Estando Jesús orando, cuando terminó,
le dijo uno de sus discípulos:
“Señor, enséñanos a orar,
como enseñó Juan a sus discípulos”.
Él les dijo:
“Cuando oréis, decid:
Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino,
danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos
nuestros pecados porque también nosotros perdonamos
a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en la tentación”.
(Lc. 11,1-13)
Los amigos nos distinguen por algunas palabras o gestos
que nos caracterizan.
Los discípulos de Jesús pertenecían a un pueblo
habituado a la oración. También ellos sabían orar
pero le pidieron a Jesús que les revelara “ su” oración.
En ella estaban seguros de encontrar el
pensamiento y la espiritualidad de su Maestro.
Jesús les enseñó una oración que con razón hemos
llamado siempre “la oración dominical”,
es decir, “ la oración del Señor”.
El Padrenuestro nos revela:
• cómo es el Dios de Jesús.
• cómo es la confianza de Jesús,
• cuáles son las características
del Reino de Dios,
• qué significa ser humanos,
necesitados y dependientes
de Dios.
Es además una oración-compromiso.
Es la oración de la fraternidad y de la comunidad.
Confesamos a Dios como Padre universal.
Y esa confesión nos compromete a considerar a todos
los demás como hermanos.
No amar al hermano es un pecado teológico,
porque negamos el verdadero ser de Dios:
no le dejamos a Dios ser Dios y ser Padre.
No se puede decir venga a nosotros tu Reino
y quedarse pasivamente con las manos cruzadas.
Hay que comprometerse a hacer lo posible
para que llegue el Reino de Dios.
No se puede decir:
“danos tu perdón” y guardárnoslo
para nosotros, sin pasar ese perdón
a los demás.
Pedimos el perdón y nos comprometemos
a perdonar.
No se puede decir con honradez
“danos hoy nuestro pan de cada día”
si no procuramos que nuestros hermanos dispongan
de los bienes necesarios para vivir con dignidad
de hijos de Dios.
“Pedid y se os dará”.
Un aviso para el hombre autosuficiente que se
atribuye a sí mismo el logro de las metas.
“Buscad y hallaréis”.
El ser humano es peregrino y buscador.
Él nos libra de la desesperanza de quien considera
absurda la vida.
“llamad y se os abrirá”.
Una promesa que da sentido a una existencia creyente.
Él nos abrirá la puerta de su intimidad y su gloria.
Señor Jesús, tú has sido
ungido y guiado por el
Espíritu de Dios.
Con la confianza que
aprendimos de ti, pedimos
al Padre celestial
que nos haga partícipes
de tu mismo Espíritu.
Que él nos haga testigos de
su vida. Amén.
Texto: José Román Flecha Andrés
PALABRA DEL SEÑOR –Salamanca Presentación: Antonia Castro Panero
Música: I Swear
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