CUARESMA
Una de las
características de
la sociedad postmoderna es “el
culto al cuerpo”
Para ello se
recomienda
hacer ejercicio
todos los días. Es
necesario
mantenerse en
forma: “se evitan
los infartos”.
Algunos consejos
médicos son:
•
Caminar cinco kilómetros
todos los días.
•
Ir al gimnasio dos veces por
semana.
•
Evitar los dulces.
•
Llevar una dieta sana, dieta
mediterránea.
• Y, como
complemento
alimenticio,
dos vitaminas
antes de
acostarse.
De esa manera no se
acumularán grasas y
se podrá tener un
“Cuerpo 10”
•
Todo este ritual podemos
decir que es toda una “ascesis”.
La Cuaresma, en la vida de la Iglesia,
no puede quedarse en unas prácticas
piadosas más, sino que tiene que ser
“ascesis”:
Recorrer ese camino no es fácil.
El creyente necesita un buen
“entrenamiento”
para no desfallecer a lo largo del
camino y poder llegar a la meta:
“El Misterio de la
muerte y resurrección
de Cristo que restaura
el hombre, la historia y
el universo”.
Así como el
ejercicio físico
ayuda a purificar
el cuerpo de
toxinas y
mantenerse en
forma,
del mismo modo, la Cuaresma es un
tiempo en que el cristiano emprende
un camino de purificación de su fe
para participar en el Misterio de
Cristo:
“Para poder pasar, junto a Él, de la
muerte -el pecado, el odio, el egoísmo,
el desaliento, el engaño- a la vida una sociedad más justa, más
fraterna-
Ese entrenamiento, el creyente no
puede hacerlo solo; necesita de un
entrenador capacitado que le vaya
marcando el ritmo a seguir.
La Iglesia, continuadora de la obra
de Dios, nos marca algunos ejercicios
ascéticos para ir llevándolos a cabo:
•
La conversión: que consiste
en dar un giro a nuestra vida.
El eje sobre el
que tiene que
girar nuestra
vida es el Dios
de Jesús, que
nos conmueve y
nos hace virar
nuestro rumbo.
En esta cuaresma hay invitaciones
imperiosas para cambiar de
dirección:
•
De nuestro narcisismo agotador,
Dios nos llama a escuchar los
gemidos de un mundo sufriente para
que nos volvamos y nos detengamos
a auxiliar, a compartir.
•
Hacia el silencio: sobran
palabras, mensajes, correos
electrónicos, voces. Dios nos
llama al desierto para
encontrarse con nosotros cara
a cara.
•
Del consumo, no para ahorrar,
sino para generar misericordia.
No para gastar con prudencia,
sino para compartir, para dar,
para vaciarnos con generosidad.
•
Recristianizar el corazón.
Esto sólo se consigue teniendo
en la vida experiencia de
Dios.
• Pasar de una
“pastoral de
mantenimiento” a
una pastoral en
clave de “nueva
evangelización”,
porque los hombres y mujeres de
nuestro tiempo necesitan, como
siempre, saber en Quién cimentar
la esperanza.
Dos vitaminas
necesarias para
oxigenar el alma
durante el camino
hacia la Pascua:
La reflexión de la Palabra de Dios
para preguntar a Jesús: ¿Dónde y
cómo quieres que preparemos
esta Pascua?
La Oración: es necesario sentarse
con tranquilidad frente al Señor y
esperar su respuesta.
Si hemos recorrido el camino
cuaresmal experimentaremos un
encuentro
con Jesucristo, vivo y presente
en medio de nosotros.
En el encuentro
con el Resucitado,
el creyente
experimenta que
todo tiene sentido
y sentido muy
pleno.
Celebrar la pascua
no significa ser
espectadores de este
evento inaudito, oír
su narración, sino
vivirlo juntamente
con el protagonista,
para perder el miedo y salir, como
discípulos, a anunciar la Buena
Nueva del Evangelio,
prolongando
y haciendo
resonar la
Misión de
Cristo entre
los hombres
y mujeres,
llevando
a donde todo habla
de desesperanza,
poniendo signos
de vida, allí
donde todo habla
de muerte,
poniendo alegría donde hay tristeza y
dolor.
LA PASCUA ES NUESTRA.
VIVÁMOSLA.
Agustinos Recoletos, Delicias, Chih.
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Cuaresma 2007 - Agustinos Recoletos