4. El Templo del Corazón del Hombre…
“¿No sabéis que sois Templo de Dios y
qué el Espíritu Santo habita en
vosotros?... El Templo de Dios es
sagrado, y vosotros sois ese Templo de
Dios”
1 Cor 3, 16-17
El Santo Bautismo no es
un mero cambio de las
tinieblas del pecado a la
luz y del perdón del
pecado original o
personal, sino que es una
transformación esencial
del bautizado, por lo que
el que recibe el Bautismo
queda constituido hijo de
Dios, hijo para el cielo.
El corazón del bautizado queda inundado de belleza con la participación, por la gracia,
en la vida
divina de Dios.
La vida divina,
recibida
gratuitamente en
el Santo
Bautismo, es
inmensamente
más importante
que la vida
humana que nos
hace hijos de la
tierra, hijos de
nuestros padres
naturales; pero
no nos hace hijos
del Dios Altísimo.
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