Tösen från Stormyrtorpet («La muchacha de Stormyr», o «La muchacha de la pequeña granja»;
Stormyrtorpet = granja pequeña), dirigida por Victor Sjöström en el verano de 1917.
Productora: Svenska Biografteatern.
Guión: Victor Sjöström, según la novela homónima de Selma Lagerlöf (1908).
Fotografía: Henrik Jaenzon.
74 m. Muda. B/N. 290 escenas. 90 rótulos. Drama en cinco actos. Esta película ha sido restaurada por el
Swedish Film Institute.
Reparto:
Greta Almroth: Helga Nilsdotter.
Lars Hanson: Gudmund Erlandsson, propietario de Närlunda.
Karin Molander: Hildur Persson. Interpreta a Marthe Charpentier en Erotikon (1920).
Nils Arehn: el juez. Interpreta a Björn Bergstéinsson en Berg-Ejvind (1918).
Josua Bengtson: el agente de policía.
Georg Blomstedt: Erik Persson, el padre de Hildur.
Jenny Tschernichin-Larsson: la madre de Hildur.
Thekla Borgh: la madre de Helga.
William Larsson: el padre de Helga.
Concordia Selander: Ingeborg, la madre de Gudmund. Trabajó después en Herr Arnes Pengar.
Hjalmar Selander: Erland Erlandsson, el padre de Gudmund. Trabajó después en Herr Arnes Pengar.
Gösta Cederlund: Per Mårtensson.
Edla Rothgardt: la esposa de Per Mårtensson.
El crítico sueco Bengt Idestam-Almquist, en su estudio de 1952 titulado Cine sueco: drama y
renacimiento (Buenos Aires, Losange, 1958), explica lo siguiente en el capítulo VIII (págs. 123127):
El rodaje de Tösen från Stormyrtorpet tuvo lugar durante un descanso en el rodaje de Berg-Ejvind. Su longitud es
menor que la de este último filme: cinco actos, lo habitual entonces en Suecia. La idea de filmar una película basada
en un libro de Selma Lagerlöf se le ocurrió a una señora del norte de Suecia. Escribió a Sjöström, y éste lo pensó
despacio. Por su lado, estaba decidido a aceptar: el tema era de su agrado, con personajes vivos y reales, y una acción
simple y simpática. El problema consistía en qué pensaría la escritora. Se decía por entonces que la ganadora del
Premio Nobel de Literatura de 1908 era una mujer difícil de tratar. Victor Sjöström envióle una carta. La respuesta de
Selma no contenía nada que pudiese espantar al realizador. Sjöström puso manos a la obra y reelaboró el argumento
con la ayuda de un colaborador. La película pone claramente de manifiesto la diferencia entre los filmes suecos
precedentes y los correspondientes a la llamada «edad áurea». La novela de Selma Lagerlöf posee el sentido de la
acción. Aparentemente, la novela era una novela «amarilla», como las de Agatha Christie. Pero Selma Lagerlöf supo
agregarle las convenientes complicaciones, especialmente de carácter interior, a fin de mantener tensos los nervios
del público. Lo que sobre todo interesaba a Selma Lagerlöf, en torno de la acción fundamental, son las personas, con
sus pensamientos, sentimientos y reacciones diversas. Obtener un retrato de los personajes y de cómo reaccionan en
sus enfrentamientos recíprocos: éste era su concepto fundamental, y justamente en él estriba la diferencia entre
literatura amena y barata literatura amarilla, entre Selma Lagerlöf y Agatha Christie. Ambas especies de novelas
tienen el propósito de tener en tensión al lector, pero cada una trata los temas de manera diversa. La poesía que
hallamos en la obra de Selma ayuda a comprender el mundo interno de los hombres. Es de admirar la inteligencia de
Selma, que ha sabido crear una intriga tan perfecta. Su intención era poner en evidencia el amor a la justicia, la
santidad del juramento, el bien del prójimo, el heroísmo y la autoeducación que existe en todos nosotros y que
despierta un eco en los demás. Las acciones buenas y puras sólo crean acciones también buenas y puras. Por ello, la
intriga delictuosa asume una importancia secundaria, mientras que es fundamental la descripción de los hombres;
como, por ejemplo, la de una pobre joven despreciada que demuestra valor y nobleza de sentimientos. Y aquí
tenemos la diferencia entre los viejos filmes suecos y los grandes filmes nuevos. Los viejos eran baratas historias
populares, folletines con personajes privados de alma. Ahora, en los grandes filmes nuevos, aún podía encontrarse
una intriga popular que mantuviese en tensión al espectador; pero los acontecimientos interiores desempeñaban un
papel predominante. Creábanse caracteres humanos; no hombres indeterminados, sino hombres vivos y verdaderos.
El guión de Tösen från Stormyrtorpet es un auténtico modelo de claridad y simplicidad. Largas secuencias
son explicadas sin interrupciones. En ciertos momentos particularmente importantes se emplean encuadres de
detalle. En una oportunidad, se ve una imagen que se repetirá luego en numerosos filmes. Por ejemplo:
Escena 30. Primerísimo plano de los pies de Helga, calzados con grandes y rudas botas, hundidas en el cieno
del pantano.
Cuando el plan de trabajo estuvo listo, Sjöström guardó los originales en su cartera y partió una mañana hacia
la región de Dalecarlia (Dalarna, en el centro de Suecia), donde entonces vivía Selma Lagerlöf. Inquieto y
nervioso como en un día de estreno, llamó a la puerta. La escritora lo recibió muy gentilmente, y tuvo
palabras de elogio para el filme Terje Vigen, que había visto no hacía mucho; restableció la tranquilidad en
Victor Sjöström. Se sentaron en la gran biblioteca y él extrajo el guión de La muchacha de Stormyr. Selma
escuchó en silencio y sin interrupciones. Sjöström, a medida que leía, sentía disminuir su inquietud, porque le
parecía respirar en el aire la satisfacción de ella. En verdad fue así. El guión gustó a la escritora. No tenía
ningún inconveniente en que el libro fuera llevado al filme. Durante la cena, Selma dio consejos para algunas
escenas. Y cuando, bien entrada la noche, la escritora y el director se separaron, participaban del más perfecto
acuerdo. Fue la primera vez que se encontraron, pero no la última. A lo largo de todos los filmes que
posteriormente realizaron juntos, entre Selma Lagerlöf y Victor Sjöström se mantuvo la misma cordialidad.
Comenzaron a filmar a principios del verano de 1917, en Dalarö, localidad situada al sur de Estocolmo. Greta
Almroth (Helga) tuvo como antagonista al joven Lars Hanson (Gudmund); Hanson era en la ficción el
prometido de Karin Molander (Hildur), su futura mujer en la vida real. Los tres, más adelante, tomarían el
camino de Hollywood. A mitad de julio, Sjöström volvió a Estocolmo con toda su compañía. En las cajas
llenas de película, aseguradas contra incendio, se hallaba el primer resultado de un estilo nuevo y personal,
que tenía sus orígenes en Terje Vigen, que continuó en Berg-Ejvind («Los proscritos») y floreció luego con el
ciclo de Los hijos de Ingmar. A finales de julio, el filme estaba terminado. Cuando lo vieron, tanto Greta
Almroth como Victor Sjöström se desilusionaron. No era lo que ellos esperaban. Sin embargo, el filme es un
hito en la carrera de su autor y lo dio a conocer en los Estados Unidos de América. En el exterior se
vendieron setenta copias.
Argumento:
En una pequeña granja, bajo un gran bosque y junto a un pantano que da nombre al lugar, vive una
muchacha, Helga Nilsdotter, junto con sus padres. Son unos granjeros pobres. Helga ha tenido un bebé,
después de haber sido seducida por un rico granjero, Per Mårtensson. Como éste no está dispuesto a
reconocer al pequeño, el padre de Helga toma la decisión de demandarlo, a pesar de la oposición de su
hija. Nilsdotter se presenta en casa de Mårtensson, conocida como la granja del oeste, y, delante de la
avergonzada y humillada esposa del rico propietario, le insta por última vez a que reconozca al
pequeño. Ante la expresiva negativa de Mårtensson con un movimiento de cabeza, Nilsdotter le
advierte que se verán en los tribunales. Llega el día del juicio, que se celebra en la cercana localidad de
Älvåkra. Antes del juicio, una toma nos presenta el interior de la gran casa de Närlunda, la rica
propiedad de Erland Erlandsson y de su esposa Ingeborg, quienes viven con su hijo Gudmund. Erland
es un hombre callado y taciturno, pero recto y de firmes principios morales. Ingeborg lleva bastante
tiempo inválida, anclada a un sillón. En cuanto al joven y apuesto Gudmund, posee un noble corazón,
que por ahora pertenece a Hildur, su prometida, hija del más rico propietario de la comarca, Erik
Persson.
Durante la sesión del juicio, que se celebra en la localidad de Älvåkra, Helga, quien, avergonzada, ha
estado un rato, sola, de pie a la entrada, resistiéndose a penetrar en la sala, finalmente es conducida al
interior. Allí asiste atónita a lo que Per Mårtensson está dispuesto a hacer: nada menos que jurar ante la
Biblia que él no es el padre de la pequeña criatura. Instantes antes, el juez, que es un hombre honrado,
ha tenido que acallar las risas de la concurrencia, humillantes para la desdichada Helga. Pero ésta, que
también es una muchacha temerosa de Dios y de firmes principios morales, ante el perjurio que su
seductor está dispuesto a llevar a cabo, arrebata de improviso las Sagradas Escrituras, las estrecha
fuertemente contra su pecho, horrorizada, y retira todos los cargos contra Per Mårtensson. El juez
percibe de inmediato la sinceridad y honradez de la joven. Le tiende la mano, se la estrecha y le da las
gracias.
Al regresar a su casa, Gudmund le comenta a su madre las incidencias del juicio, especialmente
el comportamiento de Helga. La madre, frente a la opinión generalizada de la parroquia, se
reafirma en su idea de que hay un fondo noble en esa muchacha. Entonces, Gudmund le propone
a su madre que podrían contratarla como sirvienta doméstica, a fin de ayudarla. La madre
consiente en ello.
En la siguiente toma vemos a Gudmund y a Helga juntos, cerca del pantano. Gudmund se había
acercado a la pequeña granja para trasladarle a Helga el saludo de Ingeborg. Pero Gudmund se
encuentra a Helga llorando, como si desease arrojarse al lago. Ante su extrañeza, Helga le
contesta diciendo que se considera una desgraciada y que nadie repararía en su ausencia. En ese
momento Gudmund le comunica la conversación que acaba de tener con su madre, y que, si ella
no tiene inconveniente, puede entrar a trabajar como doméstica en Närlunda. Helga se sorprende,
y le pregunta a Gudmund si su madre sabe lo de ella, esto es, su condición de madre soltera.
Gudmund le responde que sí, que su madre está enterada de todo. Helga accede y le da las
gracias. Ambos se dirigen, después de que él le pida permiso para acompañarla, a casa de Helga,
donde Gudmund pondera delante de sus padres el noble comportamiento que su hija ha tenido
ante el tribunal. Gudmund se despide, no sin antes recordarle a Helga que la espera al día
siguiente en Närlunda.
La acogida dispensada por Ingeborg y por su marido a Helga es completamente normal, sin la
más mínima recriminación. Helga, al poco de llegar a Närlunda, ya está ocupada en sus tareas.
En otra toma vemos a Gudmund junto a sus padres, comunicándoles que su prometida Hildur y
los padres de ésta irán de visita esa misma tarde a Närlunda.
En otra escena vemos a Helga preocupada, preguntando a Gudmund si cree que Hildur verá con
buenos ojos que ella trabaje como sirvienta en la propiedad de su prometido.
Los temores de Helga no carecían de fundamento, pues al poco de presentarse en Närlunda los padres de
Hildur junto con su hija, y ver allí a Helga, que es quien les sirve la merienda, no sólo se sorprenden los tres
desagradablemente, sino que Hildur manifiesta su negativa a volver a acudir a Närlunda mientras esté allí una
muchacha como Helga. Ante una situación tan embarazosa, que ha provocado que Helga se refugie en la
cocina, Gudmund, cuando se queda a solas con sus padres, les dice que, por lo que parece, Helga tendrá que
abandonar la casa. Pero en realidad Gudmund no se da por vencido; se dirige hacia donde se halla Helga y le
dice que mientras él goce de poder en Närlunda, ella no tiene por qué sufrir ni temer nada. Casi sin darse
cuenta, Helga se había convertido para Gudmund en una referencia moral. No obstante, Helga decide
abandonar Närlunda, a fin de no crearle complicaciones a Gudmund; además, también están su amor propio y
su sentimiento de culpa, que, aunque ella aún no se dé cuenta, es infundado, pues no ha hecho nada de lo que
deba avergonzarse. Sólo ha sido víctima de las circunstancias, de su pobreza y de la falta de escrúpulos de un
seductor.
El día que Helga abandonó Närlunda, el propio Gudmund la acompañó hasta la pequeña granja. Al llegar allí,
le ofrece trabajo, en cuanto que ella deberá realizar tareas de tejer lino a cambio de una remuneración. Es
evidente que Gudmund desea sinceramente ayudarla. Helga le da las gracias por todo lo que hace por ella.
La boda entre Gudmund y Hildur está próxima. Unos días antes, acude Gudmund a la ciudad, acompañado de
un nutrido grupo de jóvenes de su parroquia.
A esta toma sigue otra en la que vemos a Helga mirando, como hace cada tarde, hacia el valle. Se sentía
como si hubiera dejado toda su felicidad allí abajo.
De nuevo Gudmund y sus camaradas, quienes le insisten en que beba, consiguiendo finalmente que termine
emborrachándose. Al regresar a su casa, Gudmund se quedó dormido hasta bien entrada la tarde. Su padre
entra a despertarlo, y él, entonces, les comenta a ambos, a su padre y a su madre, que, aunque no recuerda
apenas nada, tiene la impresión de haber estado en una pelea la noche anterior. En efecto, hubo una pelea
entre agricultores y trabajadores borrachos, quienes, al percatarse los agentes del tumulto, se dispersaron,
quedando un hombre tendido en el suelo, muerto. En su cráneo se encontró incrustada una hoja partida de un
cuchillo o de una gran navaja. Ésta era la única pista que podía seguir la policía en sus investigaciones.
En la siguiente toma, de nuevo nos hallamos en Närlunda. El padre de Gudmund, casualmente, ve cómo su
hijo arroja algo a las aguas del pantano. Inquieto y sobresaltado, le confiesa sus temores a su esposa, que se
preocupa por su querido hijo. Erland incluso llega a preguntarse, una vez que acude al pantano y extrae la
navaja rota, si su hijo es en realidad un asesino. Poco antes, al leer los periódicos, los tres se enteran de lo
sucedido; de ahí que Gudmund se palpe el bolsillo del pantalón, horrorizado, comprobando que, en efecto, la
hoja de su navaja está rota. Por eso toma la determinación de desprenderse de ella y arrojarla al pantano.
Pero, como hemos dicho, su padre lo ve y rescata el objeto. Una vez en su poder, decide no hacer nada. Así se
lo dice a su esposa. Es mejor esperar, a ver qué hace Gudmund. Si es culpable, seguro que terminará
confesando.
Llega por fin el día de la boda entre Hildur y Gudmund. Éste acaba de recibir la felicitación de Helga, quien
le desea lo mejor. Pero Gudmund termina confesándole a su padre lo que cree haber hecho. Ante la pregunta
de Erland de por qué se ha decidido ahora a contarlo, Gudmund le responde que ha sido porque Helga acaba
de acudir a Närlunda a despedirse de él y desearle suerte en su nueva vida de casado. Fue como si de pronto
algo se rompiese en él. Estaba decidido a acudir al jurado y contarlo todo.
En la toma siguiente vemos a los invitados en la rica propiedad de los padres de Hildur. Ésta, inquieta,
pregunta por qué Gudmund y su padre aún no han llegado. Cuando lo hacen, deciden entrevistarse con Erik
Persson. Le confiesan lo que creen que ha ocurrido. En cualquier caso, Gudmund considera que, en tales
circunstancias, la boda debe cancelarse. Él va a presentarse ante el bailío y contarle lo ocurrido.
Entretanto, Helga ha acudido a Närlunda, manteniendo una conversación con Ingeborg. Al salir, se encuentra
con Gudmund. Éste la contempla, ya claramente enamorado. Le confiesa que hasta ese momento se ha
comportado como un aficionado. Se aproxima a ella y la besa. Pero Helga lo rechaza. Ante tal actitud,
Gudmund le pregunta si es que tiene miedo de él, como parece tenerle Hildur. Incluso llega a sugerir,
despechado, si es que no está aún enamorada de Per Mårtensson. La joven se ofende y le contesta que sí, que
ya le ha dicho antes que le gusta Per Mårtensson. Entristecido, pero altivo, Gudmund le dice que tanto él
como ella deberán emprender desde ese momento caminos distintos.
De nuevo en casa de Hildur. Una sirvienta le comunica que acaba de llegar un mensajero procedente de Närlunda. Le ha
dicho que espere en la quesería, pues la casa está todavía llena de invitados. Hildur acude a la quesería, y a quien se
encuentra allí es a Helga. Mantienen una breve pero decisiva conversación. Lo primero que Helga quiere saber es si Hildur
ama aún a Gudmund, a lo que Hildur responde, no muy convencida, que nunca lo ha querido tanto como en ese momento.
Ante esa respuesta, Helga coge a Hildur de la mano con el fin de que ambas salgan juntas. Helga insiste en que Hildur debe
acompañarla, con el propósito de llevarla a Närlunda, para que Hildur le prometa a Gudmund que lo esperará fielmente todo
el tiempo que permanezca en la cárcel. Pero la respuesta de Hildur es inequívoca, contradiciendo su declaración anterior: ella
nunca se casaría con un hombre que haya estado ingresado en prisión. Entonces Helga, no pudiendo soportarlo más, exclama
con fuerza que Gudmund es inocente. Ambas mujeres continúan solas todavía en la quesería. Helga le cuenta a Hildur lo que
en realidad ha sucedido. En cierta ocasión, precisamente el día en que Hildur y sus padres acudieron de visita a Närlunda,
entró Gudmund en la cocina y le dejó a Helga una navaja, con el fin de que pudiese cortar un pequeño trozo de madera. Al
salir Gudmund de la cocina y disponerse Helga a realizar su trabajo, la hoja se quebró, quedándose una parte incrustada en la
madera, mientras que la navaja permaneció rota e inservible. Sin saber por qué, quizás por temor, no se lo contó a nadie,
aunque le devolvió la navaja cerrada a Gudmund, quien permaneció por completo ajeno a lo sucedido. Una vez contada la
pequeña historia, Helga conmina a Hildur que debe acudir ante Gudmund, y, antes de que éste se entere que no ha cometido
ningún delito, hacer las paces con él.
El asesino fue encontrado a la mañana siguiente.
Helga continúa convenciendo a Hildur que debe acudir a Närlunda y reconciliarse con su prometido, pero evitando
mencionarla a ella; menos aún decirle que ambas han mantenido esa conversación. Al presentarse Hildur en Närlunda y
solicitar permiso a Ingeborg, entra en la habitación de Gudmund, excusándose por la dureza de sus palabras para con él
aquella misma mañana. Gudmund, que cree haber cometido un homicidio, le contesta que él no puede mentir y que tampoco
quiere que ella piense que él es mejor de lo que en realidad es. Ante eso, Hildur le dice la verdad: que una persona acaba de
acudir ante ella y le ha demostrado que él es completamente inocente; más aún, me ha aconsejado, continúa diciéndole, que
tratara de hacer bien las cosas desde ahora, pero que no te dijese que ella sabía que eras inocente, pues de ese modo
pensarías―que era lo que ella quería―que yo me había conducido noblemente contigo. Estupefacto, Gudmund inquiere a
Hildur que quién es esa persona. Hildur le contesta que esa persona es Helga, que deseaba una reconciliación entre los
antiguos prometidos. Casi dejándola con la palabra en la boca, Gudmund sale corriendo de su casa, a fin de alcanzar a Helga,
que avanza por el sendero en dirección a la pequeña granja. Cuando llega hasta ella, Gudmund, delatándose por la mirada de
sus ojos, le dice a Helga que, por lo visto, piensa que él es mejor persona de lo que es en realidad. Pero tampoco los ojos de
Helga lo engañaban. Helga pertenecía al corazón de su amado. Ahora ya no podía huir más de él. Ambos se besan
apasionadamente.
Tösen från Stormyrtorpet (1917). Cartel de la
película.
Tösen från Stormyrtorpet (1917). El padre de Helga mostrando a su hija a quien la ha seducido y
ha tenido un niño con ella, el rico propietario Per Mårtensson. Los contempla la esposa de éste.
Tösen från Stormyrtorpet (1917). Helga recibiendo la felicitación del juez.
Tösen från Stormyrtorpet (1917). Gudmund, a las puertas del juzgado, junto a Helga, a quien
indica si quiere que la lleve hasta su pequeña granja.
Tösen från Stormyrtorpet (1917). Helga leyendo la Biblia junto a los padres de Gudmund, cuando
trabajaba como empleada doméstica en Närlunda.
Tösen från Stormyrtorpet (1917). Hildur, la madre de Gudmund y éste en la casa de los dos
últimos, Närlunda.
Tösen från Stormyrtorpet (1917). Hildur preparándose en su casa para su boda con Gudmund.
Tösen från Stormyrtorpet (1917). Helga, a la dcha, le confiesa a Hildur, en la quesería de la casa
de esta última, que Gudmund es inocente del homicidio que cree haber cometido. Para ello aporta
pruebas incontestables.
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