“Jamás puede el hombre
saber los días que Dios
le concederá.
Jamás puede el hombre
saber, en cuál amanecer,
ya sus ojos no se abrirán.”
Hoy te pregunto:
¿Has pensado
en el momento
de tu muerte?
Cuando los tres hijos que
Dios nos dio a Hilda y
a mí estaban pequeños,
yo a menudo pensaba en
lo que sería de mi esposa
y de ellos si algo trágico
me ocurriera a mí.
En aquel entonces, a mi esposa
no le gustaba que yo hablara
de la posibilidad de mi muerte.
Supongo que aun le incomoda
hablar de ello, pero lo cierto es
que tanto ella como yo
sabíamos perfectamente lo
que nos esperaba en el más
allá – fuera quien fuera el que
partiera primero.
Y hay algo curioso,
porque aunque no
hablábamos mucho del
tema, tomamos buenas
decisiones en previsión
del posible evento.
No quiero que se preocupen.
Yo me siento bien de salud.
Mis achaques parecen estar
bajo control. Pero, ¿saben una
cosa? En 1990, cuando tuve
un encuentro cercano con la
muerte, pedí al Señor una
extensión de mi vida.
Afortunadamente Dios
no parece tener mucha
prisa en quererme allá con
él, y yo les confieso que
tampoco estoy muy ansioso
de hacer el viaje – aunque
sé que lo disfrutaré.
Sea como sea,
he decidido
mostrarme
respetuoso de
lo que Dios diga.
Pero les mentiría
si les dijera que no pienso
frecuentemente en el día,
como dice ese hermoso
himno, “Cuán Grande es
Él”, “Cuando el Señor me
llame a Su presencia”.
El día que yo muera,
no quiero que haya
llanto ni tristeza. Mi
partida debe ser un
motivo de gozo, en el
buen sentido de la
palabra.
En el panteón les pido
que lean el pasaje de
2ª a Timoteo 4:7-8,
que tengan una
oración de gratitud
y que eso sea todo.
No digan nada acerca de
mí. Quienes asistan a mi
funeral lo harán porque me
conocieron bien en vida, y
no apreciarían que se
dijeran cosas acerca de mí
que, aunque suenen muy
bonito, no fueran ciertas.
Si muero en sábado, traten
de sepultarme el mismo
día, o cuando mucho el
domingo después de las
16:00 horas. No suspendan
un culto de la iglesia por
causa de mi partida.
Como pueden ver,
yo he pensado un
poco acerca del
momento de mi
muerte.
Tú sabes que un día vas
a morir, ¿verdad?
¿Has pensado en lo que
será de ti un momento
después de morir?
“Un minuto después de que
hayas desaparecido tras la
cortina estarás en el cielo,
disfrutando de una bienvenida
personal de parte de Cristo Jesús,
o estarás viendo las imágenes
más sombrías que jamás has
imaginado. Ya sea de una forma
o de la otra, tu futuro habrá
quedado sellado por la
eternidad, sin la posibilidad de
cambio …”
Ahí, con sus recuerdos y
sentimientos intactos, imágenes
de lo que vivieron en la tierra
vendrán a atormentarles.
Recordarán a sus amigos y
familiares, podrán pensar una vez
más en las oportunidades que
desperdiciaron y se darán cuenta
finalmente que su futuro sólo es
una eterna desesperanza. Para
ellos, la muerte sobrepasará por
mucho sus peores expectativas.
Así que, mientras tu familia
está ahí, planeando tu
funeral – escogiendo el
ataúd, arreglando lo del
terreno y decidiendo
quiénes cargarán el féretro
– tú estarás más vivo de lo
que jamás habías estado.
Y una de dos…
…Estarás contemplando la
hermosura del Señor
sentado en Su trono,
rodeado de ángeles y
acompañado de todos los
redimidos, o estarás
experimentando una
indescriptible carga de
culpa y de miseria.
No hay un punto
intermedio entre estos
dos destinos extremos:
O será alegría, o será
tristeza”.
[Erwin Lutzer. “One Minute After You
Die.” (Chicago. Moody, 1997) pp. 910].
¿Qué será lo que
acontecerá contigo un
minuto después de tu
muerte?
Lucas
16:19-31
El pasaje describe lo
que aconteció a dos
personas que murieron,
y terminaron en
destinos totalmente
diferentes.
Ellos encontraron
que hay al menos
tres cosas que
suceden un
momento después
de la muerte.
La
primera
es que ...
UN MOMENTO DESPUÉS
DE LA MUERTE,
LA PROSPERIDAD
O EL SUFRIMIENTO
TERRENAL TERMINAN
PARA SIEMPRE.
A. VEA USTED LO QUE
DICE EL TEXTO BÍBLICO.
1. La vida del hombre rico.
2. La vida de Lázaro.
Ilustración
Lázaro era un mendigo,
estaba enfermo y no podía
bastarse por sí mismo.
Comía de la caridad de
quienes pasaban junto a él,
de lo contrario se la pasaba
en ayunas.
No obstante, Lázaro tenía una
bendición muy especial,
aparentemente conocía a Dios.
B. CONTRASTE Y SIMILITUD
Estos hombres casi no
tuvieron nada en común
durante el tiempo que
vivieron sobre la tierra,
excepto una cosa:
ambos murieron.
1. ¿Qué es la muerte?
La muerte no es el final de
la existencia del hombre.
En el momento de la muerte,
la parte espiritual -- que es
la esencia de la persona -abandona el cuerpo físico
y se traslada a otro nivel
de existencia.
2. Según el versículo 22 de
nuestro texto, tanto el hombre
rico como Lázaro murieron, y
la muerte cambió todo para
aquellos dos hombres.
En el caso de Lázaro, su vida
había sido pródiga en
sufrimiento y dolor pero ambos
terminaron con la muerte.
Para el hombre rico
la vida había sido
fácil y llena de
indulgencia, pero
eso también terminó
con su muerte.
a. Acerca de Lázaro, la Biblia
sólo dice, “Aconteció que
murió el mendigo…”
b. Y la Biblia sigue diciendo,
“Y murió también el rico, y
fue sepultado.”
Es posible que el hombre
rico se haya considerado a
sí mismo como un hombre
religioso, y tal vez era un
generoso contribuyente de
la sinagoga, pensando en
que eso de alguna manera
le ayudaría en el más allá.
Pero si eso fue todo
el preparativo que
hizo para el día de
su muerte, eso no le
sirvió para nada.
Igual sucede hoy en día.
Sería bueno preguntarnos
¿cuántas personas están
preparadas para el funeral
pero no están realmente
preparadas para morir?
C. LA REVELACIÓN, HECHA POR
JESUCRISTO EN SU NARRACIÓN, DEL
LUGAR EN EL QUE TERMINÓ CADA UNO
DE ESTOS HOMBRES DEBIÓ HABER
ASOMBRADO A SU AUDIENCIA,
ACABANDO DE PASO CON SUS
SUPOSICIONES DE QUE LA RIQUEZA ERA
UNA SEÑAL DE BENDICIONES DE DIOS.
Según dijo el Señor,
el hombre rico había
vivido sin Dios en este
mundo, y seguiría
alejado de Dios
en el siguiente.
UN MOMENTO
DESPUÉS DE LA
MUERTE, SE INICIÓ
LA ETERNIDAD PARA
AQUELLOS HOMBRES.
A. DIJIMOS HACE UNOS
INSTANTES QUE
“Contrario a lo que
muchos creen, la muerte
no es el final de la
existencia del hombre.”
El apóstol Santiago lo dice
claramente con las siguientes
palabras, “… el cuerpo sin
espíritu está muerto…” (2:26ª).
La persona real, su parte
alma/espíritu, ya ha partido
sea a un lugar de tormento
o a uno de comodidad,
dependiendo de la situación
espiritual del fallecido.
O para decirlo
más claramente,
dependiendo de si
el fallecido tuvo o no
una relación personal
con Cristo Jesús.
B. NO HAY UN ESTADO
O ETAPA INTERMEDIA.
No hay una pausa en la
narración de lo que
sucedió inmediatamente
después de que estos dos
hombres murieron.
De hecho, lo que el pasaje
dice es que en el momento
preciso en que estos dos
hombres murieron,
inmediatamente entraron
en el que sería, de ahí en
adelante, su estado eterno.
Dice el verso 22
“Aconteció que murió
el mendigo, y fue llevado
por los ángeles al seno
de Abraham; y murió
también el rico,
y fue sepultado.”
1. En el momento en que estos
dos hombres murieron,
aconteció algo sorprendente.
Al morir el mendigo,
inmediatamente “… fue
llevado por los ángeles al seno
de Abraham…”, que es otra
manera de decir que fue
llevado al cielo.
Esta conclusión es apoyada
por el Apóstol Pablo en 2ª
a los Corintios 5:8, en donde
escribe “… pero confiamos,
y más quisiéramos estar
ausentes del cuerpo,
y presentes en el Señor…”
Es decir, en el momento en
que la esencia de nuestro
ser, nuestra parte espiritual,
parte de este mundo,
si recibimos a Cristo como
nuestro Salvador personal,
estaremos presentes con el
Señor, donde Él esté,
ahí estaremos con Él.
2. El hombre rico también
murió, pero no hubo
ángeles que lo escoltaran al
cielo, a la presencia de Dios;
un segundo después de
morir, el hombre rico se dio
cuenta que había llegado
al infierno.
EL CURSO DE LO QUE
SERÁ LA ETERNIDAD
PARA CADA QUIEN
QUEDA DEFINIDO
PARA SIEMPRE.
(VV. 24-31)
La historia aquí
narrada nos dice que
hay dos posibles
destinos para una
persona cuando ésta
muera.
Uno de ellos es un
lugar de bienestar
y felicidad, el otro,
un lugar de
tormento.
Bástenos por ahora reconocer
el hecho de la existencia de
estos dos destinos, a lo que
debemos agregar que, al
morir, nos encontraremos en
uno de estos dos destinos, sin
posibilidad alguna de cambiar
de rumbo.
Las palabras del verso 26
así nos lo indican “Además
de todo esto, una gran sima
está puesta entre nosotros y
vosotros, de manera que los
que quisieren pasar de aquí
a vosotros, no pueden, ni de
allá pasar acá.”
Permíteme citar ahora las
líneas del coro, que dicen:
“Es por eso que el hombre
ha de buscar el sendero que
a Dios lo ha de llevar.
A Jesús, quien es el Camino
quien es el Camino, verdad
y la vida, la vida eterna.”
¿Qué va a
acontecer
contigo cuando
mueras?
Vas a morir un día, lo sabes,
sólo que no sabes cuándo ni
en qué circunstancias. Y no
hay nada que puedas hacer
al respecto. Pero sí puedes
hacer algo respecto a
decidir el sitio en el que
pasarás la eternidad.
Hoy puedes
asegurar tu lugar
en el cielo.
¿Cómo?
Recibiendo a Jesús en
tu corazón como tu
Salvador personal.
La Biblia dice que Dios
amó al mundo de tal
manera que dio a su Hijo
unigénito, “para que
todo aquel que en él
cree, no se pierda, mas
tenga vida eterna.”
Si tú quieres
disfrutar de la
seguridad de la
salvación aquí en
la tierra,
Si tú quieres
disfrutar de una
relación viva y eficaz
con Dios mientras
estás aquí en la
tierra,
Si tú quieres la seguridad
de que al morir tendrás
un lugar en el cielo en el
que disfrutarás la
compañía de Dios y de
Su pueblo por la
eternidad,
TÚ NECESITAS
DECIDIRTE AHORA.
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