“Hay dos panes.
Usted se come dos.
Yo ninguno:
Consumo promedio:
Un pan por persona”.
De acuerdo a las últimas estimaciones del Fondo Monetario
Internacional (FMI, World Economic Outlook), Chile el año 2011,
habría alcanzado un Producto Interno Bruto (PIB) per cápita
(por persona) de US$ 16.172. Para llegar a este cálculo se debe
dividir el PIB ajustado por poder de compra, lo cual permite
realizar comparaciones entre distintas naciones, por el número
de habitantes que viven en nuestro país. Algo así como
US$ 281.368 millones para 17 millones de hab. Aprox.
En una lista de 181 países, encabezada por Qatar,
Luxemburgo, Singapur y Noruega con PIB per cápita
de US$ 103 mil, 85 mil, 60 mil y 53 mil
respectivamente, Chile se ubica en el lugar 56 y en
América Latina sólo es superado levemente por
Argentina.
Según las proyecciones realizadas por el FMI, el año
2016 nuestro PIB per cápita superaría los US$ 20 mil
y de acuerdo a las convenciones internacionales
estaríamos a un paso del desarrollo.
Las recientes movilizaciones lideradas por los
estudiantes han gatillado que algunos analistas
y gran parte del sistema político establezcan una
simple relación entre los niveles alcanzados por
nuestra economía y tal descontento de la población.
Vale decir, en Chile la gente se estaría movilizando
por nuevas demandas, asociadas a un país de
ingresos medios-altos, que ya no se conforma
con cualquier cosa. La “supuesta” clase media
aspiracional indignada, se queja de llena y ahora
que tiene sus necesidades básicas satisfechas,
va por más.
Si nos quedáramos con los fríos números o descansáramos
en la tiranía de los promedios, la tesis anterior no parece
descabellada, considerando que US$ 16.172 al año por
persona, significa un poco más de $8 millones o $32 millones
para un hogar promedio compuesto por 4 integrantes. Si
hacemos el supuesto que el PIB (un indicador que mide la
riqueza acumulada en un territorio) es una aproximación de
los ingresos que reciben las personas, $32 millones al año,
significa algo así como $2,7 millones al mes, nada mal por
cierto para cualquier hogar.
Sin embargo, algo huele mal y con seguridad a
ustedes no le han convencido mucho los datos
presentados. Bueno, está en lo cierto, la tiranía de
los promedios una vez más bloquea el sentido
común. Chile históricamente presenta
grandes y lamentables niveles de desigualdad, que
incluso, de acuerdo a algunas mediciones se han
exacerbado en los últimos años.
Cuando otros países tenían el PIB per cápita que hoy tiene
Chile, sus niveles de desigualdad, medidos por el Coeficiente
de Gini era la mitad del nuestro, tal como se observaba con
Suecia y Dinamarca en 1961, Alemania en 1965, Noruega en
1967, Japón en 1969 o Portugal en 1987.
La cruda realidad, de acuerdo a los datos procesados de la
Encuesta CASEN 2009, nos dice que el ingreso promedio
anual autónomo per cápita en el decil 9, es de US$ 8.800,
vale decir, en el 90% de los hogares chilenos, las personas
viven con la mitad o menos del PIB per cápita promedio que
e l
F M I
c a l c u l a
p a r a
C h i l e .
Aún más, en el 60% de los hogares más pobres, las personas
viven con menos de US$3.500 al año, lo que equivale al PIB
per cápita de países como Nicaragua, Ghana o Irak.
¿Cómo se explica entonces, que tengamos un PIB por persona
tan alto? Nuevamente la explicación es la desigualdad. El decil
10, o lo que en español significa el 10% de los hogares más ricos,
registra un ingreso autónomo por persona al año de casi US$ 28
mil.
Si hacemos un zoom a este grupo de hogares, podremos observar
que: En el 5% de los hogares más ricos el ingreso promedio anual
por persona supera los US$ 40 mil (equivalente al PIB per cápita de
Suecia).
En el 1% de los hogares más ricos supera los US$ 64 mil (superior
al PIB per cápita de Singapur).
En el 0,1% de los hogares más ricos, o sea, 4.500 familias, el
ingreso autónomo promedio anual por persona llega a US$
112 mil (superando en un 10% el PIB per cápita más alto del
mundo observado en Qatar).
Esto quiere decir que si una persona destina el 10% de sus
ingresos autónomos mensuales a comprar pan en un hogar
chileno perteneciente al 10% más pobre, podrá comprar 1 kilo
y medio. Mientras, igual ejercicio para una persona que vive
en el 5% de los hogares más rico le permite abastecerse
con 115 kilos al mes.
O de otra forma. Si una persona que vive en un hogar del 10%
más pobre de Chile, destina el 10% de sus ingresos
mensuales a comprar bencina, podrá llegar hasta San
Bernardo, quien vive en el 5% de los hogares más ricos
podrá llegar a Arica y continuar a territorio peruano con
casi un cuarto de estanque.
Una encuesta llevada a cabo por el Centro de Estudios Laborales
de Infocap en Septiembre de 2011 y dirigida a sus estudiantes,
demostró que el 48,6% de los alumnos que tienen tarjeta de
crédito la usan para alimentarse. Y nuevamente al revisar los
datos de Casen 2009, podemos ver que en el 80% de los hogares
los ingresos mensuales no superan los $850 mil. Entonces
¿quienes son los “indignados” que salen a la calle?, ¿la elite?
ó ¿los estudiantes y su núcleo familiar que apenas llega a fin
de mes o llega si y sólo si hace uso del endeudamiento?,
¿es el 80% que enfrenta dificultades para satisfacer sus
necesidades? ó ¿el 1% que vive a la Suiza o como algunos
excéntricos millonarios de Qatar? Necesitamos aterrizar los
datos y dejar de lados los promedios en un país tan desigual
como Chile si es que queremos llegar algún día al “desarrollo”
o más bien proporcionar un “buen vivir” para todos. El diagnóstico
de los economistas y el sistema político está siendo superado
por la realidad y el malestar ciudadano
Descargar

Diapositiva 1 - Patricio Alvarez Silva