13Y
los egipcios hicieron servir a los hijos de
Israel con dureza, 14y amargaron su vida con
dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y
en toda labor del campo y en todo su servicio,
al cual los obligaban con rigor.
1¡Ay
de los que descienden a Egipto por ayuda, y
confían en caballos; y su esperanza ponen en
carros, porque son muchos, y en jinetes, porque
son valientes; y no miran al Santo de Israel, ni
buscan a Jehová! 2Pero él también es sabio, y
traerá el mal, y no retirará sus palabras. Se
levantará, pues, contra la casa de los malignos, y
contra el auxilio de los que hacen iniquidad. 3Y los
egipcios hombres son, y no Dios; y sus caballos
carne, y no espíritu; de manera que al extender
Jehová su mano, caerá el ayudador y caerá el
ayudado, y todos ellos desfallecerán a una.
1¡Ay
de los hijos que se apartan, dice Jehová,
para tomar consejo, y no de mí; para cobijarse
con cubierta, y no de mi espíritu, añadiendo
pecado a pecado! 2Que se apartan para
descender a Egipto, y no han preguntado de
mi boca; para fortalecerse con la fuerza de
Faraón, y poner su esperanza en la sombra de
Egipto. 3Pero la fuerza de Faraón se os
cambiará en vergüenza, y el amparo en la
sombra de Egipto en confusión.
7Después
hubo una gran batalla en el cielo:
Miguel y sus ángeles luchaban contra el
dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles;
8pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar
para ellos en el cielo. 9Y fue lanzado fuera el
gran dragón, la serpiente antigua, que se
llama diablo y Satanás, el cual engaña al
mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus
ángeles fueron arrojados con él.
17Volvieron
los setenta con gozo, diciendo:
Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu
nombre. 18Y les dijo: Yo veía a Satanás caer
del cielo como un rayo. 19He aquí os doy
potestad de hollar serpientes y escorpiones, y
sobre toda fuerza del enemigo, y nada os
dañará. 20Pero no os regocijéis de que los
espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que
vuestros nombres están escritos en los cielos.
Pueblo de Dios
18Sabemos
que todo aquel que ha nacido de
Dios, no practica el pecado, pues Aquel que
fue engendrado por Dios le guarda, y el
maligno no le toca. 19Sabemos que somos de
Dios, y el mundo entero está bajo el maligno.
20Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido,
y nos ha dado entendimiento para conocer al
que es verdadero; y estamos en el verdadero,
en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero
Dios, y la vida eterna.
13Porque
éstos son falsos apóstoles, obreros
fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles
de Cristo. 14Y no es maravilla, porque el mismo
Satanás se disfraza como ángel de luz. 15Así
que, no es extraño si también sus ministros se
disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin
será conforme a sus obras.
Ex 1:14 14y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y
ladrillo, y en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban
con rigor.
66y
tendrás tu vida como algo que pende delante
de ti, y estarás temeroso de noche y de día, y no
tendrás seguridad de tu vida. 67Por la mañana
dirás: ¡Quién diera que fuese la tarde! y a la tarde
dirás: ¡Quién diera que fuese la mañana! por el
miedo de tu corazón con que estarás
amedrentado, y por lo que verán tus ojos. 68Y
Jehová te hará volver a Egipto en naves, por el
camino del cual te ha dicho: Nunca más volverás;
y allí seréis vendidos a vuestros enemigos por
esclavos y por esclavas, y no habrá quien os
compre.
Ex 1:14 14y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y
ladrillo, y en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban
con rigor.
10Y
cuando Faraón se hubo acercado, los hijos
de Israel alzaron sus ojos, y he aquí que los
egipcios venían tras ellos; por lo que los hijos
de Israel temieron en gran manera, y clamaron
a Jehová. 11Y dijeron a Moisés: ¿No había
sepulcros en Egipto, que nos has sacado para
que muramos en el desierto? ¿Por qué has
hecho así con nosotros, que nos has sacado
de Egipto?
12¿No
es esto lo que te hablamos en Egipto,
diciendo: Déjanos servir a los egipcios?
Porque mejor nos fuera servir a los egipcios,
que morir nosotros en el desierto. 13Y Moisés
dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved
la salvación que Jehová hará hoy con
vosotros; porque los egipcios que hoy habéis
visto, nunca más para siempre los veréis.
Ex 1:14 14y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y
ladrillo, y en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban
con rigor.
2Y
toda la congregación de los hijos de Israel
murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto; 3y
les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos
muerto por mano de Jehová en la tierra de
Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de
carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos;
pues nos habéis sacado a este desierto para
matar de hambre a toda esta multitud.4Y Jehová
dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del
cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente
la porción de un día, para que yo lo pruebe si
anda en mi ley, o no
4Y
la gente extranjera que se mezcló con ellos
tuvo un vivo deseo, y los hijos de Israel
también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos
diera a comer carne! 5Nos acordamos del
pescado que comíamos en Egipto de balde,
de los pepinos, los melones, los puerros, las
cebollas y los ajos; 6y ahora nuestra alma se
seca; pues nada sino este maná ven nuestros
ojos.
Ex 1:14 14y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y
ladrillo, y en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban
con rigor.
24Marcos,
Aristarco, Demas y Lucas, mis
colaboradores.
9Procura
venir pronto a verme, 10porque Demas
me ha desamparado, amando este mundo, y se
ha ido a Tesalónica. Crescente fue a Galacia, y
Tito a Dalmacia. 11Sólo Lucas está conmigo. Toma
a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para
el ministerio.
15No
améis al mundo, ni las cosas que están
en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor
del Padre no está en él. 16Porque todo lo que
hay en el mundo, los deseos de la carne, los
deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida,
no proviene del Padre, sino del mundo. 17Y el
mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace
la voluntad de Dios permanece para siempre.
1Vinieron
todos los oficiales de la gente de
guerra, y Johanán hijo de Carea, Jezanías hijo
de Osaías, y todo el pueblo desde el menor
hasta el mayor, 2y dijeron al profeta Jeremías:
Acepta ahora nuestro ruego delante de ti, y
ruega por nosotros a Jehová tu Dios por todo
este resto (pues de muchos hemos quedado
unos pocos, como nos ven tus ojos), 3para que
Jehová tu Dios nos enseñe el camino por
donde vayamos, y lo que hemos de hacer.
9y
les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel, al
cual me enviasteis para presentar vuestros ruegos
en su presencia: 10Si os quedareis quietos en esta
tierra, os edificaré, y no os destruiré; os plantaré, y
no os arrancaré; porque estoy arrepentido del mal
que os he hecho. 11No temáis de la presencia del
rey de Babilonia, del cual tenéis temor; no temáis
de su presencia, ha dicho Jehová, porque con
vosotros estoy yo para salvaros y libraros de su
mano; 12y tendré de vosotros misericordia, y él
tendrá misericordia de vosotros y os hará regresar
a vuestra tierra.
13Mas
si dijereis: No moraremos en esta tierra, no
obedeciendo así a la voz de Jehová vuestro Dios,
14diciendo: No, sino que entraremos en la tierra de
Egipto, en la cual no veremos guerra, ni oiremos
sonido de trompeta, ni padeceremos hambre, y allá
moraremos; 15ahora por eso, oíd la palabra de
Jehová, remanente de Judá: Así ha dicho Jehová de
los ejércitos, Dios de Israel: Si vosotros volviereis
vuestros rostros para entrar en Egipto, y entrareis
para morar allá,
16sucederá
que la espada que teméis, os alcanzará
allí en la tierra de Egipto, y el hambre de que tenéis
temor, allá en Egipto os perseguirá; y allí moriréis.
17Todos los hombres que volvieren sus rostros para
entrar en Egipto para morar allí, morirán a espada,
de hambre y de pestilencia; no habrá de ellos quien
quede vivo, ni quien escape delante del mal que
traeré yo sobre ellos.
1Aconteció
que cuando Jeremías acabó de hablar a
todo el pueblo todas las palabras de Jehová Dios de
ellos, todas estas palabras por las cuales Jehová Dios
de ellos le había enviado a ellos mismos, 2dijo Azarías
hijo de Osaías y Johanán hijo de Carea, y todos los
varones soberbios dijeron a Jeremías: Mentira dices;
no te ha enviado Jehová nuestro Dios para decir: No
vayáis a Egipto para morar allí, 3sino que Baruc hijo
de Nerías te incita contra nosotros, para entregarnos
en manos de los caldeos, para matarnos y hacernos
transportar a Babilonia. 4No obedeció, pues, Johanán
hijo de Carea y todos los oficiales de la gente de
guerra y todo el pueblo, a la voz de Jehová para
quedarse en tierra de Judá
8Y
vino palabra de Jehová a Jeremías en Tafnes,
diciendo: 9Toma con tu mano piedras grandes, y
cúbrelas de barro en el enladrillado que está a la
puerta de la casa de Faraón en Tafnes, a vista de los
hombres de Judá; 10y diles: Así ha dicho Jehová de
los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo enviaré y
tomaré a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo,
y pondré su trono sobre estas piedras que he
escondido, y extenderá su pabellón sobre ellas.
11Y
vendrá y asolará la tierra de Egipto; los
que a muerte, a muerte, y los que a cautiverio,
a cautiverio, y los que a espada, a espada. 12Y
pondrá fuego a los templos de los dioses de
Egipto y los quemará, y a ellos los llevará
cautivos; y limpiará la tierra de Egipto, como el
pastor limpia su capa, y saldrá de allá en paz.
6Volved
a aquel contra quien se rebelaron
profundamente los hijos de Israel. 7Porque en aquel
día arrojará el hombre sus ídolos de plata y sus
ídolos de oro, que para vosotros han hecho vuestras
manos pecadoras. 8Entonces caerá Asiria por espada
no de varón, y la consumirá espada no de hombre; y
huirá de la presencia de la espada, y sus jóvenes
serán tributarios. 9Y de miedo pasará su fortaleza, y
sus príncipes, con pavor, dejarán sus banderas, dice
Jehová, cuyo fuego está en Sion, y su horno en
Jerusalén.
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