Hacia el Domingo 2º de Cuaresma
HACIA EL DOMINGO 2º DE CUARESMA
Para Orar Cada Día
el Evangelio del Domingo Próximo
Del Lunes 10 al Domingo 16 de marzo
Hacia el Domingo 2º de Cuaresma
Orar en el Corazón del Mundo Por las Mujeres
La alegría del Evangelio es contagiosa (2/6)
Orar en la Casa: Con familiares y vecinos
Centro de Espiritualidad Apostólica San Pablo
www.centrodeespiritualidadsanpablo.org
Traducción y Adaptación de Vers le Dimanche
editado por Christ Source de Vie, Toulouse
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Evangelio de Jesucristo según san Mateo
Capítulo 17, versículos 1 al 19
“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su
hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí
se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía
como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la
luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando
con Jesús. Pedro dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien estamos
aquí! Si quieres, levantará aquí mismo tres carpas, una
para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Todavía
estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió
con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube:
2
«Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi
predilección: escúchenlo». Al oír esto, los discípulos
cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se
acercó a ellos, y tocándolos, les dijo: «Levántense, no
tengan miedo». Cuando alzaron los ojos, no vieron a
nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del
monte, Jesús les ordenó: «No hablen a nadie de esta
visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los
muertos».
3
LUN 10
MAR 11
Ponerse aparte
Jesús transfigurado
Con Jesús, que lleva a Pedro, Santiago y Juan a un monte
elevado, me pongo aparte e imagino el lugar. Me
deshago de mis preocupaciones para estar
completamente en presencia de Jesús. Le pido la gracia
de que permita que yo lo conozca más, como él se dejó
conocer por los discípulos. Es su deseo más profundo y
en este tiempo de encuentro personal él se va a revelar a
mí poco a poco. Señor, muéstrame tu rostro.
Jesús se transfigura ante sus discípulos. Su rostro cambia
de aspecto y se vuelve brillante como el sol. Tomo
tiempo para contemplarlo y hacerme preguntas. ¿Qué es
entonces esta alegría luminosa interior que lo habita y lo
transfigura de esta manera? Sin duda, la alegría de estar
en fuerte relación con su Padre, en la luz de su amor.
Puedo pedirle que me introduzca en este amor del Padre
para que mi propia vida sea transfigurada por él y se
vuelva testimonio ante aquellos que se cruzan en mi
camino. Señor, que tu rostro se ilumine.
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5
MIÉ 12
Moisés y Elías
JUE 13
Y vemos que Moisés y Elías hablan con Jesús. ¿Qué
vienen a hacer estas dos figuras de la Antigua Alianza a
este monte? Puedo recordar que también a ellos se les
apareció Dios en la montaña y que representan, uno la
Ley y otro a los profetas. Es la manifestación de Dios a su
pueblo a través de su Palabra. Presto atención y escucho
para percibir la Palabra que el Señor quiere dirigirme en
un encuentro corazón a corazón con él. Señor, que tu
Palabra me ilumine.
6
Las palabras de Pedro
Puedo releer, repetir en mí, las palabras pronunciadas por
Pedro. Palabras sorprendentes que expresan a la vez su
desconcierto y su alegría interior al tener contacto con una
parte del misterio de Dios. ¡Qué bueno sería permanecer
en esta visión de Dios! Pero vemos que una nube cubre a
los discípulos con su sombra y que una voz se deja oír para
llevarlos más lejos. Señor, a mí también me gustaría
“acampar” en los buenos momentos de la vida, pero tu
voz es un llamado a ir siempre más lejos. Señor, llévame
contigo.
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VIE 14
SÁB 15
La Palabra del Padre
“Este es mi Hijo muy querido… ¡Escúchenlo!”. He aquí la
revelación que se hace a los discípulos: este hombre con
quien andan, cuyo día a día comparten y que les instruye
como un maestro, este hombre es el Hijo en quien Dios ha
puesto todo su amor. No se trata solamente de mirarlo,
sobre todo hay que escucharlo. Cada uno de nosotros está
invitado hoy a ponerse a la escucha de aquel que es la
Palabra. Jesús, tú que eres el Hijo muy querido, abre mi
corazón a lo que quieres revelarme del amor de tu Padre.
Señor, abre mis oídos.
Jesús, Palabra de Vida
En este pasaje, vemos a los discípulos pasar súbitamente
de la alegría al temor. ¿Qué tipo de miedo? El que
sobrecoge al ser humano cuando Dios todopoderoso se
manifiesta en su vida. Pero Jesús está a su lado, al igual
que está a nuestro lado hoy día el Resucitado: en todas
las situaciones en que sentimos angustia, miedo,
tristeza, se acerca a nosotros y nos invita a ponernos de
pie con él. Seguro de su presencia a mi lado, puedo
decirle lo que pesa en mi vida, dejando que resuenen
estas Palabras de resurrección: “Levántense, no tengan
miedo”. Señor, dame tu paz.
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8
DOM 16
Abrirse a la vida con el
Resucitado
¡Ah, qué tentador es instalarse cómodamente en los momentos de
felicidad con los amigos y seres queridos, o con el Señor en la
montaña! Pero la vida no es un largo río tranquilo; es necesario que
tomemos al toro por los cuernos para hacer frente a la realidad y
asumir nuestra parte del sufrimiento de este mundo en gestación.
Para vivir esto en confianza, los cristianos saben que pueden
apoyarse en la fuerza del Resucitado: “Porque él destruyó la muerte
e hizo brillar la vida”, nos recuerda San Pablo en la Segunda Lectura.
No dudemos en encontrarlo en la Eucaristía para alimentarnos de su
Palabra y de su Pan, fuerza que se ofrece a nuestra debilidad para
transfigurar lo cotidiano. La Resurrección se vive en ella día tras día.
10
Orar en el Corazón del Mundo
con el Papa Francisco
Oremos para que los derechos
y la dignidad de las mujeres sean
respetados en todas las culturas
11
La alegría del
Evangelio es
contagiosa (2/6)
ORAR EN LA CASA
Qué bueno es oír estas palabras de Jesús en el evangelio de la Transfiguración:
“Levántense, no tengan miedo”. A su manera, el Papa nos repite lo mismo al
invitarnos a la alegría. Estamos al inicio del trayecto hacia Pascua y todavía nos
quedan suficientes días para levantarnos, para abandonar nuestras caras de
cuaresma y tener un aire de resucitados. No es fácil en los tiempos que corren,
dicen algunos. Sin embargo, tenemos una oportunidad inusitada que nos permite
levantar todos los desafíos y permanecer sin temor: es la de sabernos amados por
aquel que nunca se cansará de hacerlo. Es un desafío para nosotros el
mantenernos de pie ante este amor que nos levanta. Cierto, pero qué seguridad
nos da cuando oímos, finalmente, esta invitación a la confianza a pesar de todo.
ORAR EN FAMILIA O CON LOS AMIGOS CERCANOS:
Padre nuestro, que estás en el Cielo, durante esta
época de arrepentimiento, ten misericordia de
nosotros. Con nuestra oración, nuestro ayuno y
nuestras buenas obras, transforma nuestro egoísmo en
generosidad.
¿Podría ser acaso el ejercicio de este tiempo de cuaresma el de transformar
nuestro rostro en rostro de Pascua que irradie la alegría que recibimos y
reconocemos en el fondo de nosotros como una compañía familiar?
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13
ORAR EN LA CASA
Abre nuestros corazones a tu Palabra, sana nuestras
heridas del pecado, ayúdanos a hacer el bien en este
mundo. Que transformemos la obscuridad y el
dolor en vida y alegría. Concédenos estas cosas por
Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
14
“Levántense,
San Mateo 17, 7
no tengan miedo”
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Hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma
sin Pascua. Pero reconozco que la alegría no se vive del
mismo modo en todas las etapas y circunstancias de la
vida, a veces muy duras.
Se adapta y se transforma, y siempre permanece al
menos como un brote de luz que nace de la certeza
personal de ser infinitamente amado, más allá de todo.
Comprendo a las personas que tienden a la tristeza por
las graves dificultades que tienen que sufrir, pero poco a
poco hay que permitir que la alegría de la fe comience a
despertarse, como una secreta pero firme confianza, aun
en medio de las peores angustias…
Papa Francisco
La alegría del Evangelio, n°6
16
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