Al terminar el año, Señor, te dedico mi acción de gracias.
Gracias por todo lo que en este año
me has concedido porque te lo había pedido.
Gracias también por aquello que me has dado sin
habértelo pedido, y
por todo lo que me has otorgado sin merecerlo.
Gracias por la salud, por el bienestar,
por las alegrías y las satisfacciones.
Gracias también, por aquella mano que me levantó,
por aquel consejo que me guió,
por las palabras que me alentaron,
y por esa sonrisa que me alegró,
por aquellos brazos que me recibieron, ¡Gracias!
Gracias también
por la
enfermedad,
por las penas y
los sufrimientos.
¡Tú sabes los
porqués! Es el
misterio de
nuestra
existencia.
Yo confío en ti.
Pero
sobre todo,
te doy
gracias,
Señor,
por la fe que
tengo en ti.
En este tiempo,
un tanto confuso,
es a veces difícil
creer.
Gracias, por la familia que me acompaña,
por todos los que me quieren, por el amor y la ternura que
se comparte en mi alrededor: por ellos entiendo tu ternura.
Gracias, en fin, por todo aquello que ignoro y de lo cual
debiera darte gracias.
Amén. Así sea.
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