WIKIPEDIA
La enciclopedia libre
Rafael J. Pérez de Vega
[email protected]
Wikipedia es una enciclopedia libre plurilingüe basada en la tecnología wiki. Wikipedia se escribe de forma
colaborativa por voluntarios, permitiendo que la gran mayoría de los artículos sean modificados por
cualquier persona con acceso mediante un navegador web. El proyecto comenzó el 15 de enero de 2001,
fundada por Jimbo Wales, con la ayuda de Larry Sanger, como complemento de la enciclopedia escrita por
expertos Nupedia. Ahora depende de la fundación sin ánimo de lucro Wikimedia Foundation. Wikipedia
registró en diciembre de 2007 más de 9 millones de artículos,[1] incluyendo más de 2 millones en su edición
en inglés, y a finales de febrero de 2006 alcanzó la cifra de 1.000.000 de usuarios registrados. Desde su
concepción, Wikipedia no sólo ha ganado en popularidad sino que su éxito ha propiciado la aparición de
proyectos hermanos. Existe, sin embargo, controversia sobre su fiabilidad.[2] En este sentido, la revista
científica Nature declaró a la Wikipedia en inglés casi tan exacta como la enciclopedia Britannica en artículos
científicos.[3] Además, figura entre los diez sitios web más visitados en el mundo.[4]
Los medios de comunicación y la comunidad científica citan a Wikipedia, algunas veces de manera crítica,
otras ensalzándola por su carácter de libre distribución, mejora constante, y multifacética, no sin mencionar
su naturaleza plurilingüe. A menudo no es citada como fuente única, sino como fuente informativa
complementaria.
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Topillo campesino (microtus arvalis)
El topillo campesino (microtus arvalis)
•
El topillo campesino de la meseta Norte española es una subespecie ibérica denominada Microtus
arvalis asturianus que se distingue de los demás miembros de la especie por rasgos muy leves. Éste,
concretamente, es originario de la mitad norte de la península Ibérica y no es igual al M. a. meridionalis,
que habita los Pirineos, ni al M. a. arvalis europeo (aunque las diferencias son tan sutiles que sólo
pueden distinguirse al compararlos detenidamente), así como del topillo campestre (Microtus agrestis),
todos ellos adaptados a biotopos más húmedos que el primero. Algunos autores niegan la existencia de
la subespecie pirenaica, que es demasiado parecida a la europea, pero aceptan la distinción de la
subespecie meseteña en función de su tamaño y de su aislamiento bio-geográfico.
•
La subfamilia Arvicolinae está formada por más de 130 especies de topillos herbívoros de los que, sólo
en España, existen 10 (una especie de Chionomys, otra de Clethrionomys, dos de Arvicola y seis de
Microtus). El topillo campesino castellano es uno de los de mayor tamaño: longitud (incluida la cola) de
hasta 144 mm, peso de hasta 72 gramos.[5] Su aspecto es redondeado, de cuello corto, cuerpo
rechoncho, hocico muy ancho de mandíbulas poderosas, pelaje pardo claro y dorso grisáceo. Uno de sus
rasgos distintivos respecto a otros micrótidos es que las orejas, aunque pequeñas, son visibles y que los
arcos cigomáticos están bien desarrollados.
•
Como se ha dicho, en el resto de Europa habita la subespecie Microtus arvalis arvalis que ocupa toda la
zona centro-atlántica, desde Rusia central a Francia. No parecen existir en las zonas insulares (salvo
alguna excepción) y tampoco son habituales en el área mediterránea.
ETILOGIA
El topillo campesino es estrictamente herbívoro, prefiere lo verde, pero, en casos de necesidad se alimenta de
cualquier tipo de vegetal, salvo aquellas plantas que puedan resultar tóxicas (por ejemplo, el estramonio).
Suele refugiarse en galerías que excava en terrenos blandos, a veces con las bocas bajo tocones o piedras. Sus
madrigueras tienen varias entradas y no son muy profundas; en el interior, uno o varios nidos acondicionados con
una cama de materia vegetal entrelazada formando una bola. No deja montones de escombros, como otros
pequeños excavadores; en cambio, son muy característicos las pistas o surcos, ya que sus movimientos en el exterior
suelen seguir siempre idéntico recorrido. Algunas de estas sendas comunican entre sí las bocas de unas madrigueras
o llevan a los comederos más frecuentados. Su territorio se estima en unos 150 m². Algunas, incluso enlazan con
cubiles de otras colonias vecinas.
Aunque los machos pueden llegar a ser territoriales, la especie se adapta tanto a condiciones gregarias como
solitarias. Si bien, no es mucho lo que se sabe de ellos, se ha podido comprobar que las hembras solitarias son menos
prolíficas que las hembras gregarias, aunque las posibilidades de supervivencia disminuyen viviendo en grupo.
Además, una hembra solitaria puede alcanzar la madurez sexual a las dos semanas, mientras que las hembras
gregarias lo hacen a las tres semanas. De cualquier modo, pueden llegar a tener seis camadas a lo largo de su vida,
cada una de las cuales oscila entre tres y doce crías que apenas pesan dos gramos; siendo la temporada reproductora
la primavera y el verano, especialmente (por lo que su potencial biótico es elevado). En todo caso, la cantidad de
crías y el número de partos por hembra parecen determinados por factores ambientales. Los machos alcanzan la
madurez al mes de vida, si bien, la mayoría no pasa de los cuatro meses, se han atestiguado casos excepcionales de
topillos con seis o más meses de edad.
•
Su actividad no parece regularse por el sol, sino que alternan cortos espacios de intensa actividad con
otros de descanso (de unas dos o tres horas), tanto por el día como por la noche[sin referencias].
•
El topillo castellano gusta de espacios abiertos con abundantes herbáceas y zonas de matorral, entre los
500 y los 1500 metros de altitud, en los que las lluvias no son especialmente abundantes (entre 350 mm
y 1500 mm). En las zonas en las que conviven las subespecies asturianus y arvalis, el primero ocupa las
áreas más cálidas y secas, mientras que el segundo habita las de mayor humedad. Al sur del Sistema
Central español los topillos campesinos son escasos, quizá debido a la eficaz competencia de otros
múridos, como Microtus cabrerae.
•
En condiciones normales la densidad típica es de 5-10 individuos por hectárea. Durante la plaga destada
en Castilla y León se han llegado a registrar hasta 1.500 roedores por hectárea en las zonas más
afectadas.[6]
•
Pueden trasmitir enfermedades al ser humano como la tularemia, por contacto directo o con partículas
de polvo que estuvieron en contacto con el animal o con sus heces. La plaga ha podido ser la causa de 42
casos en la región, reconocidos oficialmente por la Junta de Castilla y León. Según el PSOE de Castilla y
León los casos podrían ascender a 270.[7] Además la apertura de la media veda ha llevado al ejecutivo
regional a pedir que no se consuman las piezas de caza por temor a posibles infecciones por esta
enfermedad.[8]
Consecuencias de las plagas de topillos campesinos
•
Desde el punto de vista ecológico, las explosiones demográficas de topillos tienen efectos perjudiciales,
pero también algunas consecuencias beneficiosas; por ejemplo, al ser animales excavadores, sus
madrigueras generan ciertos beneficios para la tierra, incrementando su fertilidad, al aumentar la
materia orgánica subterránea (como la vegetación enterrada, las heces o sus propios cadáveres en
descomposición); asimismo, aumentan la aireación del terreno y lo hacen más esponjoso; por último,
favorecen los procesos edafológicos al remover el suelo en sus excavaciones y facilitar la filtración de
agua. Algunos investigadores han llegado a afirmar que «La abundancia de topillos en Castilla y León
durante las últimas décadas ha contribuido a aumentar la diversidad faunística del valle del Duero».[9]
•
Sin embargo, como se ha visto, también tienen sus efectos nocivos: uno de los más preocupantes es que
estos pequeños animales pueden ser vehículo de transmisión de graves enfermedades que afectan tanto
a animales con los que conviven o a los que alimentan, como a seres humanos. Concretamente, el
Microtus arvalis es conocido en ámbitos científicos por ser huésped de numerosos parásitos y portador
de diversas patologías, como enfermedades víricas[10] como la rabia o el hantavirus, enfermedades
bacterianas como la leptospirosis (o enfermedad de Weil), la listeriosis, la borreliosis (o enfermedad de
Lyme) y, la más temida, la tularemia. Entre los parásitos se encuentran desde protozoos (babesiosis),
hasta helmintos (hidatidosis).
•
Por otro lado, como se ha visto, la abundancia de presas fáciles al principio favorece tanto a los
predadores (al proporcionarles abundante alimento), como a otras especies, reduciendo la presión
venatoria que sufren. Pero, dado que la duración de las plagas es inferior al ciclo de vida de la mayoría
de los predadores, cuando los topillos comienzan a escasear se produce ese efecto rebote ya
mencionado.[11] De hecho, ciertos especialistas en la predación de arvicolinos afirman que el impacto de
los mamíferos (estables) es mayor que el de las aves (muchas migratorias) y que en el caso de la
comadreja, su curva de abundancia es una réplica de la de los topillos, con unos meses de desfase.[12] En
resumen, si crece el número de animales que necesitan alimentarse de carne, tarde o temprano
centrarán sus objetivos en otros animales, a veces especies amenazadas, vulnerables o de singular
interés para el ser humano:
«Aunque la cría de las tetraónidas era mejorada por los picos de las poblaciones de ratones, no hubo
efecto residual sobre el tamaño de la población. En cambio, había menos gallos adultos en los años
posteriores a los de los picos en las poblaciones de ratones, especialmente en los conteos de julio,
debido a que no se eliminaron ni zorros ni martas. Una explicación posible es que los predadores criaban
con más éxito cuando las poblaciones de ratones eran abundantes, y entonces mataban mas tetraónidas
en inviernos o al comienzo de la siguiente temporada de cría.» Marcström, V; Kenward, R. E. y Engren,
E., 1988, p. 872.
•
Centrándonos en este último aspecto, para los humanos, estas explosiones demográficas son funestas
plagas y sus inicuas consecuencias son múltiples y se ramifican hacia los campos más insospechados: la
economía, el ocio, la salud, la sociedad..., causando incluso alarma social por lo que no es extraño que el
tema alcance tintes políticos, utilizándose, entre los diversos grupos ideológicos, como arma arrojadiza.
Consecuencias para las cosechas
•
El topillo campesino es considerado el vertebrado más perjudicial para la agricultura, no sólo española,
sino de toda Europa; ya que los picos de abundancia de arvicolinos son comunes a todo el hemisferio
norte. Su dieta fundamental se compone de tallos tiernos y verdes, aunque también aprovechan las
hojas y los restos de espigas. La plaga de 2007 parece haber surgido en Tierra de Campos (Palencia), y se
ha extendido por toda la comunidad autónoma. Se ha estimado, sin demasiado rigor, que hay más de
200 000 hectáreas afectadas en Castilla y León y que las pérdidas pueden superar el millón de euros.
•
En época de siembra, los topillos instalan sus madrigueras en las cunetas y linderos, a salvo de los
arados; pero, cuando ésta termina, se trasladan al interior de las tierras de labor. En los campos de
cereal o de plantas forrajeras llegan a formar rodales vacíos; existen datos procedentes de Estados
Unidos que demuestran que con unos 200 roedores por hectárea ya se pierde el 5% de la alfalfa,[13]
teniendo en cuenta que esa cifra se sobrepasa ampliamente en las plagas castellanas, se puede obtener
una idea de las dimensiones del desastre. En las remolachas suelen comer el tubérculo y, aunque no
consuman toda la planta, provocan su rápida putrefacción. También roen el tallo de los girasoles hasta
que caen al suelo. A pesar de que pocos lo esperaban, los topillos están alimentándose también de los
viñedos, y aunque se limitan a brotes tiernos, si afectan a la base de los pámpanos, pueden malograr las
cosechas de años venideros. A veces, el daño no se manifiesta hasta que es demasiado tarde y no es
posible tomar medidas correctoras. Tampoco los árboles frutales escapan a su ataque, ya que, al roer la
corteza de la base de su tronco, los debilitan o los destruyen.[14]
Consecuencias sanitarias
•
Cadáver de topillo aparecido en el arenero de un parque infantil, algo habitual en el ámbito rural de
Castilla y León durante el verano de 2007.
•
Los roedores constituyen casi la mitad de las especies de mamíferos conocidos, no sólo son el tipo de
animal que más problemas causan a los seres humanos, además son el reservorio natural más grande de
agentes patógenos contagiosos; es lo que se denomina zoonosis (del griego zoon, animal, y nosos,
enfermedad). Ya se ha señalado, más arriba, que los topillos campesinos son agentes zoonóticos muy
activos, más aún en periodo de abundancia, cuando es más fácil que entre en contacto con las personas
o con los animales que se relacionan con ellas (mascotas, ganado…).[15]
•
Muchos de los riesgos de transmisión de patógenos tienen que ver con las actividades recreativas, a las
que se ha prestado menor atención que a otros problemas como, por ejemplo, las pérdidas económicas.
Las plagas suelen coincidir con el periodo vacacional, y muchos de los niños o adolescentes que viven en
el ámbito rural han sido testigos de la masiva presencia de topillos en parques, jardines o huertos dentro
del propio casco urbano. Al ser roedores menos agresivos y más torpes que los ratones domésticos o las
ratas, confieren una falsa sensación de inocuidad, por lo que enseguida se ha puesto de moda
perseguirlos, capturarlos o matarlos como una diversión más.
•
El peligro es, sin embargo, considerable, no sólo por la posibilidad de infectarse
con una serie de enfermedades graves (ya citadas), sino porque los más pequeños
(bebés, incluso) acceden a cadáveres, más o menos putrefactos, que han quedado
en el césped o en el arenero del parque al que suelen acudir a jugar, donde,
además, pueden sobrevivir sus pulgas, garrapatas y otros ácaros por mucho
tiempo. Eso por no hablar de las piscinas o los depósitos para el riego en los que
estos animales se ahogan por decenas cada noche.
•
Otro riesgo relacionado también con actividades de ocio tiene que ver con la caza
menor. De hecho, la junta de Castilla y León, a través de la sección de Especies
Cinegéticas de la Dirección General del Medio Natural, de la Consejería de Medio
Ambiente, se ha visto obligada a publicar una serie de consejos para evitar
problemas relacionados con la plaga.[16] Desafortunadamente, pocos se habían
preocupado de este asunto antes por considerarlo una simple molestia, a lo sumo
un problema ajeno del que debían ocuparse los agricultores. Pero la perspectiva
de un perro envenenado (o asfixiado por el bozal), un cazador infectado de
tularemia o, incluso intoxicado por los rodenticidas ha generado alarma y
controversia.[17] La falta de previsión y la precipitación, tanto por parte de las
Sociedades de Cazadores (que se felicitaban de las buenas expectativas de la
temporada), como por las autoridades competentes, ha quedado demasiado en
evidencia. En consecuencia, todos intentan echar balones fuera, inculpándose
unos a otros.[18]
Las plagas cíclicas de topillos campesinos en Castilla y León
•
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•
•
Las llamadas plagas de topillos eran prácticamente desconocidas en España hasta hace unas décadas,
como confirmaba el naturalista Juan Delibes de Castro en el año 1989:
«En España, las poblaciones de topillo campesino (Microtus arvalis) eran hasta ahora muy reducidas y se
hallaban localizadas en ciertos enclaves montañosos. Sin embargo, en la presente década se han
expandido masivamente originando notables pérdidas en los cultivos»
Efectivamente, las investigaciones realizadas en los años 70 por el biólogo José Rey ubicaban a esta
especie únicamente en la vertiente sur de la cordillera Cantábrica y en las sierras de Albarracín y
Javalambre. Los datos fueron corroborados por otros especialistas.[28] Por lo visto, la especie pudo bajar
por algunos valles fluviales del norte en los que los alfalfares eran abundantes, aunque la información
no es suficiente.[29] Pero desde comienzos de la década de los 80 ya se tenía noticia de algunos Microtus
arvalis en la provincia de Valladolid.[30] Una expansión de esta magnitud no tiene precedentes entre los
fenómenos ecológicos conocidos en la Meseta Norte española.
Desde entonces, en el valle del Duero se producen explosiones demográficas de topillos campesinos,
cada tres o cuatro años, en tal cantidad que llegan a constituir una plaga especialmente nociva para la
economía agrícola. Si en condiciones normales la densidad poblacional estimada de los topillos
campesinos en la estepa castellana es de 5 a 10 individuos por hectárea, en los ciclos de
superabundancia se superan los 200 individuos por hectárea. Ésta es una cifra mínima, pues las
cantidades reales son poco menos que imposibles de calcular; Juan Delibes de Castro realizó un
muestreo en varias fincas de la provincia de Burgos, anotando, en octubre de 1983, hasta 1294
especimenes por hectárea de alfalfa, 382 por hectárea de cereal y 182 por hectárea de baldío.[31] [32]
Densidad de topillos por hectárea
•
El especialista Ángel María Arenaz, considera posible prever la magnitud demográfica de las plagas de
topillos haciendo recuentos invernales. Así, si en enero se superan los 50 individuos por hectárea es
previsible un nivel peligroso en verano; pero si es inferior, lo normal es que no haya peligro de invasión.
Este autor sostiene, incluso, que es posible adelantar las previsiones en función de las lluvias otoñales:
las precipitaciones más intensas son desfavorables para la reproducción. Para poder realizar las
prevenciones oportunas para un año agrícola dado, sería necesario realizar censos periódicos por medio
de trampas homologadas, colocadas adecuadamente en los alfalfares durante los meses de septiembre,
febrero, mayo y agosto.[33]
•
Como indica el naturalista, Juan Carlos Blanco, «...en España no existe ninguna información sobre el
tema.»,[34] salvo, quizá en ciertas áreas de los Pirineos o extrapolaciones realizadas con datos de países
vecinos. A pesar de la repetición, casi rutinaria de estas explosiones demográficas, carecemos de datos
fiables y, ni siquiera se ha llegado a conocer su causa.
•
Acerca de la plaga que ha tenido lugar en el verano de 2007 y que, al parecer, es una de las más intensas
que se han dado jamás, la Junta de Castilla y León ha proporcionado diversa información basada en la
que le facilitan las cámaras agrarias municipales y las asociaciones de agricultores, aunque obviamente
sólo se trata de estimaciones, pues, no hay un estudio completo de la situación. La infestación de
topillos fue declarada oficialmente una Plaga mediante una orden del 27 de marzo.[35]
Dispersión de los topillos en el verano de 2007 en Castilla y León
(basado en los datos del Instituto Tecnológico Agrario de la Junta de Castilla y León)
•
Algunos habitantes del ámbito rural han llegado a acusar al movimiento ecologista de «repoblar» las tierras con
especímenes de criadero destinados a alimentar a las rapaces. En su momento se acusó también a la desaparecida ICONA
y, como mínimo, se achaca a la administración autonómica por inhibirse ante el problema, dando la espalda a los
agricultores para beneficiar a determinados grupos ideológicos. Tan arraigada está la idea de la suelta de topillos, que
resulta poco menos que imposible explicar a los paisanos que las plagas se deben a causas naturales. [36] Fernando Franco
Jubete explica esta leyenda con las siguientes palabras:
•
«...los topillos son seres creados en laboratorios y reproducidos por millones en no se sabe qué granjas ignotas para ser
soltados, como alimento de rapaces, desde misteriosos todoterrenos y helicópteros. Consecuentemente los culpables son
los que lo consienten, lo financian y lo ejecutan: "el Gobierno", "Medio Ambiente", "el ICONA", "los ecologistas".»
Jubete, 2007[37]
•
Es cierto que la abundancia de topillos beneficia a todo tipo de depredadores, no sólo a sus enemigos habituales: algunas
rapaces nocturnas, como lechuzas; mustélidos, por ejemplo, comadrejas[10] y rapaces diurnas como el elanio azul;[38] sino
a todo tipo de depredadores generalistas como rapaces, cánidos, félidos, córvidos, cigüeñas, garzas, etc.[39] Esto hace que
la presión sobre otras presas potenciales se reduzca, favoreciendo la proliferación de perdices, codornices, conejos, y
otros animalillos. Pero también aumenta el número de predadores. En algunos casos, los animales que han venido
alimentándose de topillos (en especial ciertas rapaces) son especies migratorias o, incluso, oportunistas poco
especializadas (como las cigüeñas), por lo que, la disminución de las presas, si coincide con su partida, posiblemente que
no tenga consecuencias. Pero los predadores estables, para adaptarse a la nueva situación de "escasez", deben buscar
otras fuentes de alimentos, esto es, vuelven a centrarse en sus presas más habituales[40] y, siendo más numerosos,
provocan un efecto rebote pernicioso difícilmente favorable.[41]
•
Una expansión como la que han protagonizado los topillos tiene que haberse originado en una zona
donde la población nativa fuese densa y estable; que, además, haya sufrido algún tipo de estímulo
dispersante y que haya encontrado rutas de transmisión favorables (la concentración parcelaria, las
mejoras en la red de transporte, la expansión del regadío en las vegas fluviales…). Una vez colonizada la
cuenca duriense, los alfalfares, sus lugares predilectos, actuarían como resguardos desde los que, en
determinadas condiciones favorables, se podría desatar la plaga. Las hipótesis barajadas sobre el
desencadenante de este fenómeno son:
•
Para ciertos especialistas, las plantas podrían tener cierta influencia en la fertilidad de los animales
(causa fenotípica): la superficie dedicada al regadío en el centro del valle del Duero ha aumentado
exponencialmente en los últimos 20 años, precisamente cuando más habituales se han hecho las plagas
(la alfalfa y la remolacha están entre su principales fuentes de nutrición). Sin embargo, las fluctuaciones
de la población sólo se explican como resultado de una mejora evidente de las condiciones de vida en
casos muy concretos que no son cíclicos, a lo que se une que, en condiciones normales, «los ratones en
amplias tierras..., consumen sólo un 1-2% del alimento disponible. Esto se debe a que una cantidad
considerable del material vegetal, mayor que la utilizada por esos mamíferos, la consumen los
insectos.»[42]
•
Otra hipótesis pone el énfasis en la depredación como factor de control de la especie. La falta de
enemigos aceleraría su abundancia («...la predación juega un papel esencial en los ciclos de abundancia
de los microtinos».[40] Se ha demostrado que los roedores pueden multiplicarse masivamente ante la
escasez de enemigos naturales; relacionado además, con la riqueza biológica (las plagas son mayores
cuanto más pobre es el ecosistema).
•
Los pocos predadores que existen son incapaces de detener el incremento poblacional, pero poco a poco
reaccionan, reproduciéndose velozmente y concentrándose en los focos de expansión de las presas. Al
año siguiente, los numerosos carnívoros (especialistas, generalistas u oportunistas) es suficiente para
diezmar la población de roedores. Dado que las presas son literalmente exterminadas, los predadores se
ven obligados a cambiar de dieta.[43] . Pero las alternativas no suelen ser suficientes, por lo que el
número de cazadores va descendiendo poco a poco, durante dos, tres o cuatro años, hasta regresar al
nivel de escasez que permite una nueva explosión demográfica.[44]
•
También se propone las causas serían endógenas (genotípicas), los propios topillos modificarían su
conducta social y reproductora provocando una superabundancia sistémica o su reducción
poblacional:[45] los roedores, casi más que cualquier otro mamífero, tienen una gran capacidad
reproductora, pero ésta suele estar inhibida haciendo que sus poblaciones se mantengan más o menos
estables. Sin embargo, a veces se produce una reproducción sin limitaciones. En estas condiciones se
genera una dura competencia interna por la supervivencia (ya sea por el espacio, el alimento, la
depredación...). Lo natural es que exista un importante número de individuos marginales, sobrantes,
que no son capaces de integrarse socialmente, que carecen de un territorio estable, que tienen serias
dificultades para acceder al alimento o para reproducirse. En pocas palabras, ocupan la base de la
pirámide social de la colonia. De este modo son los mecanismos intrapoblacionales los que controlan su
densidad, cambian las señales oloríficas, los sistemas de comunicación y otros mecanismos que afectan
sobre todo a los individuos de menor rango en los que aumenta el estrés. Los roedores reaccionan al
estrés aumentando sus secreciones adrenales, reduciendo su capacidad reproductora y volviéndose más
vulnerables a las enfermedades de las que ellos mismos son portadores.[46]
Evolución de las superficies cultivadas y las plagas de topillos al
sur de la provincia de Valladolid.
Fuente: Cámaras agrarias de la Comarca de Medina del Campo.
•
Es imprescindible diferenciar las causas de la expansión del topillo campesino desde
ambientes montañosos originarios hasta el valle del Duero (inexistente hasta principios de
los años 80), de esas otras causas que provocan los picos reproductivos. Está bastante claro
que las actividades humanas afectan directamente a las poblaciones de roedores, ya que
involuntariamente se mejoran sus condiciones de vida al cultivar sus alimentos predilectos
o al crear hábitats favorables para su desarrollo.[47] Así, la primera hipótesis sirve para
explicar la colonización de la Meseta Norte, pero no el boom demográfico o la existencia de
los altibajos recurrentes, por lo demás, comunes a toda la familia de arvicolinos:[48] se trata
de ciclos naturales causados por factores internos (comportamiento social), y coadyuvados
por otros externos (alimentación-depredación).
Combate de las plagas y sus efectos
•
Una condición esencial para combatir cualquier tipo de plaga es tener la mayor cantidad de información,
causas, ciclos, desarrollo. Este tipo de casos se dan continuamente, pero no puede aplicarse la misma
solución siempre. Lo primero que hay que hacer es identificar al responsable de los daños y, después,
obrar lo más rápido posible.[49] Sin embargo, en España no hay suficientes estudios actualizados en
profundidad sobre el tema y es necesario recurrir a publicaciones de hace unos años, o extrapolar las
experiencias del extranjero. Por el contrario, el material encontrado en internet, o en los medios de
comunicación, es tan abundante como sesgado e inutilizable (salvo excepciones).
•
Según declaraciones del biólogo Juan José Luque-Larena,[50] de la Escuela Técnica Superior de Ingenierías
Agrarias de la Universidad de Valladolid:
•
«Hay una falta de rigor absoluta, mucha confusión y no se investiga. Al aparecer la gripe aviar no se
cuestionó que hacía falta investigar, pero de los topillos habla cualquiera.»
Medidas preventivas
•
Una plaga en estado avanzado es imposible de erradicar, a lo sumo se puede contener su número, se
pueden eliminar algunos focos o se pueden paliar sus daños; pero para tener éxito es necesario
prevenirla, y el primer paso para ello es el censo de las poblaciones de animales dañinos. Los censos de
topillos deben realizarse en regiones concretas, aquéllas que habitualmente son las más proclives, con
métodos de trampeo homologados, tal como se ha indicado más arriba o por medio de la observación.
•
El censo puede ser la mejor orientación de la futura evolución de la población de roedores, en el caso de
Microtus arvalis, si las poblaciones censadas en enero no superan las 50 ud./ha el peligro puede
considerarse inexistente. Si esta cantidad se supera y, aún más, si el invierno es suave, hay que comenzar
a actuar para prevenir la plaga.
•
Cuando el alimento es escaso, el uso de veneno (siempre bajo control de las autoridades pertinentes) es
muy efectivo, ya que los topillos no tienen muchas opciones frente a los cebos ofrecidos. Esto es, el
veneno es mucho más efectivo en invierno.[51]
•
Otras medidas preventivas eficaces consisten en ayudar y proteger a los enemigos naturales de los
pequeños roedores (rapaces, comadrejas, zorros, cigüeñas…): la ley debe proteger las rapaces y se
pueden instalar posaderos o lugares de anidamiento y cría.
El fruto del estramonio,
planta que suele ser
ignorada por los topillos.
•
Para fincas pequeñas el empleo de plantas repelentes puede ser un buen paliativo, por ejemplo,
solanáceas como el estramonio, que resulta tóxico por la atropina y la escalopina que contiene, o la
belladona u otras plantas de la misma familia, que también tienen una gran concentración de atropina,
especialmente en la raíz. Similar función tienen la Ruda, la cebolla albarrana, la fritillaria y el ricino.
•
Las plagas son más efectivas en zonas donde predomina un sólo tipo de explotación (y más si ésta se
repite año tras año), de modo que la variación y la rotación de cultivos favorece el control de la
población de topillos. La limpieza y cuidado del campo es una medida muy adecuada también, pero
siempre respetando la diversidad ecológica. El laboreo en profundidad de barbechos, la eliminación de
malas hierbas en tierras de labor, eras, cunetas, canales, cauces de ríos secos (muy abundantes en
algunas zonas de Castilla y León) y en la base de los árboles, contribuye a dificultar la expansión de los
topillos. Permitir o favorecer el pastoreo de los rastrojos es doblemente eficaz (el ganado aplasta
muchas madrigueras y limpia el terreno). La destrucción de sus madrigueras por medios mecánicos; la
creación de zonas sin alimento, es decir, eriales o áreas cubiertas de plástico, o el empleo de repelentes
químicos, los obliga a concentrarse allá donde se estén colocados las trampas o el veneno. En definitiva,
a mayor riqueza en los biotopos, menor vulnerabilidad a las plagas: la buena gestión agropecuaria y
ambiental es la mejor arma para prevenir el desastre.[52]
•
Una vez comenzada la plaga es necesario potenciar cualquier medida que sirva para reducir sus efectos,
favoreciendo a los depredadores naturales
Trampeo
•
El trampeo del topillo campesino puede realizarse de forma muy sencilla, dado que es un animal incapaz
de saltar o trepar. El modo más extendido es colocar pequeños recipientes llenos de agua cercanos a sus
comederos, para que se ahoguen; también son muy efectivas las cajas metálicas de la asociación
francesa I.N.R.A.[53]
•
De todos modos el trampeo es prácticamente inútil en grandes extensiones, sólo sirve (aparte de para
hacer muestreos), en superficies pequeñas y bien controladas: parques, jardines, huertos, piscinas, en
general, fincas no muy extensas.
Quema de rastrojos
•
En el año 2005, siguiendo directrices de la Unión Europea y con objeto de evitar el riesgo de incendios, el
gobierno español prohibió la quema de rastrojos en todo el territorio nacional (Real Decreto ley 11/2005
de 22 de julio que regula en su artículo 13 las actividades prohibidas en materia de incendios
forestales.[54] ) A raíz de la plaga de topillos de 2007, muchas asociaciones agrarias solicitaron permiso
para recuperar esta costumbre como un medio de combatir a los roedores. A pesar de que el permiso no
se ha concedido, la Junta de Castilla y León ha decidido experimentar la quema controlada, como
medida excepcional, en algunos puntos concretos, para evaluar su efectividad en la lucha contra la
plaga. Se ha dado prioridad a áreas donde predomina el regadío o en las regiones con denominación de
origen de productos agrícolas.
•
Tras unas semanas de observación, parece claro que la combustión de la paja no produce suficiente calor
para matarlos. Se alcanzan, como máximo, 200º C, que afectan a los 10 centímetros superficiales de la
tierra, con lo que la inmensa mayoría de especimenes son capaces de refugiarse en sus madrigueras.
•
Algunas organizaciones agrarias, en concreto, ASAJA, COAG, UCCL y UPA,[55] apoyadas por el consejo del
ingeniero Fernando Franco Jubete (también de la Escuela de Ingenierías Técnicas Agrarias),[56] consideran
que la quema puntual es ineficaz y que ésta debería ser generalizada para tener algún éxito, así se
obligaría a los roedores a refugiarse en los llamados cortafuegos donde se les aplicarían medidas
químicas.
Quema de rastrojos
Aunque las zonas calcinadas ahuyentan a los topillos,
pues carecen de alimento o refugio, y quedan
teóricamente esterilizadas, la quema sigue siendo
perniciosa para otras especies y, al fin y al cabo, es un
peligro potencial que puede tener un impacto
biológico muy negativo: cualquier microorganismo
que vive en los 10 cm afectados muere, lo que anula
su capacidad de airear y fertilizar la tierra, aumentan
el azufre y el carbono, y desaparece el nitrógeno, con
lo que los abonos que equilibren el pH son más
necesarios.
La fauna de pequeño tamaño (reptiles, insectos,
liebres, aves...) se ve muy afectada, y prácticamente
desaparece de la tierra quemada. Por otra parte, los
topillos abandonan las fincas quemadas y se
trasladan, sin problema, a otras, con lo que puede
propiciarse la colonización de zonas menos afectadas.
Medidas químicas (uso de venenos)
El empleo de venenos debe ser una medida tomada con mucha cautela, pues, si no se manipulan
adecuadamente, pueden causar más daños que beneficios. Además, dadas las posibles consecuencias
para el medio natural, hay que pensárselo dos veces antes de alterarlo de esta manera tan virulenta
como es la colocación de productos tóxicos. A pesar de ser un remedio barato y, en apariencia, de fácil
aplicación, es necesario seguir unas normas de seguridad estrictas para proteger tanto a humanos como
a animales; esto implica no actuar por cuenta propia, someterse al control de las autoridades
competentes, seguir las instrucciones del etiquetado, no superar las dosis recomendadas y recibir la
formación o información adecuada por parte de técnicos en la materia, para que quienes van a
diseminarlos (por lo común, los propios agricultores) estén bien adiestrados y dispongan de las medidas
de seguridad necesarias para protegerse. La elección de la sustancia debe ser específica para el objetivo
que se desea lograr: en este caso hablamos de rodenticidas (venenos que matan a las ratas, ratones y
topillos) y, si es posible, de un espectro lo más específico posible, para que afecte sólo a la especie a
erradicar, esto es, el topillo campesino.
Estos productos fitosanitarios son mucho más eficaces antes de la eclosión primaveral, cuando el
alimento de los topillos escasea, su número es bajo y las poblaciones están agrupadas. En cambio,
utilizarlos cuando la plaga ya está completamente extendida puede tener efectos muy locales, pero no
solucionan el problema globalmente.
•
Generalmente hay dos tipos de rodenticidas, los agudos y los anticoagulantes. Los venenos agudos
actúan casi de inmediato, con una sola dosis; pero son muy peligrosos ya que, no sólo pueden intoxicar a
la persona que los manipula, sino que pueden pasar a la cadena trófica y matar a otros animales
(generalmente depredadores); por otro lado, muchas de estas sustancias son inestables y sus efectos
impredecibles. Además, el roedor muere habitualmente junto al cebo, con lo que ahuyenta a sus
congéneres al asociar el cebo con la muerte de su compañero; de este modo, el lugar donde se ha
colocado el veneno deja de ser adecuado. La toxicidad de muchos venenos agudos es tan alta que la
mayoría de ellos han sido prohibidos y su utilización puede constituir un delito. Uno de los pocos
permitidos es el Fosfuro de aluminio, pero es tan mortífero que sólo puede ser manipulado por técnicos
especializados.
•
Los venenos anticoagulantes son los más apropiados para tratas plagas como la de los topillos. En este
casi también es necesario comprobar su legalidad. De hecho su utilización debe hacerse con los
permisos pertinentes y bajo supervisión. La Junta de Castilla y León ha determinado conceder permiso e,
incluso, distribuir la Clorofacinona,[57] un derivado del difenilindano en diversas presentaciones
(esencialmente, líquido oleomiscible, pasta, cereal granulado, bloques aromatizados, etc.).[58] La
Clorofacinona está siendo evaluada por la Comisión Europea con el objeto de determinar su definitiva
aprobación o prohibición,[59] aunque por el momento es perfectamente legal y está autorizado en el
Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.[60]
•
En cualquier caso, estos biocidas necesitan que el animal los consuma varias veces y tienen un periodo
de latencia de varios días. El veneno ataca al hígado, al corazón y los pulmones, provocando síntomas
neurológicos y hemorragias internas. Los topillos suelen morir lejos del comedero, generalmente en sus
madrigueras y sin mostrar señales de dolor ni agonía; sus congéneres no son capaces de relacionar la
muerte con el lugar preparado para atraer a los roedores y éste sigue siendo frecuentado bastante
tiempo. El problema es que también pueden morir en la superficie, quedando su cadáver a disposición
de animales carnívoros.
•
Este es un asunto serio, aunque no se conocen sus consecuencias auténticas. Si se diese el caso de que
los predadores sufriesen un envenenamiento secundario, el empleo de rodenticidas se volvería
contraproducente: si la población de enemigos naturales del topillo se reduce por esta causa, las futuras
plagas pueden llegar a ser más graves.[9]
•
En España no hay estudios que puedan indicar el espectro activo de la Clorofacinona, aunque sí que hay
trabajos de campo realizados con este mismo veneno en Estados Unidos llevados a cabo por la Agencia
de Protección Ambiental de los Estados Unidos.[61] De ellos se infiere que, al ser un anticoagulante de
primera generación, el veneno en cuestión es más virulento en pequeños mamíferos que en aves o
ganado, si bien esto depende del grado de exposición. Además, la Clorofacinona pierde toxicidad en
contacto con la humedad. No obstante lo dicho, pudo establecerse que existe riesgo real con todo tipo
de animales, no sólo roedores, siendo especialmente sensibles algunas aves como las avutardas, las
alondras, las calandrias, la perdices y las anátidas. Los mamíferos, los más vulnerables se ha
comprobado que son los conejos y las liebres (con una mortandad superior al 80%[62] ) y entre el ganado,
la Clorofacinona se mostró muy perjudicial para los corderos, muchos de los cuales murieron.[63]
•
Dado que la Clorofacinona y otros anticoagulantes son venenos de amplio espectro, esto es, pueden
afectar a cualquier especie que los consuma: es, por tanto, necesario asegurarse de que sólo los topillos
tengan acceso a ellos. Para ello, puede colocarse el cebo en la boca de las madrigueras, en sendas o en
comederos, pero siempre protegidos por tubos con un diámetro reducido, para que otros animales no
puedan alcanzarlo. En Castilla y León se está usando el plástico, pero el metal sería más adecuado por
soportar mejor las tormentas, remoción de tierras, deterioro y posibles arrastres. El tratamiento debe
repetirse cada cuatro ó cinco días. Hay que señalizar las zonas tratadas, para alertar a los transeúntes de
la presencia de tóxicos peligrosos.
•
Los inconvenientes de este rodenticida es que su aplicación no garantiza la erradicación de la plaga y ni
siquiera la Junta se atreve a asegurar que no vaya afectar a animales de gran importancia ecológica.
Existen precedentes que demuestran que un mal uso puede llegar as ser catastrófico. También existen
datos de que los anticoagulantes pueden pasar a la cadena trófica, si los carnívoros consumen animales
debilitados por el veneno o que no lo hayan metabolizado por completo.
•
En marzo de 2007, cuando la plaga ya se había extendido ampliamente por Tierra de Campos (Provincia
de Palencia), las autoridades de la Junta de Castilla y León decidieron dispensar Clorofacinona en forma
de granos a lo largo de 20 000 hectáreas de terreno. Desgraciadamente el veneno no se preparó
adecuadamente afectando masivamente a palomas, lagomorfos, aláudidas, jabalíes y aves cinegéticas o
protegidas. Algunas asociaciones ecologistas, entre ellas WWF/Adena, denunciaron a la Junta por un
delito contra la salud pública.
•
Casi todas las acusaciones se dirigieron contra el Servicio Territorial de Agricultura y Ganadería de
Palencia; poco después a las quejas se sumaron Global Nature Fund, la Coordinadora para la Defensa de
la Cordillera Cantábrica y Ecologistas en Acción. La denuncia pasó a la Fiscalía de la Audiencia de
Palencia, y el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (SEPRONA) comenzó a investigar
con la ayuda del Departamento de Toxicología de la Universidad de León. Un atestado del SEPRONA
avisa de los resultados provisionales de sus pesquisas:
«Consideramos que estos animales son un riesgo para la salud pública y no deben en ningún caso ser
consumidos por la población hasta que cese el uso masivo de este rodenticida»
•
El ya citado ingeniero agrícola, Fernando Franco Jubete se opuso también a esta decisión supuestamente
tomada por las autoridades: «Nunca debió aprobarse el tratamiento con clorofacinona, una barbaridad
ecológica que no resolvió nada (...) un producto químico de amplio espectro no puede tirarse de forma
generalizada porque provoca un desastre ecológico».
•
Referente a este desgraciado asunto, el secretario general de la Unión de Pequeños Agricultores (UPA)
de Palencia, Domiciano Pastor, explica que habían mandado avisos a la Junta desde el mes de
septiembre de 2006, pero la respuesta de las autoridades tardó demasiado. Sobre el envenenamiento
accidental de otros animales añade que «No hubo tantas muertes, pero si el método no es bueno no
queremos que se use».
Uso de la bromadiolona en 2008
• Tras el estudio realizado en el Comité Científico creado en agosto del
2007 se llegó a la conclusión de que era conveniente sustituir la
clorofacinona por la bromadiolona, una materia con una eficacia 18'58
veces superior a la clorofacinona y con una toxicidad 4 veces menor a
otros principios más eficaces como el Flocoumafén, Brodifacoum y
Difetialona.
• Su presentación se materializa bajo la forma de bolsas con grano de trigo
o multicereal de 25 o 50 gramos, con semilla tratada. En el caso de
aplicación directa en huras se utiliza minibloques de 1'2 gramos con
aplicador.
• ¿ Será eficaz el uso de esta materia activa para el control del topillo
campesino?
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El topillo campesino (microtus arvalis)