que se casó.
Los faroles del palacio
no nos quieren alumbrar
porque se ha muerto Mercedes,
y luto quieren guardar.
Llora, llora, Alfonso XII,
y no dejes de llorar,
que reina como Mercedes,
no volvieras a casar”.
El testament
La reina estava malata,
la filla d’un rei francés.
Anaven a visitar-la
comtes, ducs i cavallers.
Ai, el meu cor se’m nua
com un pom de clavells.
En això va entrar sa maire
cum una que no en sap res:
“Filla de la meua filla,
quin és el mal que tu tens?”
“Mare de la meua mare,
el meu mal vòs el sabeu.
M’hau donat un melecine:
no vos pot perdonar Déu”.
“Filla de la meua filla,
a mi què és lo que em deixeu?”
“Mare de la meua mare,
d’este palau no és res meu.
Nou castells que tinc a França
els nou tinc per complet meu.
Tres en deixaré als pobres,
Pobrets per l’amor de Déu.
I tres li’n deixe a en Carles,
en Carles que és germà meu,
i tres en deixe als flares
per a allumenar a Déu”.
“Filla de la meua filla,
a mi, qué ès lo que em deixeu?”
“Maire de la meua mare,
un dogal p’a que us pengeu”.
I testi delle ballate,
spesso raccolti personalmente
da Giordano Dall’Armellina,
possono differire, anche sensibilmente,
da quelli pubblicati nelle varie antologie
del romancero
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