1º DOMINGO
DE
CUARESMA
EN EL
DESIERTO
Las Lecturas
nos introducen
en el camino
de la renovación
del Bautismo
y nos llaman
a la conversión.
La 1ª Lectura evoca
el Diluvio, el 1er BAUTISMO.
Comenzamos a leer la Historia de la salvación
a partir del episodio del Diluvio,
cuando Dios salvó al justo Noé y su familia
e hizo la primera Alianza con la humanidad.
El Diluvio fue
el gran
bautismo
de todo
el Universo.
El arco iris dejado por Dios en el cielo
fue la señal de esa Alianza,
de ese abrazo entre el cielo y la tierra,
entre Dios y los hombres.
La 2ª Lectura,
nos recuerda
que las aguas
purificadoras
del Diluvio
son imagen
de las aguas
purificadoras
del Bautismo.
En el Evangelio, Jesús,
proclama
la gracia
del Reino
llamando
a los hombres
a la conversión.
El episodio
de las TENTACIONES de Jesús
en el DESIERTO,
más que de una narración histórica,
se trata de una Catequesis.
En aquel tiempo, el Espíritu empujó
a Jesús al desierto.
Se quedó en el desierto cuarenta días
dejándose tentar por Satanás;
vivía entre
alimañas
y
los ángeles
le servía.
Cuando arrestaron a Juan,
Jesús se marchó a Galilea
a proclamar el Evangelio de Dios.
Decía:
Se ha cumplido
el plazo,
está cerca
el reino de Dios:
convertíos
y creed
en
el Evangelio.
Salmo 24
Tus sendas, Señor,
son misericordia y lealtad
para los que guardan tu alianza.
Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres
mi Dios y Salvador.
Tus sendas, Señor,
son misericordia y lealtad
para los que guardan tu alianza.
Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas.
Acuérdate de mí, con misericordia,
por tu bondad, Señor.
Tus sendas, Señor,
son misericordia y lealtad
para los que guardan tu alianza.
El Señor es bueno, es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes
con rectitud,
enseña su camino a los humildes.
Tus sendas, Señor,
son misericordia y lealtad
para los que guardan tu alianza.
Tu Palabra me da vida,
confío en ti, Señor.
Tu Palabra es eterna,
en ella esperaré.
No sólo
de pan
vive el
hombre,
sino de
toda palabra
que sale
de la boca
de Dios.
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