Amaos
los unos a los otros
como
Yo os he amado
El que quiera ser el primero
que sea el último
y el servidor de todos.
Ilumíname, Señor, con tu Espíritu.
Transfórmame, Señor, con tu Espíritu.
Ilumíname, Señor, con tu Espíritu.
Ilumíname y transfórmame, Señor.
Y DÉJAME SENTIR EL FUEGO DE TU AMOR,
AQUÍ EN MI CORAZÓN, SEÑOR. (2)
Madre Inmaculada
custodia nuestra vida
entre tus brazos:
bendice y refuerza
todo deseo de bien,
reaviva y alimente
nuestra fe,
sostén e ilumina
nuestra esperanza,
suscita y anima
la caridad,
guíanos a todos
por el camino de la santidad.
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida y dulzura y esperanza nuestra:
Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos
y, después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María!
Ruega por nosotros santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas
de nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
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