MIÉRCOLES 18
EL 30 DE ABRIL DE 2012
INICIA UN AÑO JUBILAR
En la tradición católica, el Jubileo es
un gran acontecimiento religioso.
Es el año de la remisión de los
pecados y de sus penas.
Es el año de la reconciliación, de la
conversión y de la penitencia
sacramental.
En consecuencia, el año de la
solidaridad, de la esperanza, de la
justicia, del empeño por servir a
Dios en el gozo y la paz con los
hermanos.
El Año Jubilar es ante
todo el Año de Cristo,
portador de la vida y de
la gracia a la
humanidad.
En nuestro caso, a
Cristo por manos de
Nuestra Señora de la
Soledad.
El año jubilar en se remontan al Antiguo
Testamento. La ley de Moisés había
determinado para el pueblo Hebreo un año
particular:
"Declararéis santo el año cincuenta, y
proclamaréis en la tierra liberación para
todos sus habitantes
Será para vosotros un jubileo; cada uno
recobrará su propiedad, y cada cual
regresará a su familia.
Este año cincuenta será para
vosotros un jubileo; no cortaréis ni
segaréis los rebrotes, ni
vendimiaréis la viña que ha
quedado sin podar, porque es el
jubileo que será sagrado para
vosotros.
Comeréis lo que el campo
dé de sí. En este Año Jubilar
recobraréis cada uno
vuestra propiedad" (Lev. 25, 10-13).
La trompeta con que se anunciaba este
año particular era un cuerno de
morueco, que se llama “yobel” en
hebreo, de ahí la palabra “Jubileo”.
La celebración de este año llevaba
consigo, entre otras cosas, la restitución
de las tierras a sus antiguos propietarios,
la remisión de las deudas, la liberación
de los esclavos, y el reposo de la tierra.
En el Nuevo Testamento, Jesús se
presenta como Aquel que lleva a su
cumplimiento el Jubileo antiguo, ya que
Él ha venido a “predicar el año de gracia
del Señor” (cfr. Is 61, 1-2).
El Jubileo es un tiempo de
gracia destinado a promover la
santidad de vida.
Ha sido instituido para consolidar la
fe,
favorecer las obras de solidaridad y la
comunión fraterna en el seno de la
Iglesia y en la sociedad,
en definitiva para recordar y remover
a los creyentes a una profesión de fe
más sincera y más coherente en
Cristo Salvador.
El Jubileo católico puede ser ordinario o
extraordinario.
El Año Santo ordinario, o Año Jubilar, es
el celebrado en los intervalos
preestablecidos mientras que el
extraordinario, o Jubileo, es el proclamado
como celebración de un hecho destacado.
Este es el caso del Año Jubilar de Nuestra
Señora de la Soledad, que celebraremos
del 30 de abril del 2012 al 30 de abril del
20013, con motivo de II CENTENARIO DE
SU PATRONATO SOBRE LA CIUDAD
DE IRAPUATO EL 30 DE ABRIL DE 1813.
Es una invitación abierta a todos los
cristianos y también a los que se
encuentran distantes en la fe y desean
volver de nuevo a la vida cristiana.
Durante el Año Jubilar la Iglesia
concede la indulgencia plenaria, que es
una gracia que ayuda al cristiano a hacer
camino con la voluntad de convertirnos
y reconciliarnos con Dios.
Esta gracia también puede ser aplicada a
los difuntos como signo de amor hacia
ellos.
OBJETIVO
Que el año de 30 de abril 2012 al 30 de
abril de 2013, sea para toda la comunidad
diocesana un tiempo fuerte de esperanza y
una oportunidad de nueva evangelización;
que sea para la Diócesis de Irapuato un
tiempo de inmersión en el misterio de Dios y,
por eso, un año de gracia, por intercesión de
Nuestra Señora de la Soledad.
Para que este AÑO JUBILAR abra el cielo sobre
nosotros y ha haga bajar sobre nuestra vida y
sobre vuestra comunidad diocesana la fuerza del
Espíritu Santo, de la misma manera que bajó
sobre los discípulos en el Cenáculo, en
Pentecostés.
El Año Jubilar tiene, pues, una
doble
finalidad:
renovar,
revitalizar la fe de los cristianos de
la Diócesis de Irapuato por manos
de Nuestra Señora de la Soledad.
Fomentar la verdadera devoción
a nuestra Patrona: conocerla,
amarla, imitarla y tenerla como
nuestra protectora y defensora en
lo material y en lo espiritual.
CONCLUSIÓN
Desde el Antiguo Testamento se
celebran los jubileos (Cf. Ex 23,
10-11; Lev 25, 1-28; Dt 15, 1-6).
Era un tiempo dedicado de un
modo particular a Dios.
Cada siete años se llamaba el "año
sabático"; y cada cincuenta era el
"año jubilar" –más solemne-.
Como signo de fiesta se dejaba
reposar la tierra, se liberaban
los esclavos, se perdonaban las
deudas.
El objetivo de celebrar un año
jubilar, era para devolver la
igualdad entre todos los hijos
de Israel.
El año jubilar debía servir para
el restablecimiento de la
justicia social.
Actualmente, el término Año
Jubilar o Año Santo es un tiempo
en que la Iglesia Católica concede
singulares gracias espirituales a
los fieles a imitación del Año
Jubilar
de
los
Israelitas
mencionado en la Biblia.
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