La Dra. Elisabeth Kubler-Ross, nació el 8 de Julio de
1926 en Meilen, Suiza. Doctora en psiquiatra, falleció
en 2004. Fue una de las primeras personas en estudiar
honestamente, profundamente y científicamente la
relación que tenemos con la muerte.
Ella ha sido una de las más famosas expertas en
materia de la muerte y ha trabajado con miles de
pacientes terminales.
Ha estudiado 20,000 casos de gente de todo el mundo,
quienes han sido declarados clínicamente muertos y,
después, han regresado a la vida; algunos
naturalmente y otros mediante reanimación.
Afirmaba la Dra. Kubler:
“La experiencia de morir es
casi idéntica a la experiencia
del nacimiento. Es nacer a una
forma diferente de existencia.”
“Si se vive bien cada día,
entonces no hay nada que
temerle a la muerte.”
“Este miedo a la muerte que
tenemos es fruto del materialismo
en el que vivimos inmersos.”
“MORIR ES MUDARSE DE UNA CASA A OTRA
MUCHO MÁS BELLA.”
Durante los primeros años de la década de los 70,
entre el doctor Mwalimu y ella entrevistaron a más
de 20.000 personas de edades comprendidas entre
los 2 a los 99 años, y de culturas tan diversas como
la esquimal, los indios norteamericanos, aborígenes
australianos, de religión protestante, musulmana,
católica e incluso entre aquellos que se creían ateos
o agnósticos. Hasta entonces ni ella misma había
creído en una vida después de la muerte, pero todos
estos casos la convencieron de que no eran
alucinaciones ni coincidencias.
Elisabeth Kubler Ross diferencia una serie
de etapas a partir de que el ser humano se
desprende de su cuerpo:
En una primera fase, afirma que las
personas decían salir flotando de su
cuerpo, ya sea que hubieran muerto en
quirófano, suicidio, accidente, etc.
Como una mariposa que se desprende de su capullo (el
cuerpo) y emprende el vuelo…
Es decir:“Abandonamos nuestro cuerpo, y
nuestra alma, libre como una bellísima
mariposa, regresa a su hogar”.
Tan pronto como el alma deja el
cuerpo, te das cuenta inmediatamente
de que puedes percibir todo lo que
sucede en el lugar donde falleciste.
Puedes enterarte de lo que los demás
dicen, de lo que piensan y de cómo
actúan…
Sin embargo, no captas todo esto con
tu conciencia terrena anterior, sino
con otra clase de conciencia nueva.
En esta etapa, el que ha fallecido, se da cuenta de
que se encuentra nuevamente completo.
Personas que eran ciegas, pueden ver de nuevo, y
otras que no podían escuchar ni hablar, pueden
hacerlo otra vez.
“Aquéllos de mis pacientes que sufrían de
esclerosis múltiple, me decían llenos de alegría,
después de que regresaban de una experiencia
muy cercana a la muerte: "Dra. Ross, podía bailar
de nuevo".
La segunda fase:
¡Nadie
muere solo!
Cuando uno deja su cuerpo físico,
no puede hablar más en términos
de tiempo, espacio o distancia, en
el sentido común; porque éstos son
un fenómeno terrenal. Fuese cual
fuese el lugar donde hubiesen
muerto, eran capaces de ir a
cualquier parte con la velocidad del
pensamiento.
En este sentido, la persona se da
cuenta de que nadie muere solo,
porque el difunto es capaz de visitar
a quien desee. Además, existen
personas esperándote, que
fallecieron antes que tú; quienes te
quisieron y siguen haciéndolo.
“En esta fase se encuentran con guías o seres
espirituales, los que de pequeños solíamos
llamar “ángeles de la guarda”, y que los llevan a
presencia de familiares y amigos ya fallecidos.
Todos tenemos esos guías espirituales, creamos en
ellos o no.
Algunos niños pequeños los conocen como
"amigos imaginarios".
Una paciente mía, ya anciana, llegó a decirme: "Él
está de nuevo aquí. Cuando era niña, él estaba
siempre conmigo, pero me había olvidado
completamente de que existía. A los pocos días
moría serenamente.”
“Las personas que está esperándonos en el otro lado son
aquéllos que más nos quieren.
En los casos de niños muy pequeños cuyos padres, abuelos y
otros parientes cercanos todavía viven, son recibidos por sus
ángeles de la guarda, por Jesús o alguna otra figura religiosa.
Pero, nunca he conocido ningún niño protestante que sea
recibido por la Virgen María, aunque sí ha sido recibido por
niños católicos. Esto no es debido a una cuestión de
discriminación, sino que simplemente eres recibido por
personas significativas para ti.”
Tercera fase:
Según lo descrito por
las personas, pasas por
una etapa que se
encuentra totalmente
impregnada con
imágenes terrenas.
Puede ser que te
encuentres caminando
a través de un túnel,
pasando por una gran
puerta, cruzando un
puente, un lago o el
lugar más hermoso y
significativo para cada
uno. Y al final de esta
fase los envuelve una
gran luz.
Esta luz es más blanca que el
blanco y tremendamente
brillante. Y, a medida que te
aproximas a ella, te sientes más
y más envuelto por el más
grande, indescriptible e
incondicional amor, que hayas
podido imaginar.
¡EL AMOR
MÁS GRANDE!
Esta gran luz, que ninguno puede
explicarla del todo, algunos dicen que
es Buda, otros Jesús, Mahoma…Pero
todos coinciden en que es
EL AMOR INCONDICIONAL
Cuarta fase:
Según los relatos, en esta cuarta fase se encuentran en
presencia de la fuente suprema: Dios, el Absoluto…
En este estado, la persona hace una revisión de su vida, un
proceso en el que ve todos los actos, palabras y pensamientos
de su existencia; desde el primer día hasta el último. Y también
sus consecuencias, para sí mismo y cómo han afectado a
otros; incluso a desconocidos. Ve como podía haber sido su
vida, toda la capacidad en potencia que poseía, y comprende
que las vidas de todas las personas están interrelacionadas y
entrelazadas.
En esta fase no se preguntan cuántas carreras tienes ni
cuántos coches ni cuánto dinero en el Banco… Se le pregunta
a la persona: ¿Qué servicios has prestado? ¿Cuánto has sido
capaz de dar a los demás? Y ésta es la pregunta definitiva.
Descubren la vida como una escuela, a la que venimos a
aprender una serie de lecciones, de las cuales, la principal y
definitiva es:
EL AMOR
INCONDICIONAL.
Durante esta revisión de la vida terrena no culpas a Dios por tu
destino, sino que te das cuenta de que tú mismo fuiste quien marcó
tu vida, debido a que dejaste perder muchas oportunidades para
crecer.
Ahora sabrás que, cuando tu casa se quemó, tu hijo murió o tu
esposo enfermó… todas esas tragedias fueron oportunidades para
crecer. Para crecer en entendimiento, en amor, en perdón; en todas
esas cosas fundamentales que tenemos que aprender.
Si alguien ha teniendo una experiencia cerquísima a la muerte, le ha
sido permitido ver esta luz; pero sólo por un breve instante. Si al fin
muere realmente, la conexión entre el cuerpo y el alma se rompe
definitivamente.
Después de esto, no es posible regresar a tu cuerpo terrenal.
Pero, de todos modos, tú no querrías regresar a él, porque
después de ver la luz, aunque sea un instante, nadie quiere
regresar y, si regresa, pierde el miedo a la muerte para siempre.
Las personas que han vuelto, han quedado completamente
transformadas de diversos modos. Pero todas han hecho un
gran descubrimiento: ver la luz les había hecho comprender
que, fundamentalmente, el sentido, la razón de la vida ésta en
EL AMOR.
“Cuando ha finalizado esta
escuela, aprendiendo y
realizando la tarea que
hemos venido a hacer en la
vida, se nos permite
abandonar nuestro cuerpo;
igual que la mariposa
abandona el capullo de
seda. Ha llegado el
momento de poder
marcharnos y vernos libres
del dolor, de los temores,
de las preocupaciones…
“Y regresamos a nuestro
hogar: Dios”.
Y DIOS ES AMOR INCONDICIONAL
AMOR INCONDICIONAL
Si vamos descubriendo lo
que esto significa, podemos ir
haciendo nuestra la mayor
lección de todas las que
tenemos que aprender en la
vida.
Piensa en los regalos
costosos y
superfluos que
regalas, realmente es
dudo que sean
necesarios…
“Amor
incondicional
tendríamos
que regalar.”
Existen 20 millones de niños muriendo de
hambre en el mundo.
Piensa en tantísima gente pobre como
existe…
El mensaje que nos quería transmitir Elisabeth
Kubler Ross es que la muerte no existe, al menos
como la imaginamos nosotros. La muerte es un
viaje. ¿Qué hacemos cuando nos tenemos que ir de
viaje? Preparamos las maletas. Si preparamos bien
nuestras maletas, habrá cosas espirituales, que no
podrá quitarnos la muerte: el amor, nuestras
experiencias, el tiempo y las cosas que hemos sido
capaces de entregar a los demás… Si nosotros nos
preparamos desarrollando nuestra espiritualidad,
tratando de tener bondad y grandeza de corazón en
nuestra vida, nos estamos preparandos para volver
a nuestra casa definitiva.
“Todos hemos sido creados
para vivir una muy simple,
bella y maravillosa vida.”
“Mi más grande deseo es
que tú, también,
comiences a ver la vida
de manera diferente.”
(Elisabeth Kubler Ross)
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