VIDA Y
OBRA DE
CARMEN
SALLES
Soy Carmen Sallés Barangueras.
Les contaré cómo en mi vida hubo
habido un “hilo conductor”
Nací un 9 de abril de 1848 en Vic (Barcelona)
Y a los pocos años mis padres se trasladan a
Manresa. Dos lugares muy importantes…
Fui la segunda de 10 hermanos
Me transformé en educadora de ellos.
Ya empezaba a apuntar mi vocación de
educadora
La presencia de María, fue marcando mi vida
desde niña. He aquí algunas huellas.
Y por supuesto Jesús. Fue el gran amor de mi vida.
El día de la primera comunión así se lo dije
La educación humana y cristiana de los hijos era
una de las prioridades para mi familia, aunque
querían que mis hermanos fueran sacerdotes…
Comenzaba la revolución industrial. En una época en
que la asistencia a la escuela era más bien escasa,
mi familia destacaba por su nivel cultural …
Mis padres me llevaron al Colegio
de la Compañía de María.
La unidad piedad-letras o virtud-ciencia era algo esencial
Las religiosas de la Compañía de María ponían un esmerado cuidado
en la preparación de los sacramentos y además se preocupaban de que
las oraciones y ejercicios de piedad reflejaran el tiempo propio del año
litúrgico.
Las monjas nos hablaban de cómo María fue
presentada a Dios por su padres… y esa fecha
del 21 de Noviembre: la Niña María se quedó
grabada para siempre en mi corazón.
Aprendí oraciones que se quedaron grabadas
en mi mente y tradiciones que marcaron mi
infancia...
También nos explicaban el catecismo, que en la Diócesis de Vic,
tenía que ser el del P. Claret, nacido allí. El método empleado por él
era hacer conocer las verdades de la fe a través de estampas. Yo
misma utilizaba también este método con mis hermanos.
Así fui pasando mi infancia y adolescencia y mis padres
y hermanos intuyeron pronto en mí que “Alguien”
habitaba en mi corazón, porque me veían pasar largos
ratos a los pies del Crucifijo
En esos años pertenecía a la Asociación de Hijas de
María … donde fui viviendo también la experiencia
de educar, siendo la animadora de aquellos grupos
de jóvenes
Tenía “ansias de Dios” y un día llamé por mi
cuenta a las puertas de un convento de clausura: la
Capuchinas. Sentía deseos de vivir sólo para Dios.
En mayo de 1869, cuando la vida religiosa española
sufría las consecuencias de una fuerte revolución, comencé
una nueva etapa en mi vida entrando en el noviciado de
las Adoratrices junto a Barcelona.
Casa de Manresa. Les daré algunos datos de este
tiempo, que marcaron después mi itinerario
vocacional …
Admiré siempre en la M. Micaela la confianza
que tenía en la posibilidad de reeducación de la
persona, devolviendo a las jóvenes caídas su
verdadera personalidad.
El contacto con Cristo en la Eucaristía tenía un
papel muy importante en la formación, así como
la reeducación de la mujer.
Y fue en el noviciado adoratriz donde intuí con
más fuerza y luz el valor de la educación, al
comprender que, como en la Inmaculada, es
mejor prevenir (educar) que curar (reeducar).
Tras 20 meses, abandoné el noviciado de las Adoratrices, aunque
estaba convencida de que Dios me seguía llamando a su servicio en
la vida religiosa, y a los siete meses, después de consultarlo con mis
confesores, ingresé en las Terciarias Dominicas de la Anunciata
El P. Francisco Coll comenzó en 1856 una obra en la que su
objetivo primero era abrir un camino de vida religiosa
constituyendo comunidades de religiosas dedicadas a la
enseñanza de las niñas con una finalidad apostólica, y en los
ambientes más necesitados.
Las religiosas tenían que enseñar la doctrina, educar las
virtudes, inculcar y hacer germinar la piedad….
Enseguida asimilé el espíritu del nuevo Instituto, pues
estaba ávida por aprender…
La Superiora General, al descubrir que era una joven
culta e instruida, me envió, poco tiempo después de vestir
el hábito de Sto. Domingo, a dirigir un Colegio en un lugar
bastante conflictivo, debido a la situación política.
Fui adquiriendo a la vez una única experiencia
de la vida religiosa y de la educación de las
niñas.
Fui destinada a Barcelona, donde comencé la clase
de adultas nocturnas y trabajé con todo tesón.
Llegué a tener más de 300 obreras. Muchas de estas
jóvenes abrazaron la vida religiosa
Fiel a las máximas que del mismo P. Coll
aprendí a dar el mismo cuidado a la oración
que al estudio.
Al ser nombrada Priora en 1883, me relacionaba
menos con las niñas. En lo que podía, continuaba
ocupándome de la formación de las alumnas,
inspeccionaba las clases y preparaba personalmente
a las niñas para la recepción de los sacramentos.
Como maestra buscaba la formación
integral de las alumnas, compaginando
el amor con la disciplina
Percibía que poco a poco, la mujer se estaba
introduciendo en el mundo del trabajo y de la
cultura, por lo que consideraba necesario
ampliar las enseñanzas en el Colegio
Enseñaba y educaba logrando contagiar a
las niñas el amor de Dios…
Permanecí Terciaria Dominica durante
casi veintidós años.
Se sucedieron una
cadena de sucesos muy
desagradables que
acabaron con mi salida
de Dominica...
Yo no quería fundar una nueva Congregación, sino
una rama de la Orden Dominicana, pero… ”Dios
escribe derecho con renglones torcidos”.
Quería ¡eso sí! Ser religiosa.
Me vi forzada a iniciar un camino nuevo
y acompañada de tres compañeras inicié
una Congregación nueva en la Iglesia
El 7 de Diciembre nos llega el Decreto de
aprobación diocesana, como
Concepcionistas de Santo Domingo.
“Nuestro humilde Instituto ha recibido
el beneplácito y las alabanzas del
representante de Jesucristo en la tierra,
nuestras Constituciones han sido
recomendadas y alabadas como útiles
y provechosas, por consiguiente, ha
venido a ser nuestra Congregación como
tierra de bendición, como jardín donde
el Señor quiere vivir alegrándonos con
sus gracias y favores”
Carta de M. Carmen 15 de octubre de 1908
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Album de Carmen Salles - Concepcionistas Misioneras de …