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Entre los veinte garañones traídos al Cabo Francés
por el capitán del barco que andaba de media madrina
con un criador normando, Ti Noel había elegido sin
vacilación aquel semental cuadralbo, de grupa redonda, bueno para la remonta de yeguas que parían potros cada vez más pequeños. Monsieur Lenormand de
Mezy, conocedor de la pericia del esclavo en materia
de caballos, sin reconsiderar el fallo, había pagado en
sonantes luises. Después de hacerle una cabezada con
sogas, Ti Noel se gozaba...
¿Cuál podría ser la función de
todos estos arcaísmos?
- garañones: sementales
(arcaísmo)
- de media madrina:
galicismo, también
arcaico: negocio naval
conjunto
- cuatralbo: dicho de
un animal: que tiene
blancos los cuatro
pies
- cabezada: correaje
sencillo con que se
ciñe la cabeza de la
caballería 9
I p. 9, líneas 1-10
LAS CABEZAS DE CERA
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10
Entre los veinte garañones traídos al Cabo Francés
por el capitán del barco que andaba de media madrina
con un criador normando, Ti Noel había elegido sin
vacilación aquel semental cuadralbo, de grupa redonda, bueno para la remonta de yeguas que parían potros cada vez más pequeños. Monsieur Lenormand de
Mezy, conocedor de la pericia del esclavo en materia
de caballos, sin reconsiderar el fallo, había pagado en
sonantes luises. Después de hacerle una cabezada con
sogas, Ti Noel se gozaba...
• A la manera de la representación realista tradicional, en las
dos primeras frases ya están contenidos todos los elementos
esenciales de la historia:
espacio; momento histórico (implícito, pero fácilmente
identificable); personajes.
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¿Qué tipo de FOCALIZACIÓN (PUNTO DE VISTA) se
emplea en este fragmento?
•¿es el narrador omnisciente?
•¿adopta el narrador el punto de vista de uno de los personajes?
... Después de hacerle una cabezada con
10 sogas, Ti Noel se gozaba de todo el ancho de la sólida
bestia moteada, sintiendo en sus muslos la enjabonadura de un sudor que pronto era espuma ácida sobre
la espesa pelambre percherona. Siguiendo al amo, que
jineteaba un alazán de patas más livianas, había atra15 vesado el barrio de la gente marítima, con sus almacenes olientes a salmuera, sus lonas atiesadas por la
humedad, sus galletas que habría que romper con el
puño, antes de desembocar en la Calle Mayor, tornasolada, en esa hora mañanera, por los pañuelos a cua20 dros de colores vivos de las negras domésticas que volvían del mercado. El paso de la carroza del gobernador, recargada de rocallas doradas, desprendió un amplio saludo a Monsieur Lenormand de Mezy. Luego,
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lo europeo: muerto, engañoso, falso
el colono y el esclavo amarraron sus cabalgaduras frente a la tienda del peluquero que recibía La Gaceta de
Leyde para solaz de sus parroquianos cultos.
Mientras el amo se hacía rasurar, Ti Noel pudo con5 templar a su gusto las cuatro cabezas de cera que
adornaban el estante de la entrada. Los rizos de las
pelucas enmarcaban semblantes inmóviles, antes de
abrirse, en un remanso de bucles, sobre el tapete
encarnado. Aquellas cabezas parecían tan reales –aun10 que tan muertas, por la fijeza de los ojos– como la
cabeza parlante que un charlatán de paso había traído al
Cabo, años atrás, para ayudarlo a vender un elixir
contra el dolor de muelas y el reumatismo.
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Puesta en relación cabezas de cera - cabezas de terneros:
recuerda el procedimiento surrealista de la combinación de
elementos dispares... pero hay varias diferencias:
--Naturalización
Focalización:
Por una
del mecanismo
graciosa casualidad, la tripería contigua exhibía cabezas ¿cuál
es el punto
15 de terneros, desolladas, con un tallito de perejil sobre la de
surrealista:
vista que
lengua, que tenían la misma calidad cerosa, como
es perfectamente
adopta
aquí el
adormecidas entre rabos escarlatas, patas en gelatina,
plausible
y ollas que contenían tripas guisadas a la moda de
narrador
Caen. Sólo un tabique de madera separaba ambos mos- omnisciente?
imaginar que una
20 tradores, y Ti Noel se divertía pensando
pensandoque,
que,alallado
lado
tripería se
de las cabezas descoloridas de los terneros, se servían
encuentre al lado
cabezas de blancos señores en el mantel de la misma
mesa. Así como se adornaba a las aves con sus plumas
de una
para presentarlas a los comensales de un banquete, un
25 cocinero experto y bastante ogro había vestido las testas peluquería...
con sus mejor acondicionadas pelucas. No les faltaba
más que una orla de hojas de lechuga o de rábanos
abiertos en flor de lis.
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20 ... Ti Noel se divertía pensando...
...
Por lo demás, los potes
de espuma arábiga, las botellas de agua de lavanda y las
30 cajas de polvos de arroz, vecinas de las cazuelas de
mondongo y de las bandejas de riñones, completaban,
con singulares coincidencias de frascos y recipientes,
aquel cuadro de un abominable convite.
¿Abominable
para quién?
¡No para quien se
divertía
imaginándolo...!
Nos encontramos con cambios de focalización que le permiten al
narrador omnisciente representar un mundo “real” Y “maravilloso”:
•cuando adopta la focalización de Ti Noel (o, en general, de los
personajes negros), vehicula generalmente una visión del mundo
“maravillosa”, mientras que
•cuando adopta un punto de vista ¿“neutro”? (¿“occidental”?), la
representación es más “realista”: es decir, el lector occidental puede
identificarse mejor con ese “mundo”…
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Había abundancia de cabezas aquella mañana, ya
que, al lado de la tripería, el librero había colgado de
un alambre, con grapas de lavandería, las últimas estampas recibidas de París. En cuatro de ellas, por lo
menos, ostentábase el rostro del rey de Francia, en marco de soles, espadas y laureles. Pero había otras muchas cabezas empelucadas, que eran probablemente las
de altos personajes de la Corte. Los guerreros eran
identificables por sus ademanes de partir al asalto. Los
magistrados, por su ceño de meter miedo. Los ingenios,
porque sonreían sobre dos plumas aspadas en lo alto de
versos que nada decían a Ti Noel, pues los esclavos
no entendían de letras. También había grabados en colores, de una factura más ligera, en que se veían los
fuegos artificiales dados para festejar la toma de una
ciudad, bailables con médicos armados de grandes jeringas, una partida de gallina ciega en un parque, jóvenes libertinos hundiendo la mano en el escote de una
camarista, o la inevitable astucia del amante recostado
en el césped, que descubre, arrobado, los íntimos es-
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corzos de la dama que se mece inocentemente en un
columpio. Pero Ti Noel fue atraído, en aquel momento,
por un grabado en cobre, último de la serie, que se
diferenciaba de los demás por el asunto y la ejecución.
25 Representaba algo así como un almirante o un embajador francés, recibido por un negro rodeado de abanicos de plumas y sentado sobre un trono adornado de
figuras de monos y de lagartos.
–¿Qué gente es ésta? –preguntó atrevidamente al
30 librero, que encendía una larga pipa de barro en el umbral de su tienda.
–Éste es un rey de tu país.
No hubiera sido necesaria la confirmación de lo
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que ya pensaba, porque el joven esclavo había recordado , de pronto, aquellos relatos que Mackandal salmodiaba en el molino de cañas, en horas en que el
caballo más viejo de la hacienda de Lenormand de
5 Mezy hacía girar los cilindros. Con su voz fingidamente
cansada para preparar mejor ciertos remates, el mandinga solía referir hechos que habían ocurrido en los
grandes reinos de Popo, de Arada, de los Nagós, de
los Fulas. Hablaba de vastas migraciones de pueblos,
10 de guerras seculares, de prodigiosas batallas en que
los animales habían ayudado a los hombres. Conocía la
historia de Adonhueso, del Rey de Angola,
Angola, del
del Rey
Rey Dá,
Dá,
encarnación de la Serpiente, que es eterno principio,
nunca acabar, y que se holgaba místicamente con una
15 reina que era el Arco Iris, señora del agua y de todo
parto. Pero, sobre todo, se hacía prolijo con la gesta de
Kanzán Muza, el fiero Muza, hacedor del invencible
imperio de los mandingas, cuyos caballos se adornaban
Introducción de
este personaje
mítico (aunque
también
histórico) un
histórico):
verdadero griot
africano
que, más
adelante, va a
convertirse en
un héroe
similar a los de
las historias
que relata...
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con monedas de plata y gualdrapas doradas, y relin20 chaban más arriba del fragor de los hierros, llevando
el trueno en los parches de dos tambores colgados de
la cruz. Aquellos reyes, además, cargaban con la lanza a
a lacabeza
la
cabezadedesus
sushordas,
hordas,hechos
hechosinvulnerables
invulnerablespor
porlala
ciencia de los Preparadores, y sólo caían heridos si de
25 alguna manera hubieran ofendido a las divinidades del
Rayo o las divinidades de la Forja. Reyes eran, reyes
de verdad, y no esos soberanos cubiertos de pelos ajenos, que jugaban al boliche y sólo sabían hacer de dioses en los escenarios de sus teatros de corte, luciendo
30 amaricada la pierna al compás de un rigodón. Más oían
esos soberanos blancos las sinfonías de sus violines y
las chifonías de los libelos, los chismes de sus queridas
y los cantos de sus pájaros de cuerda, que el estampido
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de cañones disparando sobre el espolón de una media
luna. Aunque sus luces fueran pocas, Ti Noel había sido
instruido en esas verdades por el profundo saber de
Mackandal. En el África, el rey era guerrero, caza-dor,
5 juez y sacerdote; su simiente preciosa engrosa es-tirpe
de héroes. En Francia, en España, en cambio, el rey
enviaba sus generales a combatir; era incompe- tente
para dirimir litigios, se hacía regañar por cual-quier
fraile confesor, y, en cuanto a riñones, no pasaba de
10 engendrar un príncipe debilucho, incapaz de acabar con
un venado sin ayuda de sus monteros, al que designaban, con inconsciente ironía, por el nombre de un
pez tan inofensivo y frívolo como era el delfín. Allá, en
cambio –en Gran Allá–, había príncipes duros como
15 el yunque, y príncipes que eran el leopardo, y príncipes
que conocían el lenguaje de los árboles, y príncipes que
mandaban sobre los cuatro puntos cardinales, dueños
de la nube, de la semilla, del bronce y del fuego.
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Ti Noel oyó la voz del amo que salía de la peluque20 ría con las mejillas demasiado empolvadas. Su cara se
parecía sorprendentemente, ahora, a las cuatro caras
de cera empeñada que se alineaban en el estante, sonriendo de modo estúpido. De paso, Monsieur Lenormand de Mezy compró una cabeza de ternero en la
25 tripería, entregándola al esclavo. Montado en el semental ya impaciente por pastar, Ti Noel palpaba aquel
cráneo blanco y frío, pensando que debía de ofrecer,
al tacto, un contorno parecido al de la calva que el amo
ocultaba debajo de su peluca. Entretanto, la calle se
30 había llenado de gente. A las negras que regresaban del
mercado, habían sucedido las señoras que salían de la
misa de diez. Más de una cuarterona, barragana de
algún funcionario enriquecido, se hacía seguir por una
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camarera de tan quebrado color como ella, que llevaba
el abanico de palma, el breviario y el quitasol de borlas doradas. En una esquina bailabaqn los títeres de
un bululú. Más adelante, un marinero ofrecía a las da5 mas un monito del Brasil, vestido a la española. En
las tabernas se descorchaban botellas de vino, refrescadas en barriles llenos de sal y de arena mojada. El
padre Cornejo, cura de Limonade, acababa de llegar
a la Parroquial Mayor, montado en su mula de color
10 burro.
Monsieur Lenormand de Mezy y su esclavo salieron
de la ciudad por el camino que seguía la orilla del mar.
Sonaron cañonazos en lo alto de la fortaleza. La Courageuse, de la armada del rey, acababa de aparecer en el
15 horizonte, de vuelta de la Isla de la Tortuga. En sus
bordas se pintaron ecos de blancos estampidos. Asaltado por recuerdos de sus tiempos de oficial pobre, el
amo comenzó a silbar una marcha de pífanos. Ti Noel,
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Ti Noel,
en contrapunteo mental, tarareó para sus adentros una
20 copla marinera, muy cantada por los toneleros del puerto, en que se echaban mierdas al rey de Inglaterra. De
lo último sí estaba seguro, aunque la letra no estuviese en créole. Por lo mismo, la sabía. Además, tan
poca cosa era para él el rey de Inglaterra como el de
25 Francia o el de España, que mandaba en la otra mitad
de la isla, y cuyas mujeres –según afirmaba Mackandal– se enrojecían las mejillas con sangre de buey y
enterraban fetos infantes en un convento cuyos sótanos estaban llenos de esqueletos rechazados por el cie30 lo verdadero, donde no se querían muertos ignorantes
de los dioses verdaderos.
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El reino de este mundo