Ciclo B
Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo
«Tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio»
Intenciones del Papa Francisco para el mes de junio de 2015
Intención General: Inmigrantes y refugiados.
Para que los inmigrantes y los refugiados encuentren acogida y respeto en los países a donde llegan.
Intención Misional: Vocaciones.
Para que el encuentro personal con Jesús suscite en muchos jóvenes el deseo de ofrecerle la propia vida
en el sacerdocio o en la vida consagrada.
Primera Lectura - Éxodo 24,3-8
3 Moisés fue a comunicar al pueblo
todas las palabras y prescripciones del Señor,
y el pueblo respondió a una sola voz:
«Estamos decididos a poner en práctica todas las
palabras que ha dicho el Señor».
4 Moisés consignó por escrito las palabras del Señor,
y a la mañana siguiente, bien temprano,
levantó un altar al pie de la montaña
y erigió doce piedras en representación
a las doce tribus de Israel.
5 Después designó a un grupo de jóvenes israelitas,
y ellos ofrecieron holocaustos e inmolaron
terneros al Señor, en sacrificio de comunión.
6 Moisés tomó la mitad de la sangre,
la puso en unos recipientes,
y derramó la otra mitad sobre el altar.
7 Luego tomó el documento de la alianza
y lo leyó delante del pueblo, el cual exclamó:
«Estamos resueltos a poner en práctica
y a obedecer todo lo que el Señor ha dicho».
8 Entonces Moisés tomó la sangre
y roció con ella al pueblo, diciendo:
«Esta es la sangre de la alianza
que ahora el Señor hace con ustedes,
según lo establecido en estas cláusulas».
Palabra de Dios
Te alabamos Señor
«Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros»
Dios ratifica la Alianza al pueblo peregrino con el rito de sangre, expresión de su voluntad salvadora
y de su oferta gratuita comprometiéndose como soberano a proteger y defender a su pueblo
y la respuesta de este pueblo que acepta libremente su oferta.
La alianza busca una comunicación personal y dirigida por una elección y una respuesta libre,
fiel y coherente en la realización de sus cláusulas.
El centro de la alianza es el reconocimiento de la soberanía de Dios, de su gratuidad,
de su amor por su pueblo y la contrapartida que el pueblo debe realizar:
aceptar la oferta, agradecerla y poner manos a la obra.
Dios da su palabra y la cumple; por su parte el hombre ha de hacer lo propio.
Y el sello de ese profundo compromiso se visualiza en la sangre. En la sangre está la vida.
Son vidas lo que se comprometen en la alianza y, en consecuencia, una comunión vital y no pasajera.
Los mandamientos son la respuesta concreta a este compromiso.
Salmo 116 (115)
12-13.15-16.17-18
12 ¿Con qué pagaré al Señor
todo el bien que me hizo?
13 Alzaré la copa de la salvación
e invocaré el nombre del Señor.
14 Cumpliré mis votos al Señor,
en presencia de todo su pueblo.
15 ¡Qué penosa es para el Señor
la muerte de sus amigos!
16 Yo, Señor, soy tu servidor,
tu servidor, lo mismo que mi madre:
por eso rompiste mis cadenas.
17 Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
e invocaré el nombre del Señor.
18 Cumpliré mis votos al Señor,
en presencia de todo su pueblo.
«Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste»
Recapitulando sobre su situación angustiosa pasada, el salmista declara que nunca perdió su confianza
en medio de su mayor postración física y moral. Reflexionando en el lecho del dolor,
había llegado a la conclusión de que es vano buscar consuelos y ayudas humanas,
pues todos los hombres son engañosos, y que sólo Dios merece la esperanza confiada del afligido.
El salmista se declara siervo de su Dios, pero no adventicio o comprado, sino nacido en su casa, como hijo
de su esclava. Dios ha reconocido su vinculación familiar, pues le ha liberado de la muerte
rompiendo sus cadenas, las enfermedades, instrumento de la muerte y del seol.
Agradecido a su liberación, promete el salmista cumplir los votos pronunciados durante su situación
angustiosa y ofrecer un sacrificio de acción de gracias. Es el sacrificio de alabanza que ofrecerá
públicamente delante de todo su pueblo en el templo de Jerusalén.
Segunda Lectura - Hebreos 9,11-15
11 Cristo, ha venido como Sumo Sacerdote
de los bienes futuros.
El, a través de una Morada más excelente y perfecta
que la antigua –no construida por manos humanas,
es decir, no de este mundo creado–
12 entró de una vez por todas en el Santuario,
no por la sangre de chivos y terneros,
sino por su propia sangre, obteniéndonos así
una redención eterna.
13 Porque si la sangre de chivos y toros
y la ceniza de ternera, con que se rocía
a los que están contaminados por el pecado,
los santifica, obteniéndoles la pureza externa,
14 ¡cuánto más la sangre de Cristo,
que por otra del Espíritu eterno se ofreció
sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia
de las obras que llevan a la muerte,
para permitirnos tributar culto al Dios viviente!
15 Por eso, Cristo es mediador de una Nueva Alianza
entre Dios y los hombres, a fin de que,
habiendo muerto para redención de los pecados
cometidos en la primera Alianza, los que son llamados
reciban la herencia eterna que ha sido prometida.
Palabra de Dios
Te alabamos Señor
«Cristo, ofreciéndose a sí mismo, es Mediador de una nueva Alianza»
La Carta a los hebreos es un aliento a los perseguidos a causa de su fe en Cristo. Como telón de fondo,
la fiesta judía de la Expiación en laque el Sumo Sacerdote entra, con la sangre de los sacrificios,
en el Santísimo del templo donde se encuentra el arca de la alianza. Lv 16,1-34; N m 29,7-11.
Cristo ha venido como Sumo Sacerdote de los bienes definitivos.
Su templo es más grande y más perfecto: no hecho por manos de hombre.
El templo del que hablaba Jesús era su propio cuerpo (J n 2,19-22).
Los judíos entienden el templo como el lugar de encuentro del pueblo con su Dios
y donde se consume el sacrificio de comunión durante el cual los participantes tienen conciencia
de que Dios se hace presente para entrar en comunión con ellos.
Jesús Resucitado (Viviente) es el nuevo templo (el verdadero templo) en el que se hará plena
la comunión y el encuentro de Dios con los hombres. Y es un encuentro personal, real y vivo.
En el sacramento del Pan encontramos al Jesús Viviente que proporciona la más plena comunión personal.
Ha entrado en el santuario con su propia sangre una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna.
El Acontecimiento pascual de Jesús se realizó de una vez para siempre.
Jesús, en la cruz, derriba todos los muros de separación creando un hombre nuevo.
La sangre de Cristo, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios y nos podrá purificar
y llevarnos al culto de Dios vivo.
Por eso él es Mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido
de los pecados cometidos durante la primera alianza;
y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna.
Lectura del Santo Evangelio
Marcos 14,12-16.22-26
12 El primer día de la fiesta de los panes Ácimos,
cuando se inmolaba la víctima pascual,
los discípulos dijeron a Jesús:
«¿Dónde quieres que vayamos
a prepararte la comida pascual?».
13 El envió a dos de sus discípulos, diciéndoles:
«Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre
que lleva un cántaro de agua.
Síganlo,14 y díganle al dueño de la casa donde entre:
El Maestro dice: «¿Dónde está mi sala,
en la que voy a comer el cordero pascual
con mis discípulos?».
15 El les mostrará en el piso alto una pieza grande,
arreglada con almohadones y ya dispuesta;
prepárennos allí lo necesario».
16 Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad,
encontraron todo como Jesús les había dicho
y prepararon la Pascua.
22 Mientras comían, Jesús tomo el pan,
pronunció la bendición, lo partió
y lo dio a sus discípulos, diciendo:
«Tomen, esto es mi Cuerpo».
23 Después tomó una copa,
dio gracias y se la entregó,
y todos bebieron de ella. 24 Y les dijo:
«Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza,
que se derrama por muchos.
25 Les aseguro que no beberé más
del fruto de la vid hasta el día en que beba
el vino nuevo en el Reino de Dios».
26 Después del canto de los Salmos,
salieron hacia el monte de los Olivos.
Palabra de Dios
Gloria a Ti, Señor Jesús
«Tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio»
En el marco de la Pascua celebra Jesús la Cena y la transforma al hacerla "memorial"
(sacramento actualizante) de la obra central de su vida: Muerte y Resurrección-Exaltación.
Sabemos que la Pascua celebra la liberación de un pueblo en su totalidad. El banquete pascual establecía
una misteriosa comunión de todo el pueblo entre sí y de todo el pueblo con su Dios que le liberó de Egipto.
Este marco pascual nos invita a profundizar en este sentido especial de la Eucaristía.
En el Pan, está todo Jesús donándose en comunión de vida para todos.
La participación en su Pan y en su Vino (Sangre) crea entre los participantes una seguridad
indestructible en su comunión como nuevo pueblo de Dios.
Ningún creyente (adecuadamente dispuesto) queda excluido de esta participación.
La participación en la misma Sangre nos hermana a todos, nos iguala y debería romper
todo tipo de barreras económicas, sociales o culturales. Ya Jesús, en su vida terrena, había invitado
a todo tipo de gentes: pecadores, personas marginadas y personas de bien como eran sus amigos.
Jesús quiere que celebremos la Eucaristía anunciando su Muerte y proclamando su Resurrección
hasta que vuelva. Celebrar la memoria de Jesús no es un recuerdo neutro, sino una presencia
que urge a caminar evangelizando con un testimonio de esperanza firme, de comunión auténtica,
de solidaridad gozosa y generosa.
Gracias Señor por tu Palabra purificadora,
que ilumina, alimenta, enriquece, alegra, consuela y compromete.
Concédenos vivir conforme a ella.
Altar de Dios: el centro de la vida
con el Señor en medio de su pueblo,
mesa del pan que a todos nos convida
a reunirnos en un mundo nuevo.
Altar de Dios: la fuente de aguas vivas
para saciar la sed del universo:
"Que todos sean uno" en Jesucristo,
la oración del Señor, su testamento.
Pueblo de Dios, escucha su palabra,
que está el Señor presente entre los hombres;
pueblo de Dios, camino de la patria,
convoca a la unidad a las naciones.
Venid a la asamblea, de Dios es la llamada,
que nadie quede fuera, de todos es la casa.
Miembros de Cristo fieles, y de su amor testigos,
pueblo de Dios, de paz sediento y peregrino.
Pueblo de Dios, escucha su palabra,
que está el Señor presente entre los hombres;
pueblo de Dios, camino de la patria,
convoca a la unidad a las naciones.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Amén.
Oración: P. Javier Leoz
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