B. González Buelta
Purifica, Señor, nuestra mirada:
enséñanos a ver
desde una mirada creadora,
que ama de manera única
la más pequeña criatura,
y la mira con cariño
para que pueda ser
plenamente ella misma.
Concédenos, Señor, reposar los ojos
de la contemplación callada
sin urgencia ni codicia,
en lo oprimido,
para poder taladrar
la cáscara de todo lo real,
y descubrirte en el fondo
como creador inagotable
de la libertad y del futuro,
de la divinidad y la justicia.
Saca de nuestros ojos
esta viga que nos ciega
para poder estar atentos
a la más pequeña señal
de la vida insospechada
que se asoma a la existencia,
en las tierras decretadas
estériles y muertas.
Contemplándote a ti
palabra visible encarnada,
nos llenamos de la imagen
que buscamos desde siempre
y que configura desde dentro
toda nuestra existencia,
para que podamos salir
a los encuentros y caminos
con una mirada liberada.
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