El Museo del Louvre ocupa
un palacio que tuvo como
origen una fortaleza medieval
que terminó siendo residencia
real durante un corto espacio
de tiempo (en el siglo XIV con
el Carlos V francés).
A partir de aquí la historia del Louvre está cimentada en el interés
(o desinterés) de los sucesivos monarcas que gobernaron Francia
a lo largo de los siglos. Hubo quien luchó por construir un gran
Palacio al lado del Jardín de las Tullerías (en la imagen) como
Enrique IV o su hijo Luis XIII o quienes prefirieron otros palacios
en los que habitar (como Luis XIV con su Palacio de Versalles).
El Louvre de hoy (como el París de hoy) no se entiende sin la
participación de Napoleón III en el siglo XIX. Sus arquitectos
derribaron las casas que se habían construido entre los palacios,
remozaron fachadas y edificios, completaron la obra... Napoleón
III inauguró el nuevo Louvre en agosto de 1857
La riqueza artística que atesora el museo, resultado del
coleccionismo desarrollado por la monarquía francesa, el
esfuerzo de los hombres de la Ilustración, la labor
desamortizadora de la Revolución francesa y las campañas
arqueológicas y compras impulsadas durante todo el siglo XIX,
es inabarcable.
La colección del Antiguo Egipto es
sólo inferior a la del Museo de El
Cairo, y entre sus miles de piezas
podríamos destacar:
Igualmente valiosa es la colección
del Oriente Próximo, con piezas
tales como:
A pesar de esta
abundancia, mi recuerdo
más impactante de la
visita fue la “Victoria de
Samotracia”, una
fabulosa escultura
helenística.
Aunque mucho más
conocida es, sin duda, la
Venus de Milo, también
de la misma época.
Dos obras maestras del arte medieval tardío (siglo XV). Sólo por
volver a verlas merecería la pena el viaje a París:
Tumba de Philippe Pot.
La Virgen del canciller Rollin, de Jan van Eyck
Ir al Louvre y no ver la Mona Lisa es casi inconcebible,
aunque no debéis olvidaros de otras grandes pinturas
de Leonardo que se encuentran allí.
La Bella Ferroniére
La Virgen de las rocas
Santa Ana, la Virgen y el Niño
Hay muchas otras obras
renacentistas, pero mi
preferida es este retrato
de Baltasar de
Castiglione, realizado por
Rafael en 1515
Del Barroco seleccionaremos cinco obras, una por país:
Italia. Caravaggio: La muerte de la
Virgen 1606
Holanda. Rembrandt: El buey
desollado,
Inglaterra. Van Dyck. Carlos I de
Inglaterra.1635
Francia. Georges de la Tour. San José
carpintero. 1642
Y como representación española
en el Louvre, yo destacaría este
naturalista cuadro de Murillo
“Niño
despiojándose”
Del s. XVIII destaca toda la pintura Rococó francesa, con nombres de la talla
de:
RIGAUD
Aunque os muestro aquí algunos ejemplos
de esculturas de esta época:
Niño de la jaula..Pigalle.1749
Domador de caballos.Coustou.1745
Eros y Psique. Cánova. Aprox. 1790
Evidentemente, uno de los platos fuertes del museo es
la pintura francesa de la primera mitad del XIX; sería
imperdonable no contemplar con detenimiento las
grandes obras de David, Ingres, Delacroix, Gericault,…:
J.L.David. “Juramento de los Horacios” 1784 o.s.l. 330x425
David. Retrato de Madame Recamier 1800 ol.s.l. 174x224
David. Coronación en Nôtre-Dame del
emperador Napoleón 1805 Ol.s.l. 629x979
Ingres. Monsieur Bertin 1832 Ol.s.l. 116x96
Ingres. La gran Odalisca 1814 Ol.s.l. 91x162
Ingres. Bañista de Valpinçon 1808 Ol.s.l. 146x98
Ingres. La fuente 1856 Ol.s.l. 163x80
Delacroix. La libertad guiando al pueblo 1830 Ol.s.l. 260x325
Delacroix. Autorretrato 1839 Ol.s.l. 65x54
Gericault. La balsa de la Medusa 1819 Ol.s.l. 491x717
Gericault. Oficial de cazadores de la guardia imperial 1812 Ol.s.l. 349x266
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