Coment. Evangelio Mt. 16. 13-19 S. Pedro y S. Pablo
Ciclo A. 29 Junio 2014
+Jesús Sanz Montes. Arzobispo Oviedo
Música: Tim´s Lullaby
Montaje: Eloísa DJ
Avance Manual
TEXTO BÍBLICO Mt. 16. 13.19
Confesión de fe y primado de Pedro
13 Al llegar a la región de Cesárea de Filipo, Jesús
preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo
del hombre?».
14 Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros
que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
yo?».
15 Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy
16 Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el
Mesías, el Hijo del Dios vivo».
17 Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón,
hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni
la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
18 Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta
piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la
derrotará.
19 Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que
ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates
en la tierra quedará desatado en los cielos».
Llegados a final de junio, podríamos decir que suena a examen
de fin de curso el interrogatorio que el Evangelio de este día
nos presenta, o tal vez una encuesta improvisada.
¿Quién dice la gente por ahí que es el Hijo del
hombre?
¿Y vosotros quién decís que soy
yo?
Ayer como hoy, las respuestas
de la gente serán variopintas e
incluso extravangantes.
La gente
puede decir
¡tantas cosas!
cuando se
pone a definir
a Jesús desde
una clave
inadecuada,
incluso cuando hacen gala de una
teología que no se vive en comunión
leal y filial con la tradición de la
Iglesia.
De ahí la segunda pregunta
de Jesús: esto es lo que
dice la gente, pero...
"y vosotros, ¿quién decís que
soy yo?".
Porque, obviamente, tan sólo quien convive con una
persona, tan sólo quien ha entrado en su intimidad
puede decir con verdad quién es.
La gente que no se
mueve en esta
experiencia de
conocimiento
cercano, puede
opinar lo que quiera
pero
demasiadas
veces lo hace
con atrevido
oportunismo,
con ignorante
ignorancia, o
con interés
ideológico.
Pedro dirá:
"tu eres el Hijo de
Dios vivo".
En ese examen Jesús le puso
buena nota, la mejor: haberle
dicho que el mismo Padre Dios
había hablado por su boca.
Y a continuación le
cambiará para
siempre de nombre:
de Simón a
Cefas, Piedra,
y sobre esa
Piedra de
Pedro, Jesús
edificaría su
Iglesia.
Sin duda que
fue una
hermosa
definición la
de Pedro.
Porque hay otros dioses que no están
vivos:
tienen boca pero no hablan, tienen
ojos pero no ven, oídos pero no oyen.
Dioses de
conveniencia, que
no molestan ni
exigen conversión,
que sólo
entretienen en
dudosas
devociones;
dioses de adorno
y costumbrismo.
Pedro se ha encontrado con el Dios vivo y verdadero.
Responder que
Jesús es el
Hijo de Dios
vivo, no en una
definición
teórica y
aprendida, que
se repite sin
saber lo que se
dice,
sino dar esa respuesta cuando
trabajamos y cuando descansamos,
cuando amamos, cuando nos
alegramos,
cuando sufrimos y
lloramos, cuando nos
rodea la gracia o
cuando nos acorrala
la desgracia.
Jesús no ha sido enviado por el Padre como un objeto de
curiosidad o de fácil beneficencia;
su Persona y su Palabra no son para fomentar el espectáculo de
una atracción milagrera,
sino que más bien son para
reconocer el acontecimiento de
una novedad que puede cambiar de
raíz la vida,
el germen de
algo nuevo que
puede surgir en
quienes y entre
quienes
reconocen en Él
el don del Dios
vivo por
excelencia.
FIN
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