He hallado mi cielo en la tierra
pues el cielo es Dios
y Dios está en mi alma.
Quisiera ... perderme en esa
Trinidad que será un día
nuestra visión e, iluminada
por la luz divina, sumergirme
en la profundidad del
Misterio.
Creo que si Él me ha amado tan
apasionadamente y me ha hecho tantos favores
es por verme tan débil.
Mi ideal consiste en ser la
Alabanza de su gloria.
Qué importa estar en el cielo o en la tierra.
Vivamos en el amor para glorificar al Amor.
Cuanto más cerca se vive de Dios
más se ama.
Las almas penetran en Dios
mediante la fe viva y allí,
simplificadas y en paz, Él las
conduce por encima de las
cosas y gustos sensibles hasta
la tiniebla sagrada quedando
transformadas
en imagen de Dios.
Las rejas no existirán nunca
para nuestros corazones...
En el Carmelo el corazón se dilata
y sabe amar mejor.
Yo he hallado mi cielo en
la tierra en mi querida
soledad del Carmelo,
donde vivo a solas con
Dios solo.
Todo lo hago con Él.
Por eso realizo las
cosas con alegría
divina. Que barra,
trabaje o haga oración,
todo me resulta
encantador y delicioso
porque descubro a mi
divino Maestro en
todas partes.
Me parece que mi
misión en el cielo
consistirá en atraer
las almas al
recogimiento
interior.
La Virgen me parece más
imitable que cualquier
santa. Su vida era tan
sencilla…
Cuando se ama,
se desea el bien para la persona amada.
Presiento que mi misión en el
cielo consistirá en atraer las
almas, ayudándolas a salir de
ellas mismas, para unirse al
Señor a través de un
movimiento sencillo y
amoroso, y conservarlas en ese
gran silencio interior que
permite a Dios imprimirse en
ellas, transformarlas en Él
mismo.
Vivamos de amor
para morir de
amor
y para glorificar a
Dios que es
Amor.
Todo depende de la intención que se tenga.
Podemos santificar hasta las cosas más pequeñas y
transformar en divinos
los actos más ordinarios de la vida.
¡Amar! Es tan sencillo…
No nos purificaremos
considerando nuestra miseria
sino contemplando a Aquél
que es la pureza y la santidad.
Cuando te aconsejo la
oración, no se trata de
imponerse una cantidad de
oraciones vocales para
rezarlas diariamente.
Hablo, más bien, de esa
elevación del alma a Dios a
través de todas las cosas que
nos constituye en una especie
de comunión ininterrumpida
con la Santísima Trinidad,
obrando con sencillez a la luz
de su mirada.
Creo que nada refleja mejor el amor que hay
en el Corazón de Dios que la Eucaristía: es la
unión, la consumación, es Él en nosotros y
nosotros en Él, ¿ y eso no es ya el cielo en la
tierra ?
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