NO PESA ES MI HERAMNO
1. EXPOSICIÓN
El grupo estaba de excursión cuando aparece a lo lejos un niño de
unos ocho años que trae sobre sus hombros a otro más pequeñito,
como de tres. Su rostro era ardiente, tostadito como el de todos los
campesinos del lugar. Más expresivo quizás al pasar a nuestro lado,
pero incapaz de ocultar un cierto cansancio, producido sin duda por
la distancia, lo difícil del camino y el peso del niño.
Para dar calor humano y aliento al pobre niño, pregunté con tono
de cariñosa cercanía: “Amigo, ¿pesa mucho?”. Y él, con inefable
expresión de cara y encogimiento de hombros, que encerraban una
gran carga de amor, de valor y de resignación, dice con fuerza y
decisión: “No pesa, es mi hermano”, y agarrando más fuertemente
al pequeño, que sonríe y saluda con su manita derecha, echa una
corta y lenta carrera haciendo saltar con gracia a su hermanito que
aún mira una vez atrás para sonreír.
2. Análisis
• Todos tenemos cargas en la vida. Hasta el más
guapo, más rico, más…. siente que ha de tirar de
problemas y situaciones de dificultad. Esto es cierto,
pero para todos no son iguales el significado de los
lastres.
• Para lo que uno son cargas, para otros no deja de ser
una bendición. Un hijo para una madre es una
posibilidad, no un lastre. La persona amada no es
una carga, es un trampolín hacia la felicidad.
• Para una persona creyente, un hermano no es una
carga es un don. Este cuento pone de manifiesto que
un icono donde Dios se pone de manifiesto es,
precisamente, en el rostro diáfano de un hermano. Y
Dios nunca es una carga.
3. INTERIORIZACIÓN
• ¿Cuáles son tus cargas?
• ¿Sientes que las personas con las que te
encuentran son una carga para ti?
• ¿Te sientes bien cuando ayudas y colaboras con
otros?
4. EXPRESIÓN Y COMPROMISO
Señor, queremos convertirnos a ti...
no a mí, no a ser yo mejor...
Señor, queremos dejar de mirarnos a nosotros y
empezar a mirarte a ti.
Señor, queremos convertirnos a ti,
no a cambiar yo de vida,
con mis fuerzas y
con mis conquistas autosuficientes.
Señor, conviértenos a ti,
a tu palabra, a tu presencia...
así dejaremos de fiarnos tanto de nuestras
palabras, de nuestros proyectos y de nuestras
realizaciones.
Señor, queremos convertirnos a ti...,
dejar nuestros caminos y nuestros juicios
humanos,
y empezar a caminar por tus caminos.
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