Para el 2013, Él espera
Sal 51:1-19
Cántico de un arrepentido
Del maestro de coro. Salmo de David, después que el profeta Natán le reprendiera por haber cometido
adulterio con Betsabé.
Por tu amor, oh Dios, ten compasión de mí; por tu gran ternura, borra mis culpas. (2)
¡Lávame de mi maldad!¡Límpiame de mi pecado! (3) Reconozco que he sido
rebelde; mi pecado no se borra de mi mente. (4) Contra ti he pecado, solo contra
ti, haciendo lo malo, lo que tú condenas. Por eso tu sentencia es justa,
irreprochable tu juicio. (5) En verdad, soy malo desde que nací; soy pecador desde
el seno de mi madre.(6) En verdad, tú amas al corazón sincero, y en lo íntimo me
has dado sabiduría. (7) Purifícame con hisopo,[e] y quedaré limpio; lávame, y
quedaré más blanco que la nieve. (8) Lléname de gozo y alegría; alégrame de
nuevo, aunque me has quebrantado. (9) Aleja de tu vista mis pecados y borra
todas mis maldades. (10) Oh Dios, ¡pon en mí un corazón limpio!, ¡dame un
espíritu nuevo y fiel! (11) No me apartes de tu presencia ni me quites tu santo
espíritu. (12) Hazme sentir de nuevo el gozo de tu salvación; sostenme con tu
espíritu generoso, (13) para que yo enseñe a los rebeldes tus caminos y los
pecadores se vuelvan a ti. (14) Líbrame de cometer homicidios, oh Dios, Dios de
mi salvación, y anunciaré con cantos que tú eres justo. (15) Señor, abre mis labios,
y con mi boca te cantaré alabanzas. (16) Pues tú no quieres ofrendas ni
holocaustos; yo te los daría, pero no es lo que te agrada. (17) Las ofrendas a Dios
son el espíritu dolido; ¡tú no desprecias, oh Dios, al corazón hecho pedazos! (18)
Haz bien a Sión, por tu buena voluntad; vuelve a levantar los muros de Jerusalén.
(19) Entonces aceptarás los sacrificios requeridos, animales y ofrendas totalmente
quemadas; entonces se ofrecerán becerros sobre tu altar.
Sal 51:1-19
Cántico de un arrepentido
Del maestro de coro. Salmo de David, después que el profeta Natán le reprendiera por haber cometido
adulterio con Betsabé.
Por tu amor, oh Dios, ten compasión de mí; por tu gran ternura, borra mis culpas. (2)
¡Lávame de mi maldad!¡Límpiame de mi pecado! (3) Reconozco que he sido
rebelde; mi pecado no se borra de mi mente. (4) Contra ti he pecado, solo contra
ti, haciendo lo malo, lo que tú condenas. Por eso tu sentencia es justa,
irreprochable tu juicio. (5) En verdad, soy malo desde que nací; soy pecador desde
el seno de mi madre.(6) En verdad, tú amas al corazón sincero, y en lo íntimo me
has dado sabiduría. (7) Purifícame con hisopo,[e] y quedaré limpio; lávame, y
quedaré más blanco que la nieve. (8) Lléname de gozo y alegría; alégrame de
nuevo, aunque me has quebrantado. (9) Aleja de tu vista mis pecados y borra
todas mis maldades. (10) Oh Dios, ¡pon en mí un corazón limpio!, ¡dame un
espíritu nuevo y fiel! (11) No me apartes de tu presencia ni me quites tu santo
espíritu. (12) Hazme sentir de nuevo el gozo de tu salvación; sostenme con tu
espíritu generoso, (13) para que yo enseñe a los rebeldes tus caminos y los
pecadores se vuelvan a ti. (14) Líbrame de cometer homicidios, oh Dios, Dios de
mi salvación, y anunciaré con cantos que tú eres justo. (15) Señor, abre mis labios,
y con mi boca te cantaré alabanzas. (16) Pues tú no quieres ofrendas ni
holocaustos; yo te los daría, pero no es lo que te agrada. (17) Las ofrendas a Dios
son el espíritu dolido; ¡tú no desprecias, oh Dios, al corazón hecho pedazos! (18)
Haz bien a Sión, por tu buena voluntad; vuelve a levantar los muros de Jerusalén.
(19) Entonces aceptarás los sacrificios requeridos, animales y ofrendas totalmente
quemadas; entonces se ofrecerán becerros sobre tu altar.
Sal 51:1-19
Cántico de un arrepentido
Del maestro de coro. Salmo de David, después que el profeta Natán le reprendiera por haber cometido
adulterio con Betsabé.
Por tu amor, oh Dios, ten compasión de mí; por tu gran ternura, borra mis culpas. (2)
¡Lávame de mi maldad!¡Límpiame de mi pecado! (3) Reconozco que he sido
rebelde; mi pecado no se borra de mi mente. (4) Contra ti he pecado, solo contra
ti, haciendo lo malo, lo que tú condenas. Por eso tu sentencia es justa,
irreprochable tu juicio. (5) En verdad, soy malo desde que nací; soy pecador desde
el seno de mi madre.(6) En verdad, tú amas al corazón sincero, y en lo íntimo me
has dado sabiduría. (7) Purifícame con hisopo,[e] y quedaré limpio; lávame, y
quedaré más blanco que la nieve. (8) Lléname de gozo y alegría; alégrame de
nuevo, aunque me has quebrantado. (9) Aleja de tu vista mis pecados y borra
todas mis maldades. (10) Oh Dios, ¡pon en mí un corazón limpio!, ¡dame un
espíritu nuevo y fiel! (11) No me apartes de tu presencia ni me quites tu santo
espíritu. (12) Hazme sentir de nuevo el gozo de tu salvación; sostenme con tu
espíritu generoso, (13) para que yo enseñe a los rebeldes tus caminos y los
pecadores se vuelvan a ti. (14) Líbrame de cometer homicidios, oh Dios, Dios de
mi salvación, y anunciaré con cantos que tú eres justo. (15) Señor, abre mis labios,
y con mi boca te cantaré alabanzas. (16) Pues tú no quieres ofrendas ni
holocaustos; yo te los daría, pero no es lo que te agrada. (17) Las ofrendas a Dios
son el espíritu dolido; ¡tú no desprecias, oh Dios, al corazón hecho pedazos! (18)
Haz bien a Sión, por tu buena voluntad; vuelve a levantar los muros de Jerusalén.
(19) Entonces aceptarás los sacrificios requeridos, animales y ofrendas totalmente
quemadas; entonces se ofrecerán becerros sobre tu altar.
Sal 51:1-19
Cántico de un arrepentido
Del maestro de coro. Salmo de David, después que el profeta Natán le reprendiera por haber cometido
adulterio con Betsabé.
Por tu amor, oh Dios, ten compasión de mí; por tu gran ternura, borra mis culpas. (2)
¡Lávame de mi maldad!¡Límpiame de mi pecado! (3) Reconozco que he sido
rebelde; mi pecado no se borra de mi mente. (4) Contra ti he pecado, solo contra
ti, haciendo lo malo, lo que tú condenas. Por eso tu sentencia es justa,
irreprochable tu juicio. (5) En verdad, soy malo desde que nací; soy pecador desde
el seno de mi madre.(6) En verdad, tú amas al corazón sincero, y en lo íntimo me
has dado sabiduría. (7) Purifícame con hisopo,[e] y quedaré limpio; lávame, y
quedaré más blanco que la nieve. (8) Lléname de gozo y alegría; alégrame de
nuevo, aunque me has quebrantado. (9) Aleja de tu vista mis pecados y borra
todas mis maldades. (10) Oh Dios, ¡pon en mí un corazón limpio!, ¡dame un
espíritu nuevo y fiel! (11) No me apartes de tu presencia ni me quites tu santo
espíritu. (12) Hazme sentir de nuevo el gozo de tu salvación; sostenme con tu
espíritu generoso, (13) para que yo enseñe a los rebeldes tus caminos y los
pecadores se vuelvan a ti. (14) Líbrame de cometer homicidios, oh Dios, Dios de
mi salvación, y anunciaré con cantos que tú eres justo. (15) Señor, abre mis labios,
y con mi boca te cantaré alabanzas. (16) Pues tú no quieres ofrendas ni
holocaustos; yo te los daría, pero no es lo que te agrada. (17) Las ofrendas a
Dios son el espíritu dolido; ¡tú no desprecias, oh Dios, al corazón hecho pedazos!
(18) Haz bien a Sión, por tu buena voluntad; vuelve a levantar los muros de
Jerusalén. (19) Entonces aceptarás los sacrificios requeridos, animales y ofrendas
totalmente quemadas; entonces se ofrecerán becerros sobre tu altar.
Salmos 51:17
(BAD) El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado;
tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y
arrepentido.
(Jer 1976*) (19) El sacrificio a Dios es un espíritu contrito; un
corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias.
(LBLA) Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito; al corazón
contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás.
(DHHe) Las ofrendas a Dios son el espíritu dolido;
¡tú no desprecias, oh Dios, al corazón hecho pedazos!
(KJV) The sacrifices of God are a broken spirit: a broken and a
contrite heart, O God, thou wilt not despise.
Confesión
Para el 2013, Él espera
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