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Pues sí, “ya llegué a los
80” y me encuentro muy
feliz. Dios me ha hecho
ese obsequio y quiero
agradecérselo haciendo
un recuento de todo, lo
que con sus mimos, me ha
regalado.
Para ello seguiré la cronología de mi historia
utilizando fotos que he
encontrado en álbumes
familiares y entre algunos papeles que guardo.
Quiero que palpen un
poco lo que dice en el
Evangelio: “Que el que ha
dejado algo por Él, recibirá el céntuplo”.
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Dios me regaló
unos padres
amorosos y
cristianos…
Miguel Ángel Enciso y Edita Seiglie,
recién casados.
EN EL CIELO DE
EL 7 DE DICIEMBRE DE 1929
Mi primera infancia la pasé en mi pueblo
natal Sagua la Grande, rodeado del cariño de toda la familia, educado con esmero
por mis padres y mi tía Luisa María,
quien sembró en mí los principios cristianos y la semilla de la vocación.
Mi tía Luisa era también una excelente
maestra y poseía un kindergarden al cual
yo asistí durante dos años.
Mis hermanos mayores asistían al colegio
Sagrado Corazón de los padres jesuitas.
Al cumplir los siete años mi familia se
mudó a la ciudad capital de La Habana
y buscó allí una casa cerca del colegio de
Belén, regido por los padres jesuitas,
pero no la hallaron.
1934
Papá
Miguel
Mario
Luisa
Manuel
Tía Luisa
Mamá
Agustín
Carmen
Rosa
Mi abuelo, Manuel Seiglie, de ascendencia
austríaca, era un hombre muy recto y
exigente a quien yo quería mucho y le
ayudaba a cuidar las flores del jardín.
En el año 1937 llegamos a la Habana y, como mis padres
no hallaron casa cerca del Colegio de Belén, alquilaron una a
tres cuadras del Colegio “De La Salle” del Vedado. Ese
año me inscribieron en el 1er. grado de la Primaria, cuyo
maestro era un Hno. joven llamado como yo Agustín, con
quien me encariñé tanto que quería ser como él. También
ese año hice mi Primera Comunión en la hermosa capilla del
Colegio.
Permanecí 6 años en el Colegio junto
con mis otros 3 hermanos varones.
El Colegio tenía muchos alumnos y
cada grado estaba dividido en 4 salones de clase. Eran 42 los Hnos. en
el Colegio y sólo 3 profesores seglares. En esa época mi familia se mudó
a una casa, que construyó mi abuelo,
en una zona residencial cerca del río
Almendares.
A lo largo de mi estancia en el Colegio, mi idea de consagrarme a Dios
siendo Hno. De La Salle fue creciendo
y participé en el grupo de la Cruzada
Eucarística y en la Congregación del
Niño Jesús.
Fue a los 12 años que solicité a mis
padres el permiso para ser Hermano.
Foto del 30 de junio de 1942 día en que me entregué a Dios al entrar en el
Noviciado Menor de los Hermanos en la finca de Lourdes, Guatao, La Habana, Cuba.
El Hno. Alfredo Víctor fue mi director y el Hno. Fernando quien me reclutó.
Aníbal Morales, hoy Hno. Alfredo fue mi Ángel Custodio o primer guía.
Esta foto de 1943 se sacó antes de la partida de mis hermanos Miguel y Mario,
quienes se alistaron como pilotos de las Reales Fuerzas Aéreas de Canadá
durante la Segunda Guerra Mundial, porque no se sabía si volverían con vida.
Los tres años que pasé en el Noviciado
Menor fueron muy felices e inolvidables
para mí. Recibí en ellos una formación tipo
Scout de responsabilidad, orden, limpieza,
puntualidad, obediencia, compañerismo,
agregando la iniciación a una vida consagrada completamente a Dios y al prójimo.
Durante este período, igualmente que en el
Noviciado, tuve formadores excelentes, que
dejaron sus huellas en mí y a los cuales
recuerdo con gran cariño.
Doy infinitas gracias a Dios por haberme
escogido y por seguir teniendo conmigo
tantos detalles de predilección.
El 30 de junio de 1945 pasé al Noviciado
Mayor y el 6 de octubre de ese mismo año
recibí el santo hábito o sotana de Hermano
con el nombre de Agustín Roberto, tenía
sólo 15 años.
Vive ahora en Inglaterra.
Esta fue mi 1ª sobrina, Nora, hija de mi hermano mayor, Miguel. Yo era
entonces escolástico o estudiante para maestro. Nos tenemos gran cariño.
El “Viernes Santo”, 4 de abril de
1950, recibí la triste noticia de la
muerte de mi papá, causada por
un infarto fulminante. Yo era
aún escolástico y pude asistir
a su entierro en el panteón de
mi familia en el cementerio
de la Habana. Fue un
golpe muy fuerte que
dejó hondas huellas en
toda mi familia. En
ese mismo año me
enviaron a la comunidad del Vedado.
Guardo un especial agradecimiento a todos aquellos que han
aportado con generosidad un pedazo de su alma y su corazón
contribuyendo a hacer de mí lo que soy ahora y lo que seguiré
siendo con la ayuda de Dios.
Conservo los afectos de mis Hermanos, familiares y amigos en
el reducto interno que para cada uno he ido formando a través
de los años y lo cuido como un espacio que a perpetuidad y
por derecho a cada uno corresponde.
Foto del año 1950 en el colegio De La Salle del Vedado, donde yo había sido alumno y ese
año profesor de tercer grado de Primaria. El director del Colegio, Hno. Albán José, me
había preparado para la 1ª Comunión en 1937 y apadrinado cuando tomé el Hábito (1945)
Uso como energía pura la confianza que tuvieron y tienen en mí
quienes
me han
ayudado a formarme durante
todos esos
años;
HNO. ANDRÉS
HNO. AGUSTÍN
HNO. ADOLFO
HNO. EMILIO
AGUSTÍN
ROBERTO
JULIÁN mis años
QUIRÓS
esas
personas que
estuvieron conmigo durante
niños,
mis años jóvenes y mis años adultos, y que, en conjunto me han
preparado, espero, para vivir bien ahora mis años de vejez.
Foto del 3 de septiembre de 1954, luego de haber emitido los Votos Perpetuos,
presididos por el Hno. Albán José, entonces Visitador del Distrito.
Santa María del Rosario, complejo de casas de formación, en cuya capilla
hice mis Votos Perpetuos y en 1957 fui profesor del escolasticado.
Época muy difícil en la que era profesor en el
Colegio De La Salle mañana y tarde y al mismo
tiempo seguía estudios universitarios en la
facultad de Físico Matemáticas. Fue entonces
cuando la calvicie comenzó su cruel tarea…
En 1959, después que Fidel Castro tomara el poder en Cuba, fui encargado
de fundar una escuela gratuita para hijos de campesinos en el poblado de
San Vicente, cerca de Santiago de Cuba. Allí pasé dos de mis años más felices.
A mediados de 1961 el gobierno
revolucionario de Cuba nacionalizó
todas las escuelas privadas y como
consecuencia de esta medida tuve
que cerrar la querida escuela de San
Vicente.
A los pocos días, el 25 de mayo, los
Hnos. tuvimos que salir de Cuba y
los superiores me destinaron al colegio Febres Cordero en la ciudad de
Guadalajara, México, desempeñando también el cargo de Subdirector
del Aspirantado Menor.
Dos años después fui llamado a reintegrarme al Distrito Antillas en
la ciudad de Santiago de los Caballeros, como Director del Aspirantado.
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