EL PERDON DESDE EL
PENSAMIENTO
EVOLUTIVO
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¿Qué es el Perdón?
Según la psicología, el perdón es la
liberación de una atadura emocional
a nuestro pasado, de una rabia
mantenida atormentadora, que
necesitamos eliminar de nuestras
vidas.
Dice el Mahabarata:“La conservación
de la especie humana se debe a que
el hombre sabe perdonar". Nuestra
historia descansa en un constante
ejercicio de comprender y transmutar
ofensas.
El Perdón puede calificarse como una decisión
y como un acto íntimo profundo, accionar la
desconexión emocional del daño implica subir a
un estado más puro, donde
suspendemos el
juicio actuando en función de nuestro amor
trabajado, que experimentamos cultivando
experiencias desde donde podemos “ mirar” en
paz lo ocurrido, sin peso ni carga ya.
Conviene recordar que el juicio ata
y el perdón libera.
Sin embargo en muchas ocasiones la
mente racional prefiere tener razón
a tener paz.
Para perdonar conviene huir del
perfeccionismo,
y comprender que los errores son
auténticas oportunidades de
crecimiento y no justificaciones de
la desaprobación.
Todos poseemos un cúmulo de
resentimientos hacia nuestros padres,
familias, infancia etc. El perdón nos
sirve de misterioso mecanismo con el que
cortamos el cordón umbilical y quedamos
libres para una transformación. Al
perdonar a los otros, liberamos gran
cantidad de energía renovadora. Aquí
empezamos a generar la naturaleza de la
compasión.
Tu eres como un lago profundo.
Las situaciones externas de nuestra
vida son la superficie del lago. A
veces está en calma, otras veces
agitada, sin embargo, en lo profundo,
el lago siempre permanece inalterado.
Tú eres todo, no solo la superficie,
estás en contacto con tu propia
profundidad, absolutamente quieta. No
te resistas a cambiar, no te aferres a
ninguna situación, tu paz interna no
depende de lo superficial, sino del
interior donde habita tu Ser…
Esto es una esencia
difícil de explicar, pero
te acompaña
constantemente en todo lo
que haces, creando
espacios, inmutables,
intemporales porque nunca
desaparece.
a
Podemos considerar este
salto al Ser como “Amor ,
un acto de perdón
perfecto"
Es también necesario, que
permitamos en nuestro
interior, que todos ellos
salten al Ser, al
”perdonarles”... a
nuestros hijos, hermanos,
a veces por parecerse a
nosotros mismos.
Es muy cierto, que el
único perdón que aglutina
e integra todos los
pequeños perdones es el
perdón a uno mismo, que en
esencia es aprender a
amarse y aceptarse pase lo
que pase.
Perdonarse a uno mismo es
un fabuloso nacimiento en
donde muere la vergüenza,
la culpa y la autocrítica.
El Dr.Chopra
afirma en este
sentido que: "No
hay pensamiento
torcido sin
molécula
torcida". Sucede
entonces que las
quejas en la
vida, en general,
resultan
absolutamente
tóxicas para
nuestra salud.
La culpa, el enfado, son una especie de virus
en el programa pensante. En estos casos, el
poder curativo del amor, el perdón y la
alegría, pueden ser nuestra más potente
medicina.
Me gusta esta frase del Curso de Milagros:
¿”Qué prefieres tener razón o ser feliz”?.
Este es el otro lado de la compasión, del
perdón. Desde ese fondo que habita en nuestro
interior, reconoceremos nuestra propia
capacidad de superación, y, también la de las
demás criaturas.
En cuanto a las formas, compartimos la
precariedad y la mortalidad de la existencia.
En cuanto al Ser, compartimos la vida
radiante, eterna; estos son los dos aspectos
de la compasión, del perdón que libera
permanentemente.
a
“ Solo los que han trascendido el
mundo, sus formas huecas, que se
han liberado de la culpa y de la
necesidad del perdón porque son
compasivos, son los que pueden
crear un mundo mejor.”
Centrarnos sobretodo en
las causas, hacer de la
enseñanza, la luz, nuestro
principal propósito, y de
la paz, nuestro regalo más
precioso al mundo. Estoy
segura de que lo vamos
logrando, de que esta
claridad nos afectará cada
vez más, reconozco mi
ignorancia, pero, ¡bueno!
Me pone contenta saber que
estamos en el camino, y
que hacemos el trecho
juntos.
Cuento sobre El Perdón
El Cofre.
EL COFRE. Hace muchos, muchos
años, en una rica comarca más
allá de los mares del Norte,
hallábase un rico y sabio
comerciante de nombre Abdul, que
vivía enamorado de Sara, una
bella y joven muchacha, 22 años
más joven que él con la que
vivía y compartía una casa plena
de paz y prosperidad.
Como quiera que por causa de sus
transacciones tenía que desplazarse a
lejanos países durante largos períodos
de tiempo, había encomendado a su fiel
criado Malik la protección y el
cuidado de su joven esposa, mientras
durase su ausencia.
Un día, recién llegado de un viaje por
los mares de sur y sintiendo su
corazón pleno por encontrarse con su
amada esposa, vio como se aproximaba
su fiel criado Malik que corriendo a
su encuentro le dijo algo turbado:
"Vuestra esposa señor, está
actuando sospechosamente, en
sus aposentos tiene un enorme
cofre que perteneció a su
abuela, suficientemente grande
como para esconder a un
hombre. Tal vez en él solo
habrá unos bordados antiguos.
Sin embargo creo que ahora
debe haber mucho más en él...
Ella no permite, que yo
vuestro más antiguo y fiel
criado, mire qué hay realmente
en su interior"
Abdul, visiblemente
inquieto se dirigió a
los aposentos de Sara
y señalando el enorme
cofre le dijo:
"Sara: ¿qué guardas en
su interior?"
A lo que ella
respondió:
"¿Me lo preguntas por
las sospechas que
puede haberte
transmitido tu criado
o porque no confías
realmente en mi?"
A lo que Abdul respondió:
"¿No sería más fácil que
abrieras el cofre, sin pensar
en suposiciones?"
"No creo que sea posible",
argumentó Sara.
"¿Está cerrado?" Preguntó
Abdul.
"Sí" Dijo ella.
"¿Y donde está la llave?"
Preguntó él.
Ella la mostró y le dijo:
"Despide a Malik y te la
entregaré".
Tras una deliberación, el sirviente fue
despedido por Abdul. La joven mujer
entregó la llave y se retiró obviamente
perturbada y triste a sus aposentos.
Abdul antes de ordenar abrir el
cofre y, sabiendo del poder de
sus propias creencias internas,
tuvo una intuición profunda
sobre sus apegos y
desconfianzas por lo que se
retiró a meditar y reflexionar
durante tres días y tres
noches, hasta que finalmente
llamó a cuatro de sus
jardineros, ordenó transportar
el cofre a un lugar distante y,
sin abrirlo, mandó enterrarlo.
El asunto desapareció pidiendo
perdón a su esposa.
Desde entonces se decía que él era un
hombre sabio:
Decide lo que quiere que suceda en el
interior de tu corazón
sembrando y cultivando rosas ó bien
arbustos de espinos.
La atadura del resentimiento y la
desconfianza pueden apretar mas que el
amor.
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