El monte Carmelo, a
cuya extraordinaria
belleza compara a
su Esposa el Cantar
de los Cantares, es
de sabor netamente
bíblico. La fiesta
litúrgica recoge la
narración bíblica
que se entreteje
entre Elías, el
Carmelo y María.
A Ella, a Santa María, los
ermitaños del monte
Carmelo levantaron
una célebre capilla, meta
de peregrinaciones a
fines del siglo XI, o
principios del XII. Con
ello no hacían más que
ponerse bajo
su patronato, o, como
entonces se decía, bajo
su título. Más adelante se
unirá, formando una sola,
la doble idea: MaríaCarmelo.
En marzo de 1958 el conocido arqueólogo franciscano
padre Belarmino, Bagatti comenzó las excavaciones
junto a la llamada "Fuente de Elías" y unos meses
después descubría los cimientos y parte de los muros
de una capilla de 22,30 por 6,25 metros, y junto a ella
una pared de dos metros y medio de ancha que parece
ser restos del primitivo monasterio de San Brocardo.
Se le apareció la Bienaventurada Virgen
acompañada de una multitud de ángeles,
llevando en sus benditas manos el Escapulario
de la Orden y diciendo estas palabras: "Este será
privilegio para ti y todos los carmelitas, quien
muriere con él no padecerá el fuego eterno, es
decir, el que con él muriere se salvará".
España fue la primera en obtener del papa Clemente X,
el 1674, el permiso para celebrar esta festividad en
todos los dominios del Rey Católico. A esta petición
siguieron otras muchas, hasta que el 24 de septiembre
de 1726 Su Santidad Benedicto XIII la extendía a toda la
cristiandad .
“María, en efecto, antes y de modo insuperable, creyó
y experimentó que Jesús, Verbo encarnado, es el
culmen, la cumbre del encuentro del hombre con Dios”,
y “acogiendo plenamente la Palabra, “llegó felizmente
a la santa montaña” y vive para siempre, en alma y
cuerpo, con el Señor”. (Benedicto XVI)
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