CEIP EL CARMEN
ALUMNOS 4º de PRIMARIA
CUENCA
Julia Fernández Martínez
Ya había pasado la primera guerra
mundial. Todo estaba triste y
desolado, era una época difícil para
el país. Ángela, una niña de diez
años, ayudaba a sus padres para la
supervivencia. Los padres de Ángela
trabajaban en el huerto, Ángela
cuidaba de las ovejas con su pastor
belga Garbanzo y su hermano
pequeño David traía agua del río.
Un día, mientras Ángela cuidaba de
las ovejas, vio como Garbanzo se
alejaba del rebaño y se dirigía hacia
el bosque. En un momento
desapareció entre la espesura.
Cada día en el pueblo o en el país
desaparecía un perro. Era un suceso
raro e imposible de explicar.
Una semana después, David y
Ángela se dirigieron al bosque y se
perdieron. Cansados y hambrientos
se acostaron en una cueva que había
por allí cerca y se durmieron. A la
mañana siguiente se despertaron por
un lametón en la cara y un ladrido
especial que solo podía ser de un
animal… ¡Garbanzo!
Garbanzo estaba allí con todos los
perros que habían desaparecido en
el país.
Otro ladrido les indicó que le
siguiera. Ángela y David los
siguieron y se encontraron cinco
niños con las ropas raídas y aún más
hambrientos que ellos. Se ve que sus
padres habían muerto en la guerra y
ellos se habían refugiado en el
bosque.
Los perros sentían el impulso de
ayudarlos y se escaparon.
Los niños, Ángela y David siguieron
a los perros y volvieron a casa. Sus
padres contentos de volver a verlos
adoptaron a los niños. Con siete
niños ayudando no les faltaron
comida para el resto de sus días.
Los perros volvieron a sus casas
menos una border collie que no
tenía dueño. La border collie se
quedo a vivir con la familia, se
enamoró de Garbanzo y tuvieron
cachorritos.
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