SAN JOSÉ
PIGNATELLI
Pase de diapositivas manual
A veces se le ha llamado “el último jesuita”.
Y lo fue en cierto modo de los jesuitas del
siglo XVIII.
En el siglo XVIII, los principales reyes
europeos expulsaron a los jesuitas de sus
territorios: Portugal, Francia, España…
Y posteriormente, consiguieron del Papa que
suprimiera la orden de la Compañía de
Jesús.
A José Pignatelli, un hombre santo, y a la vez
muy listo y muy culto,
le tocó la misión de mantener el ánimo y las
esperanzas entre sus hermanos jesuitas, y
mantener el deseo de rehacer su vida
religiosa…
Los jesuitas fueron otra vez aprobados al
comienzo del siglo XIX.
Veamos cómo fue
la historia de
JOSÉ PIGNATELLI
Nació en Zaragoza, en 1737,
hijo de una familia noble
procedente de Italia.
Eran siete hermanos, con el
que más convivió fue con
Nicolás, el siguiente a él, que
también sería jesuita.
Vivían cerca de lo que hoy es
la Basílica de la Virgen del
Pilar que entonces se hallaba
en construcción.
Cuando los dos hermanos
tenían
9 y 10 años, ya habían muerto
sus padres.
Los cuidó la hermana más
mayor que los puso a vivir
internos en el colegio de
jesuitas de Zaragoza.
Fueron dos buenos alumnos.
José destacaba por su
religiosidad y su espíritu de
colaboración
En 1753, con tan solo 16
años, ingresa en la
Compañía de Jesús, y realiza
los estudios de los jesuitas
de aquella época hasta ser
ordenado sacerdote en 1762.
Tiene 25 años.
Empieza siendo profesor de
niños en el colegio de
Zaragoza.
En sus ratos libres, visita
enfermos en los hospitales,
habla con los presos de la
cárcel y va a los barrios pobres
de la ciudad.
¡Pero…!
El 3 de abril de 1767,
a las cinco de la mañana
y por sorpresa,
los soldados del Rey
ocupan el colegio,
reúnen a todos los
jesuitas y se les lee un
decreto real que los
expulsa de España.
Se les permite solo llevar
un libro de rezos y un
poco de ropa. Y salen
para Tarragona donde
tomarán un barco.
Pignatelli empieza a ser
el que consuela y anima
a sus compañeros en
este destierro.
Son amontonados en unos
veleros demasiado
pequeños para el número
de los que son.
Se dirigen a los territorios
del Papa, en Italia, y
durante 48 días no les
permiten desembarcar en
ningún puerto por los que
pasan.
José Pignatelli ha sido
puesto como superior de
todos estos desterrados.
Tiene 33 años.
Su hermano mayor, que es
embajador del Rey, les propone
a los dos hermano jesuitas que
dejen la Compañía y que él les
ayudará.
José le contesta: ”Te ruego que
no hagas nada en Roma para
conseguirme algún privilegio.
No dejaré la Compañía aunque
tuviese que perder mil veces la
vida” (8 julio 1767)
Después del primer
desembarco en Córcega,
vuelven a ser expulsados de
la isla.
No los acogen en ningún
puerto, permanecen
encerrados en los barcos,
muchos están enfermando.
Al fin se asientan en Ferrara
en octubre de 1768, año y
medio después de salir de
Zaragoza.
Su hermano mayor sigue
presionando para que salgan
de jesuitas.
Como superior y responsable
de sus compañeros, se
encarga de buscar casas,
reorganizar los estudios,
conseguir libros,
alimentación… Y organiza
también sus reuniones
comunitarias, sus ejercicios
espirituales…
Continúa siendo el apoyo y el
consuelo de todos, así como
el consejero de aquellos
compañeros de infortunio.
Nuevamente la presiones de los
reyes europeos sobre el Papa,
consiguen que en 1773
Clemente XIV firme un
documento de supresión de los
jesuitas.
23.000 jesuitas de todo el mundo
dejaban de serlo y perdían sus
casas y sus bienes. El P. General
era encarcelado en Roma.
José Pignatelli sigue siendo el
que consuela y anima y ayuda lo
que puede con dinero de sus
parientes.
Se deja ayudar por su hermano
mayor y se instala en Bolonia
con su hermano Nicolás.
En Bolonia se dedica a la
oración y el estudio, reúne una
buena biblioteca y hasta se
dedica a la pintura.
Su hermano enferma y se
trastorna, y le toca cuidarlo y
protegerlo hasta su muerte en
1804.
Pero resultó que la reina de
Rusia, Catalina II que no era
católica, no obedeció al
Papa y no cumplió el decreto
de supresión de los jesuitas.
La Reina quería que
siguiesen atendiendo los
colegios. El Papa terminó
tolerando aquella Compañía
de Rusia.
Algunos jesuitas de Italia se
unieron a los Rusia hasta
que prohibieron recibir a
más forasteros. Pignatelli
también quiso ir…
Consiguió, al menos, repetir
legalmente su votos
vinculado a los de Rusia,
¡Volvía a ser jesuita!
Poco a poco fue cambiando la
actitud hacia los jesuitas, y en
varias ciudades los vuelven a
desear para los colegios.
El Papa autoriza en 1779 a
recibir nuevos miembros en
Italia dependiendo de Rusia.
Pignatelli es nombrado
Maestro de Novicios.
Y en 1803 se le nombra
Provincial de Italia.
“Los méritos del P. Pignatelli
eran la caridad para recibir,
el entusiasmo para animar, el
cuidado para proveer a todos
y la suavidad para hacer
revivir el espíritu jesuita. Los
ejercicios de San Ignacio, el
arma principal.”
De su unión con Dios por la
oración, sacó fuerzas para
perseverar a pesar de todo, y
esperar contra toda
esperanza
Viendo cerca su final, en 1811
nombra otro provincial y se
dispone a morir.
Falleció el 16 de noviembre
de 1811.
LA RESTAURACIÓN DE
LA COMPAÑÍA DE JESÚS,
QUE TANTO DESEÓ ÉL Y
POR LA QUE TANTO
TRABAJÓ,
SE PRODUJO EN
AGOSTO DE 1814
POR UNA BULA
DEL PAPA PÍO VII.
En 2014 estamos de aniversario.
Bicentenario de la Restauración de
la Compañía de Jesús
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