Automàtico
8 Con sonido 
La encina y el sol
Como todas las mañanas,
el primer rayo de sol llega a la encina.
Inmediatamente, sin esperar al segundo,
se arregla, atenta al nuevo día.
De vez en cuando, las
nubes no dejan ver el sol,
y debe aguantar un
aguacero.
Entonces, los pájaros
no se cobijan con
algarabía en sus ramas.
Cada mañana, pues,
es una incógnita,
una espera
angustiosa.
Precisa tener tiempo
para renovar las
hojas, producir las
bellotas, que tanto
gustan las ardillas...
Y si en el bosque reina el
buen tiempo, todo es trinar
de pájaros que llenan sus
ramas.
Pero el más leve ruido del viento del norte le
produce una amarga tristeza: los pájaros
cesan sus trinos y risas y se afanan en buscar
un buen refugio.
Olvidan el miedo de la
encina a las tormentas,
cuando más necesita a sus
amigos.
Ellos huyen, por más que al siguiente día
vuelven juguetones a sus ramas.
Ella los recibe como si nada;
quizás sí, más envejecida,
más cansada.
La noche es también demasiado negra para la
encina.
Demasiado tiempo para pensar, su soledad...
El mal que le causa la huida de los pájaros
amigos.
¡Qué ganas de desarraigarse e irse,
pero que profundas son las raíces,
clavadas en el lugar que la ha visto nacer!
Cada noche piensa en el día en que dirá
basta, se desarraigará y atravesará los
montes por donde cada día sale el sol.
Allá, seguro,
encontrará
otras encinas,
otros pájaros...
De pronto, sin
embargo, un día
descubre una
desconocida
amistad.
Silencioso, constante,
terco, el sol continúa
acariciando sus ramas,
aunque sólo sea con la
tenue luz que atraviesa
las nubes...
La luz que la hace respirar,
sin esperar nada a cambio.
Aquello que le ha parecido tan normal.
Descubre que aquel amigo lejano es muy
cercano, es su mejor amigo.
Puede que haya nuevas
amistades detrás de los montes,
pero nunca será abandonada
por el sol de cada día
.
No hay necesidad de irse. la amistad
descubierta la une fuertemente a las demás
ya que cada mañana todo tiene otro color.
Los amigos que reciben con fuerza la luz del
sol:
las flores, los pájaros, las encinas, los
montes, el mar...
A despecho de lo que
pueda pasar, de una
cosa está segura: allá
arriba y a su lado,
acariciándola,
silencioso, sin nunca
faltar...
...un nuevo amigo
de siempre la
continuará
iluminando con el
rayo de la
esperanza que
nadie podrá
oscurrecer.
Texto: Enric Canet
Dibujos: Francesc Barrachina
Traducción del catalán: Josep Margalef
Los dibujos originales realizados con acuarela y rotulador, quedaron inacabados.
Creemos que así respetamos al autor, ya que la colección está completa.
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