Lección 3 para el 20 de julio de 2013
La Palabra de Dios está llena de poder:
1.
2.
3.
4.
Poder para crear.
Poder para reavivar.
Poder para conducirnos a Jesús.
Poder para mantener el
reavivamiento.
“Y ahora, hermanos, os
encomiendo a Dios, y a la
palabra de su gracia, que tiene
poder para sobreedificaros y
daros herencia con todos los
santificados” (Hechos 20:32)
Al leer la Biblia con oración, el Espíritu Santo usa el poder
latente en la Biblia para transformar nuestras vidas.
Pero para recibir estos beneficios, la lectura de la Biblia
debe ir acompañada de fe.
“Porque también a nosotros se nos ha anunciado la
buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el
oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los
que la oyeron” (Hebreos 4:2)
La fe, la fe verdadera, siempre está centrada en la voluntad de Dios,
no en nuestros deseos. Es confiar en Dios, creer en sus promesas y
actuar sobre la base de su Palabra. Nuestra fe crece al escuchar la
Palabra de Dios y al ponerla en práctica (Romanos 10:17; Santiago
2:17, 18). Abrir nuestras mentes a las enseñanzas de la Palabra de
Dios edifica la fe; y hacer lo que Dios dice –aun si es contrario a
nuestros deseos personales– nos prepara para recibir la plenitud
del poder del Espíritu.
La Palabra escrita de Dios tiene el mismo poder creador que Su
Palabra hablada. Analiza Hebreos 4:12.
“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más
cortante que toda espada de dos filos”
La Palabra es viva e imparte vida; es creadora (Salmo 33:6,
9). En la Biblia (la Palabra escrita), encontramos a Cristo (la
Palabra viva) por medio de su Espíritu, y Él transforma
nuestra vida. Su Palabra es poderosa.
“y penetra hasta
partir el alma y
el espíritu”
• Transforma
nuestras
facultades
espirituales.
“las coyunturas
y los tuétanos”
• Transforma
nuestras
facultades
físicas.
“y discierne los
pensamientos y
las intenciones
del corazón”
• Transforma
nuestras
facultades
mentales.
Vemos que la Palabra de Dios puede transformar nuestra naturaleza
entera. Gobierna cada aspecto de la vida y la conducta humanas.
“En la palabra de Dios está la energía
creadora que llamó los mundos a la
existencia. Esta palabra imparte poder;
engendra vida. Cada orden es una promesa;
aceptada por la voluntad, recibida en el
alma, trae consigo la vida del Ser infinito.
Transforma la naturaleza y vuelve a crear
el alma a imagen de Dios”
Elena G. de White, La educación, cp. 13, p. 114
En el salmo 119, David pide repetidas veces a Dios
que lo vivifique con su Palabra (versículos 25, 107,
154), ayudándole en los momentos de abatimiento,
depresión o aflicción.
Al repasar este salmo, pregúntate: ¿cómo puede la
Palabra de Dios reavivar mi vida?
“Ella es mi consuelo en
mi aflicción, porque tu
dicho me ha vivificado”
(Salmos 119:50)




Me da consuelo (versículo 50)
Me da esperanza (versículo 74)
Me sustenta (versículo 116)
Me enseña la verdad (versículos 130,
160)
 Me da entendimiento (versículo 169)
 Me libera (versículo 170)
“Escudriñad las Escrituras; porque a
vosotros os parece que en ellas tenéis
la vida eterna; y ellas son las que dan
testimonio de mí” (Juan 5:39)
Jesús es el centro y la razón misma
de las Escrituras. Al leer la Biblia, el
Espíritu Santo nos conduce a una
experiencia más profunda con Jesús.
Cuando encontramos a Jesús en las
páginas de nuestra Biblia, nuestra vida
cambia y nuestro corazón arde como
ardía el de los discípulos de Emaús
(Lucas 24:32). Eso es reavivamiento.
La Palabra de Dios sienta las bases de todo reavivamiento genuino. Nuestra experiencia surge
de comprender la Palabra de Dios. Nuestra alabanza y nuestra adoración brotan de nuestras
mentes saturadas con la Palabra.
El reavivamiento comienza con una disposición a obedecer la Palabra de Dios.
• “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores,
engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22)
La Palabra de Dios nos capacita para el reavivamiento.
• “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para
redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre
de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”
(2 Timoteo 3:16-17)
La Palabra de Dios nos ayuda a vencer al enemigo.
• “…Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de
Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno”
(1 Juan 2:14 ú.p.)
La Palabra de Dios permanece siempre con nosotros, afirmando el reavivamiento.
• “Se seca la hierba, se cae la flor; mas la palabra del Dios nuestro
permanece para siempre” (Isaías 40:8)
Elena G. de White; Consejos sobre la obra de la escuela sabática, p. 23
Créditos
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Sergio y Eunice Fustero
Distribución
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Rolando D. Chuquimia
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